publicado el: 10 agosto 2022 - 18:28
Ser hijos únicos y soledad

​​​​​​​Segundopaso - Tener hijos es una de las funciones más importantes de la familia, pero tener un solo hijo provoca muchos daños. En esta parte se detallan algunos de los problemas de ser hijo único, entre ellos: la pubertad precoz, la reducción de las relaciones sociales, etc.

Tener un solo hijo es uno de los aspectos más traumáticos de las últimas décadas, por el que, no obstante, se han inclinado la mayoría de las familias. Pasar la niñez como hijo único es un tema que deja efectos a tres niveles: en los hijos, en las familias y en la propia sociedad. Existen distintos factores que han determinado la tendencia de las familias a tener un solo hijo. Algunas familias no desean tener más hijos en razón a la dificultad para educar al primer hijo. Algunas otras familias, tras el nacimiento del primer hijo, ya no pueden tener otros vástagos por las nuevas condiciones de su estilo de vida. Otras de esas familias se dejan influenciar por el entorno y eligen tener un solo hijo. Algunas otras deciden tener un solo hijo por sus problemas económicos, educativos y de bienestar.

A continuación mencionaremos algunos de los perjuicios de ser hijo único:

Convertirse en el único eje de la familia

En las familias de un único hijo se presta demasiada atención a los deseos y a las demandas del niño y, a menudo, los padres se extralimitan a la hora de cumplir los deseos de ese hijo aun cuando dichas demandas sean irrazonables, excesivas y vayan más allá de su capacidad financiera e incluso más allá de los límites legales.

Esa atención excesiva de los padres y el hecho de convertir al niño en el centro de atención provoca efectos negativos en la personalidad del niño. Dichos infantes suelen ser hipersensibles, sufren con mucha facilidad y también son impacientes, no pueden experimentar las consecuencias de sus errores y aceptar la responsabilidad de sus actos. Dichos niños esperan que la sociedad que los rodea los trate como lo hacen sus padres y extienda su paraguas de apoyo sobre ellos.

Los hijos únicos enfrentan menos problemas y no están expuestos al fracaso, al rechazo, etc., pero al mismo tiempo tampoco experimentan las condiciones necesarias para la madurez mental y emocional, por ello, dado que el mundo real no está completamente de acuerdo con los deseos y solicitudes de dichos niños y sus expectativas, sufren muchas veces de frustración e incompatibilidad. Además, dicha situación impide que la personalidad activa del niño se forme completamente. Una personalidad activa implica que la persona es consciente de su actitud y comportamiento, toma decisiones con facilidad, realiza su trabajo con confianza en sí misma y lo lleva a término hasta el final y, evidentemente, que tiene menos dudas.

Pubertad temprana

En el período de la primera infancia, el niño necesita más la presencia de sus padres. Pero, en el segundo período de su infancia, el papel de sus compañeros adquiere mayor relevancia, pues aprende de ellos muchas habilidades. No obstante, contar con un hermano mayor también puede proporcionarle las habilidades necesarias para la socialización. Ahora, en caso de ser hijo único, debe ser criado con los adultos. Como resultado, en realidad, no experimenta su infancia ni adolescencia. No llega a estar familiarizado con los juegos, tareas y roles de este grupo de edad y, de repente salta a la edad de la responsabilidad adulta. Ha crecido mucho más rápido mental y espiritualmente y ve el mundo desde el punto de vista de un adulto. Estar en una familia que solo incluye adultos hace que el niño madure más temprano. Una de las complicaciones de la pubertad temprana es que los niños se enfrentan al estrés de la juventud y no saben cómo actuar. Tienen signos físicos de madurez, pero carecen de suficiente experiencia. En esta situación, en ambos sexos, debido al aumento del deseo físico, se manifiestan conductas anormales como pueda ser la masturbación.

Disminución de las relaciones sociales y falta de socialización

El ambiente de una vida familiar con suficientes oportunidades para las interactuaciones crea patrones de comportamiento para los niños y campos de intercambio de experiencias, deseos y emociones y es uno de los factores más adecuados para mejorar las habilidades en las relaciones sociales. Pero en las familias nucleares y limitadas con pocos hijos y, sobre todo con un solo hijo, es imposible contar con dicho ambiente familiar.

La tendencia al aislamiento, la depresión, carencias en la comunicación con los compañeros, prestar demasiada atención a la computadora y a los juegos solitarios, el miedo o el odio a estar en grupos sociales son algunos aspectos que caracterizan a los hijos únicos. La convivencia con un hermano o hermana fortalece la sociabilidad del niño y le enseña a gestionar las relaciones sociales. La compasión y la empatía con los miembros de la familia, el amor y la facilidad para comunicarse con personas de la misma edad en la sociedad y en la escuela son las principales características de los niños de familias con más de un hijo.

La limitación de las relaciones sociales en las familias con un solo hijo puede hacer que el mundo psicológico y social de las personas parezca limitado, y en esa situación, si surge un problema, la persona enfrentará consecuencias amenazantes, porque carece de la suficiente confianza y teme perder su único punto de anclaje.

Reducción de la unidad familiar

Uno de los componentes cruciales de una familia unida son los lazos afectivos y el grado de dependencia de los hijos hacia sus padres y viceversa. Así como la dependencia equilibrada es necesaria y aporta muchos beneficios, su exceso es dañino y problemático. En las familias de un solo hijo, el grado de dependencia es extremo. Eso significa que a veces el niño no es amado y, debido al ajetreo de los padres, es descuidado; otras, sin embargo, es objeto de una atención desmesurada por parte de los padres. Un mayor número de hijos puede llevar a la armonía necesaria y a una dependencia equilibrada.

En familias de un solo hijo, disminuir la dependencia de los niños del hogar y de la familia provoca una profunda sensación de soledad, fomenta una cultura de independencia, aumenta el deseo de huir, reduce la monogamia y el celibato, la religiosidad y la importancia de la formación de una familia, amén de que eleva la edad del matrimonio.

Debilitamiento de la red de comunicación de parentesco

La experiencia y percepción directa de las relaciones humanas en el modo de vida de la familia tradicional parten del sentimiento de tener hermanos y una amplia red de relaciones de parentesco, como puedan ser los tíos y las tías maternos y paternos, que son factores cruciales de vínculo y afectividad. La política del hijo único puede acarrear consecuencias emocionales devastadoras y la generación nacida de estas familias se ve empujada al aislamiento y a la soledad.

Otra consecuencia de la reducción de la patria potestad es el debilitamiento de la red de parentesco y de las relaciones familiares. En un sistema familiar completo, todos remiten a los niños a sus padres, lo que deviene en la formación de una autoridad dentro de dicha red y, por tanto, en la mente del niño se establece indirectamente un patrón piramidal de poder en la familia. La creación de autoridad por parte de los propios padres y fuera de la red de parentesco generalmente provoca daños importantes, como la violencia o la dictadura de los padres.

Tener hijos ha sido y es una de las funciones más importantes de la familia a lo largo de la historia. Además, contar con un modelo a seguir es algo natural en los niños y están constantemente influidos por el comportamiento de quienes los rodean. Este tipo de educación, que es la educación observacional e indirecta, es la más eficaz en la crianza de los niños.

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