publicado el: 8 abril 2022 - 17:04
Un Vistazo a la Situación de la Mujer en Arabia Saudi

Segundopaso - La desigualdad de género en la península arábiga no es ninguna novedad. El machismo, el contexto tribal y el punto de vista religioso particular derivados de la estrechez de miras de los wahabíes hacia las mujeres y las tradiciones que han prevalecido durante muchos años en esta sociedad han reforzado la cosificación de las mujeres en Arabia Saudí.

Estos principios están tan arraigados en la sociedad saudí que incluso después de la demanda de igualdad de género e igualdad de derechos para hombres y mujeres en muchas sociedades, todavía el tema de si las mujeres tienen derecho a conducir o votar reviste controversia en Arabia Saudí.

Un análisis de la historia contemporánea de la península arábiga sobre los orígenes de cómo considerar a las mujeres y el hecho de privarlas de sus derechos arroja que los jeques salafistas y wahabíes desempeñan un papel determinante en la legitimación de tales decisiones sobre las féminas.

El pensamiento wahabí contempla desde una perspectiva humillante a las mujeres, es más, la privación y violación de los derechos sociales y políticos de las mujeres en pleno siglo XXI se enraíza en un pensamiento que surgió hace cientos de años en base a unas fatwas ridículas y, a veces, vergonzosas.

Estos jeques salafistas y wahabíes, que en un contexto religioso se equiparan al poder político de los gobernantes saudíes, se negaron a retractarse de sus principios extremistas respecto a los derechos de las mujeres. Tanto es así que incluso cuando el Parlamento designado por Arabia Saudí trató de potenciar la economía saudí, citando una carga financiera de alrededor de 3000 millones de dólares que impone la circunstancia de emplear a alrededor de 1 millón de conductores extranjeros cada año para poner fin a la prohibición de conducir de las mujeres, el Consejo de Académicos Superiores del Reino de Arabia Saudí emitió una fatwa declarando ilegal que las féminas conduzcan y todos los intentos por levantar tal prohibición fueron infructuosos.

Llegada al poder de Salman Ibn Abdulaziz

Antes de que Salman Ibn Abdulaziz se convirtiera en rey de Arabia Saudí en 2005, el país árabe era una de las naciones con las tasas más altas de desigualdad de género. Las restricciones y privaciones que pesan sobre las mujeres llegaron a tal punto que, en cierto sentido, condujeron a que en la sociedad saudí se llegara a un apartheid de género.

Las distinciones entre hombre y mujeres y las injusticias contra las féminas, la imposibilidad de que las mujeres tengan acceso a muchas instalaciones –que hace que muchos de los derechos de las mujeres estén sujetos a la voluntad de los hombres-, y la extrema segregación entre hombres y mujeres eran cuestiones tan comunes en la sociedad saudí que las féminas se veían obligadas a conseguir un permiso de trabajo en el Ministerio de Asuntos Islámicos para trabajar fuera del hogar, y dicha cartera solo permitían trabajar a aquellas mujeres que pudieran demostrar que necesitaban el empleo para ganarse la vida, impidiendo así que muchas mujeres dotadas de talento y creatividad pudieran trabajar por no atravesar aprietos financieros, por lo que muchas de ellas optaron por migrar o por el silencio.

Por supuesto, esta fue solo una de las muchas trabas que Arabia Saudí creó para disuadir a las mujeres de que trabajasen fuera del hogar. Básicamente, se puede decir que, dado que el sistema gobernante saudí se opone a que las mujeres tengan un papel en la sociedad, la cantidad de barreras para privar a las mujeres de sus derechos equivale al número de habitantes en dicho país.

Asimismo, se prohibió expresamente que las mujeres pudieran acceder a determinadas ocupaciones y puestos. Por ejemplo, la ley prohibía que se empleara a mujeres en ministerios, departamentos, algunos puestos de mando, trabajos relacionados con el poder judicial y otros casos similares.

A pesar de que las mujeres saudíes reciben una educación y muchas de ellas tienen un grado universitario, estas circunstancias han conducido a que en los últimos años el país registre la tasa de empleo más baja del mundo. Algunas estadísticas llegan a situar la cifra por debajo del 5 por ciento y la mayoría de las mujeres que se hallan en el mercado laboral tienen empleos relacionados con la enseñanza femenina, la enfermería y con talleres y fábricas solo para mujeres.

Otro tema que puede hacer que el público se conciencie de la trágica situación de las mujeres en Arabia Saudí es el tema del tutelaje. Los principios y la ley saudíes no reconocían a la mujer como una figura independiente, sino que siempre la definían como dependiente de un hombre. Este hombre podía ser el padre, el esposo, el abuelo, un hermano, un primo o, incluso, uno de sus propios hijos.

Una mujer nacida en Arabia Saudí se hallaba bajo la tutela de su progenitor y, si se casaba, la ley pasaba a designar a su cónyuge como su nuevo tutor y, en caso de fallecimiento del tutor o divorcio, la tutela era transferida a otro hombre, denominado mahram, un hombre que tenía una relación de parentesco cercana con la mujer y era mayor que ella. De no existir un mahram mayor, uno de los hermanos de la mujer o uno de sus propios hijos asumía la tutela, sin que fuera importante que la mujer en cuestión hubiera llegado a la pubertad o la mayoría de edad. Las mujeres saudíes interpretaban el sistema de tutelaje como un mecanismo mediante el cual los parientes masculinos adquirían mujeres.

Era el tutor quien tenía que manejar los asuntos cotidianos de las mujeres bajo su tutela y determinar qué se les permitía hacer o qué no. Las leyes y reglamentos de la sociedad saudí también anteponían la voluntad del tutor a la de las mujeres a su cuidado; sin el permiso del tutor, una mujer no podía viajar, casarse, formarse, tratarse en un hospital, cerrar un contrato, una hipoteca o un alquiler, solicitar su documento de identidad o, incluso, viajar sola a La Meca para el Hach o ser liberada de prisión tras haber expirado la sentencia.

En los últimos años y especialmente tras el cuasi-golpe del rey Salman contra la dinastía saudí y la llegada al poder de su hijo Muhammad en 2017, hemos atestiguado cambios aparentemente fundamentales en lo que a la situación de las mujeres en este país se refiere.

En general, con la llegada al poder de Muhammad Ibn Salman como príncipe heredero de Arabia Saudí, la situación en este país cambió más que nada políticamente hablando. El joven príncipe, que había ascendido al trono reprimiendo a tíos y sobrinos poderosos, así como a otros miembros de avanza edad de la dinastía saudí, y contraviniendo todos los protocolos existentes hasta entonces, esperaba llegar al poder y al trono, pero al no contar con el respaldo tradicional del poder su decepción le llevó a buscar otros partidarios para legitimar su gobierno. A la sazón, emprendió numerosos cambios en todos los aspectos de la gobernanza, es decir, en política, economía, cultura, etc.

Muhammad Ibn Salman era muy consciente de que las mujeres saudíes, que representan el 48 por ciento de la población del país, de unos 35 millones de habitantes, habían soportado la mayor parte de la presión de las erróneas políticas del Gobierno saudí. Además, un cambio en el estatus de la mujer reduciría la presión de los países, organizaciones e instituciones legales del Occidente sobre Arabia Saudí y le permitiría granjearse su apoyo.

Por otro lado, la disminución de la popularidad y, en consecuencia, de la influencia y el poder de los jeques wahabíes, especialmente después de los recientes acontecimientos en Asia Occidental y los crímenes de los extremistas salafistas en Siria e Irak, e incluso en Arabia Saudí y, a veces, en países occidentales, le allanaron el terreno a Muhammad Ibn Salman para hacerles frente. No obstante, Bin Salman arrestó y encarceló a todos aquellos que tenían la capacidad de oponerse a sus planes.

De igual modo, Bin Salman garantizó cambios en la estructura de la Junta de Ulemas e hizo las modificaciones deseadas para mayor seguridad.

Documento a Largo Plazo de 2030

En 2017, Bin Salman propuso la aplicación de un documento que llevaba por título: Documento a Largo Plazo de 2030; un proyecto que buscaba desarrollar el país desde múltiples aspectos, incluidos el político, el económico, el cultural y social, además de abordar los problemas de las mujeres. En otras palabras, se puede afirmar que esta estrategia respecto a las mujeres es la misma, así como el tema clave y más destacado en lo tocante a la igualdad de género. Cabe destacar que un país que hasta hace cuatro años no permitía conducir a las mujeres ahora corea la consigna de la igualdad de género, algo que lo incluiría todo.

Entre las libertades que les fueron concedidas a las féminas figuran: poder conducir, la reapertura de los cines, la celebración de conciertos, el poder estar hombres y mujeres a un mismo tiempo en lugares públicos y la abolición de las normas referentes a la tutela. En lo que respecta a esta última, ahora las mujeres no solo pueden viajar solas, sino que también pueden vivir en un hogar independiente con otras mujeres y tener una vida al estilo occidental.

De igual modo, las niñas hacen deporte en las escuelas y las mujeres pueden acudir a los estadios el día del aniversario del establecimiento del Estado Saudí. A posteriori fue cuando el monarca concedió a las mujeres el derecho a conducir y algunas féminas fueron nombradas para desempeñar puestos importantes como el de embajadora o alcaldesa.

No obstante, las libertades otorgadas por Bin Salman no terminan ahí, sino que las mujeres saudíes ahora pueden ir a conciertos y a salas de baile mixtas para consumir drogas o alcohol.

Objetivos de Muhammad Ibn Salman

Los objetivos de Muhammad Ibn Salman deben abordarse también sin tener en cuenta la cuestión de las mujeres, puesto que Bin Salman no llegó hasta donde llegó únicamente para establecer la igualdad de género.

Como mencionamos con anterioridad, el rey Salman llegó al poder mediante un golpe de Estado. Para lograr este objetivo, el rey Salman sacrificó a dos de sus hermanos y a uno de sus sobrinos, por lo que su hijo Muhammad Ibn Salman, que accedió al poder por un medio diferente al tradicional y centenario de los Al Saud, tuvo que legitimar de alguna manera su potestad, tanto a nivel nacional y en el pensamiento de la gente, como a nivel internacional, especialmente entre los países de la región de Asia Occidental.

Una forma de legitimación fue el propio Documento a Largo Plazo de 2030, pues nada más llegar al poder Muhammad Ibn Salman quería que su presencia resultara fructífera a fin de que todos dijeran: “¡Qué bueno que fue él el que llegó al poder y no otro!”.

Asimismo, Bin Salman sabe que, al implementar dicho plan, puede propiciar que la sociedad saudí avance, como quieren los occidentales. En la elaboración del referido documento contó con la colaboración de asesores occidentales, por lo tanto, contará con el apoyo del Occidente.

Además de legitimarse y granjearse el apoyo del Occidente, después del Despertar Islámico, los gobernantes saudíes se dieron cuenta de que la sociedad saudí ya no podía soportar más presión y coerción, y que, si la presión continuaba, Arabia Saudí podría enfrentar su propio despertar islámico, por lo que decidieron conceder ciertas libertades, entre ellas, algunas que concernían a las mujeres.

Cabe indicar en este punto que dichas libertades muchas veces son de carácter social, puesto que en este país no hay posibilidad alguna de conceder libertad política, porque cualquier tipo de libertad en este campo conduciría al fin de la monarquía saudí. Por lo tanto, contemplan todo tipo de libertades, menos las relacionadas con el aspecto político.

También puedes leer: La Impunidad de la Monarquía Saudí

Mujeres víctimas de las políticas de Muhammad Bin Salman

Por ejemplo, a diferencia del pasado, animó a las mujeres a dejar el hogar y a participar en la sociedad, en el mercado y la economía. En el mercado laboral, la afluencia de mujeres que buscan trabajo y la falta de trabajos adecuados, los bajos salarios de las mujeres frente a los hombres, el pensamiento tradicional de la sociedad en contraste con el trabajo de las mujeres ha supuesto muchos desafíos para las féminas.

De igual modo, los últimos acontecimientos que acompañaron al desmantelamiento de la policía religiosa, conocida como los Comités Amr Be Maruf, han expuesto a las mujeres saudíes a un nuevo fenómeno, un creciente acoso sexual, y eclipsado su seguridad. Aunque son bien vistas por los jóvenes, las celebraciones mixtas son rechazadas por las familias como algo repugnante, pues en las mismas se acosa a las mujeres.

Recientemente, en el Festival de Riad, la BBC informó que la omnipresencia de estas celebraciones ha aumentado el temor de las mujeres saudíes a una escalada de acoso.

Los informes de acoso a mujeres han alcanzado tal número que la Organización de Seguridad Pública de Arabia Saudí ha prohibido que se hagan fotografías con teléfonos móviles en las áreas recreativas para evitar que se documente el acoso.

Sin embargo, aquellas que se encuentran en una peor situación son las mujeres que han luchado civil y legalmente para mejorar la situación de la mujer. Más de 100 mujeres en Arabia Saudí se enfrentan actualmente a una severa represión por parte del Gobierno por tales actividades, con unas 60 todavía detenidas arbitrariamente y aquellas que han sido puestas en libertad ven limitados sus movimientos, puesto que, por ejemplo, tienen prohibido viajar.

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