Las ferias internacionales del libro en América Latina: ¿paraísos y jardines del saber para muchos o para pocos?

Ofrecemos acá un breve recorrido por las ferias internacionales del libro en América Latina. Algunas son más conocidas por los bellos espacios expositivos a cielo abierto o por sus descomunales superficies bajo techo, otras por las multitudes que convocan o por los grandes negocios que allí tienen lugar. Todas alcanzan un estado emocional festivo donde las multitudes circulan afanosamente en busca de títulos. En todas se promociona el libro y la lectura y contribuyen, sin duda, a la formación integral del ser humano, pero existen diferencias conceptuales o filosóficas entre ellas. En unas predomina el criterio mercantilista -empresarial, mientras que otras apuestan por la socialización o democratización de los saberes y la literatura. De allí la interrogante: ¿Son paraísos y jardines cerrados para muchos o abiertos para todos? ¿Se produce algún tipo de exclusión social en ellas?

Toda feria del libro, por más modesta que sea, tenga pretensiones locales, nacionales o internacionales encierra un especial significado para quienes la visitan, sean estos lectores o no, pero también para quienes la organizan, para las autoras y autores, ilustradores e ilustradoras y para todos lo que intervienen en la producción de los libros allí exhibidos; una comunidad de personas nada minúscula y multidisciplinaria: editores, impresores, traductores, correctores, diseñadores, diagramadores, redactores, investigadores, agentes literarios, distribuidores, así como los llamados scouts y los foreign rights managers; pero también obreros, técnicos, administrativos, vendedores, libreros, promotores de lectura, todos artífices de ese bien cultural que es el libro, aun cuando sus nombres no aparezcan en las páginas de crédito.

Por otro lado, toda feria del libro, en cualquiera de las escalas que ya mencionamos, constituye una plataforma que muestra la naturaleza humana, cultural y espiritual de los pueblos que la llevan a cabo, es una vitrina de su idiosincrasia y patrimonio inmaterial, de sus saberes y deseos de saber, de sus esperanzas y deseos de esperanzar a otros.

Pero cuando se trata de una convocatoria internacional, sin importar que su formato sea modesto o de grandes proporciones, la feria adquiere connotaciones festivas y se convierte en el evento cultural más importante del país que la organiza, o al menos así debería ser. Tampoco es relevante que el evento tenga lugar dentro de un recinto ferial o si se toman los espacios de un hermoso parque, una plaza o un edificio público. Sea cual sea el contexto, las ferias siempre nos asombrarán por la heterogeneidad de sus visitantes y por sus nutridas programaciones culturales, de entretenimiento y las que son propias del mercado editorial, como rondas de negocios, compra y venta de derechos de autor y de traducción, bautizos de libros, conferencias, talleres, foros y firmas de autógrafos por parte de autores reconocidos; añadiríamos también que toda feria del libro tiene un capítulo extramuros y extrahorario, donde se construyen y consolidan relaciones motivadas por la empatía en los objetivos o por el interés material.

Dicho esto, podemos catalogar las ferias internacionales en dos tipos: privadas, porque están organizadas por las cámaras o federaciones empresariales del libro; y públicas o populares, organizadas por los estados nacionales o gobiernos (aunque también es cierto que se dan asociaciones estratégicas entre los gobiernos y el sector privado). La mayoría de las privadas, sobre todo las de grandes proporciones, suelen desarrollarse en espacios cerrados, mientras que las públicas, por lo general, tienen lugar en espacios abiertos. Las primeras, al menos las más grandes, tienen un costo de entrada para el público y los alquileres de los espacios y equipos suelen tener un precio bastante oneroso, mientras que en las segundas el acceso es gratuito o casi gratuito, y el costo de los espacios y equipos están por debajo de los estándares internacionales.

En las ferias internacionales los caminos a veces se nos confunden y el recorrido se convierte en un maravilloso dédalo de estrechos y atiborrados pasillos del que no deseamos salir, sino más bien adentrarnos cada vez más, persiguiendo el olor del papel y la tinta; y si se trata de una feria multitudinaria y popular, nos dejamos llevar por la algarabía y el murmullo ensordecedor de la gente entusiasmada llevando bolsas cargadas de letras. En ese dédalo ferial podemos tropezarnos con una familia en “plan dominguero” cuyos niños miran, con asombro de feriante primerizo, el multicolor de las tapas de los libros exhibidos, como si se tratase de un museo de palabras. Esto sucede al tiempo que un bibliotecario, maletín en mano, va tomando de cada quiosco o stand aquellos títulos con los cuales podrá actualizar el acervo de la colección bibliotecaria que representa. Se pasean también lectores empedernidos, arqueólogos de antiguos impresos, intelectuales y buscadores de joyas y tesoros bibliográficos.

En todo caso, las ferias, sobre todo las internacionales, son eventos culturales para el encuentro y el intercambio en todas sus dimensiones y estamos convencidos de que, desde una perspectiva sociocultural, superan en importancia a cualquier otra actividad ligada al arte o al espectáculo. No hay festival de cine, de teatro o musical que se compare con una feria del libro, en cuanto a espacio donde tiene lugar un profuso, heterogéneo y multidimensional tráfico de saberes, ideas, pensamientos, expectativas, simbologías, creatividad, imaginación e intercambio de valores materiales y espirituales. Aunque no siempre tenga cabida el disenso y exista cierta intolerancia más o menos disimulada hacia quienes piensen diferente a la tendencia ideológica del convocante.

No queremos desestimar algunas prácticas y concepciones, pero cuando prevalece el criterio mercantilista por encima del valor cultural del libro, el sentido ferial cobra otro significado, la feria se avoca a la oferta y la demanda entre los productores y prestadores de servicios editoriales y los lectores-compradores. Sentimos que por momentos estamos dentro de un mercado de las artes o un centro comercial de las letras cuya puerta se achica y no permite entrar a muchos, pero no tanto por el costo de la entrada, aunque en algunos casos resulta inalcanzable para el bolsillo de ciertos sectores sociales, sino por ese ambiente de negociantes, de hipersuperficie de ventas que parece no pensar en los más humildes. Esto sucede sobre todo en aquellas ferias organizadas por las cámaras privadas del libro y que, por lo general, se dan en recintos cerrados, como es el caso de Bogotá, Guadalajara y Bolivia, por nombrar solo algunas.

La Feria Internacional del Libro de Bogotá y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara se mantienen muy concurridas durante toda la jornada de exposición. En ambas se ven agrupaciones colegiales recorriendo el lugar. Apenas ingresamos a esos recintos, de inmediato se percibe la febril dinámica entre el libro, el público y los distintos actores de ese complejo y maravilloso mundo editorial; el ambiente entusiasma. Imposible negar que esas ferias cumplen con su propósito, pero lo hacen en un ambiente predominantemente mercantil. Si se presta atención y ponemos en funcionamiento el ojo crítico, nos damos cuenta de que la exclusión se manifiesta en mayor o menor medida. Hay quienes deberían estar, quienes desean estar y quienes merecen estar, pero no pueden o no se sienten convocados.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con 34.000 m2, está organizada por la Universidad de Guadalajara y recibe a casi setecientas mil personas entre noviembre y diciembre. A pesar de tener un área expositiva menor a la de Bogotá, esta feria se ha posicionado en América Latina y el mundo como el referente más importante de la industria editorial en castellano en materia de derechos de autor y licencias. Por su parte, la de Bogotá, que se desarrolla en mayo, tiene una gigantesca superficie de 51.000 m2 y sin embargo es visitada por un poco más de 400 mil personas. De similares dimensiones y características son la Feria Bienal Internacional del Libro de Río de Janeiro y la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. La primera, con 55.000 m2 y 670.000 visitantes, mientras que la segunda es visitada por 1.200.000 personas y tiene un área de exhibición de 45.000 m2.

En el caso de Bolivia, se deben pagar 10 bolivianos para ingresar al Campo Ferial de La Paz, de 7.500 m2. No es mucho, menos de 2 dólares, pero esta feria quizás sea el ejemplo más evidente de lo que afirmamos arriba, dado que la población de origen aymara o quechua frecuenta muy poco o nada el recinto que queda en una de las zonas más exclusivas de La Paz. La visitan un poco más de 70 mil personas. Pensar en este tema nos hace recordar el poema barroco de Pedro Soto de Rojas, titulado Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos, por medio del cual nos advierte que la fórmula poética barroca no está al alcance de cualquier persona, sino reservada solo para los doctos, quienes pueden construir y decodificar sus metáforas y las distintas figuras retóricas propias del culteranismo y del gongorismo.

Muy distintas son las ferias del libro de La Habana, Santo Domingo y Venezuela, por ejemplo, que se desarrollan (o desarrollaban, antes de la pandemia), en hermosos e históricos espacios públicos y abren sus puertas a todas y todos. La Feria Internacional del Libro de Cuba (febrero) posee un área de exposición de 2.170 m2 y es visitada por más de trescientas mil personas que recorren el sitio patrimonial de La Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, ubicada en la colina del Parque Histórico Militar Morro-Cabaña. El costo de la entrada es prácticamente simbólico, 3 CUP o pesos cubanos (0.12 dólares) y se pueden adquirir libros a precios por debajo de un dólar.

Indudablemente, la pandemia lo ha cambiado todo y también ha impactado en las ferias del libro. Muchas de ellas han tenido que suspender, cambiar su calendario o mudar de locación. Algunas se han visto obligadas a recurrir a un formato virtual y otras a la semipresencialidad, es decir, una parte virtual y otra presencial, aunque en menor escala, menos masiva. En República Dominicana, la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo (tradicionalmente era entre abril y mayo) tiene repercusiones continentales, más de un millón seiscientas mil personas (1.600.000) visitaban, de manera totalmente gratuita, la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte, con sus 88.000 m2 de espacio expositivo. No obstante, por los motivos que describimos arriba, la edición de 2020 fue bajo la modalidad virtual, mientras que en el 2021 se apostó por una modalidad híbrida que tuvo como escenario la Parada de la Cultura Ramón Oviedo, próxima al Parque Nacional Los Tres Ojos.

El caso de Venezuela es muy particular. La Feria del Libro de Caracas se celebraba desde 1992 y era organizada por el sector privado en alianza con el Estado. En el 2005, de manera disruptiva, se fomentó una nueva visión sobre lo que debería ser la producción, promoción y circulación del libro en el marco de la Revolución Bolivariana de Venezuela. De modo que se masificaron las cuotas de producción, se crearon nuevas editoriales estatales (El Perro y la Rana) y se reorientaron las ya existentes (Monte Ávila Editores y Biblioteca Ayacucho). Esto estuvo acompañado de cuatro pilares importantes que aceleraron los procesos de inclusión de autores y lectores: la Red de Librerías del Sur, que creció exponencialmente y abarcó todos los estados del país; una moderna Imprenta de la Cultura; la Distribuidora Nacional del Libro y la Feria Internacional del Libro de Venezuela (FILVEN) con presencia en todo el territorio nacional. Es lo que se conocía como la Plataforma del Libro y la Lectura.

La FILVEN, de carácter gratuito y masivo, con una oferta de libros a precios prácticamente simbólicos y que en muchos momentos llegó a obsequiar algunos títulos al pueblo, tuvo como escenario hermosos parques. En el parque Francisco de Miranda y el parque Los Caobos, ambos con paisajismos increíbles, se dieron las primeras exhibiciones; de allí, pasó a ocupar los pasillos del emblemático Teatro Teresa Carreño y después fue acogida en la histórica Plaza Bolívar; finalmente, en estos tiempos de pandemia, asumió la modalidad virtual, aunque siempre con un modesto escenario presencial. En algún momento de su historia temprana llegó a superar los 700 mil visitantes. La tercera edición (2007) abarcó un área aproximada de 40.000 m2 y aunque estas dimensiones variaron con el tiempo, adaptándose a los espacios y posibilidades presupuestarias, en muy poco tiempo la FILVEN se posicionó como una de las ferias más importantes de la Región.

Estas tres ferias (Cuba, República Dominicana y Venezuela) se han descentralizado por completo y cuentan con capítulos regionales, lo cual constituye otro rasgo más que debemos destacar de estas ferias populares en relación con las ofertas del sector privado. Aunque todas las ferias que hemos descrito aquí, así como las que aparecen en la lista que mostramos más abajo, contribuyen a la educación y creación de ciudadanía, a la promoción del libro y la formación de nuevos lectores, es evidente que no todas lo hacen de la misma manera, ni con las mismas intenciones ni en las mismas proporciones. No deseamos afirmar que estos ejemplos sean buenos o malos, que sus características sean mejores o peores que otras ofertas feriales, que sus criterios sean correctos o incorrectos, justos o injustos, simplemente es una realidad y cada quien, si tiene la posibilidad de asistir a ellas, podrá sacar sus propias conclusiones. Algo sí es seguro y es que disfrutarán de ellas porque todas son maravillosas dentro de su estilo, solo que algunas son paraísos o jardines donde no entran muchos o entran pocos.

FERIAS INTERNACIONALES DEL LIBRO DE AMÉRICA LATINA

Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Argentina. Fecha: abril-mayo. Recinto cerrado. Área expositiva: 45 000 m2. Iniciativa privada. Entrada paga. Visitantes: 1 200 000.

Feria del Libro de la Paz. Bolivia. Fecha: agosto. Recinto cerrado. Área expositiva: 7 500 m2. Iniciativa privada. Entrada paga. Visitantes: 76 276.

Feria Bienal Internacional del Libro de Río de Janeiro. Brasil. Fecha: agosto-septiembre. Recinto cerrado. Área expositiva: 55 000 m2. Iniciativa privada. Entrada paga. Visitantes: 670 000.

Feria Internacional del Libro de Santiago. Chile. Fecha: octubre-noviembre. Recinto cerrado. Área expositiva: 20 000 m2. Iniciativa privada. Entrada paga. Visitantes: 260 000.

Feria Internacional del Libro de Bogotá. Colombia. Fecha: mayo. Recinto cerrado. Área expositiva: 51 000 m2. Iniciativa privada. Entrada paga. Visitantes: 415 000.

Feria Internacional del Libro de Costa Rica. Costa Rica. Fecha: agosto-septiembre. Recinto cerrado. Área expositiva: 14 000 m2. Iniciativa privada. Entrada paga. Visitantes: 28 000.

Feria Internacional del Libro de La Habana. Cuba. Fecha: febrero. Recinto cerrado. Área expositiva: 2 170 m2. Iniciativa privada. Entrada paga. Visitantes: 296 692.

Feria Internacional del Libro de Quito. Ecuador. Fecha: noviembre. Recinto cerrado. Área expositiva: 6 459 m2. Iniciativa pública. Entrada gratuita. Visitantes: 85 000.

Feria Internacional del Libro de Guatemala. Guatemala. Fecha: agosto-septiembre. Recinto cerrado. Iniciativa privada. Entrada gratuita. Visitantes: 41 000.

Feria Internacional del Libro de Guadalajara. México. Fecha: noviembre-diciembre. Recinto cerrado. Área expositiva: 34 000 m2. Iniciativa privada. Entrada paga. Visitantes: 659 898.

Feria Internacional del Libro de Panamá. Panamá. Fecha: agosto. Recinto cerrado. Área expositiva: 3 000 m2. Iniciativa privada. Entrada gratuita. Visitantes: 70 000.

LibroFeria Asunción. Paraguay. Fecha: junio-julio. Recinto cerrado. Área expositiva: 6 000 m2. Iniciativa privada. Entrada gratuita. Visitantes: 40 000.

Feria Internacional del Libro de Lima. Perú. Fecha: julio-agosto. Recinto abierto. Área expositiva: 12 000 m2. Iniciativa privada. Visitantes: 240 000.

Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. República Dominicana. Fecha: abril-mayo. Recinto abierto. Área expositiva: 88 000 m2. Iniciativa pública. Entrada gratuita. Visitantes: 1 612 348.

Feria Internacional del Libro de Uruguay. Uruguay. Fecha: septiembre-octubre. Recinto cerrado. Iniciativa privada. Entrada gratuita. Visitantes: 100 000.

Feria Internacional del Libro de Venezuela. Venezuela. Fecha: marzo. Recinto abierto. Área expositiva: 7 500 m2. Iniciativa pública. Entrada gratuita. Visitantes: 235 249.

Feria Internacional del Libro en Centroamérica. El Salvador. Fecha: agosto - septiembre. Recinto cerrado. Iniciativa privada. Entrada gratuita. Visitantes: 41 000.

DATOS TOMADOS DE LAS FERIAS DEL LIBRO, MANUAL PARA EXPOSITORES Y VISITANTES PROFESIONALES. CERLALC-UNESCO. BOGOTÁ, 2012. ESTE MANUAL NO ESTÁ ACTUALIZADO, Y AUNQUE LA MAYORÍA DE LAS FERIAS SUELEN MANTENER SU FECHA Y LUGAR DE EXPOSICIÓN, ES MUY PROBABLE QUE POR MOTIVOS DE LA PANDEMIA HAYAN CAMBIADO ESTAS CARACTERÍSTICAS Y ALGUNAS CIFRAS.

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