Irán y Venezuela: un diálogo académico en construcción

Segundopaso - Como se sabe, desde mediados del siglo pasado, Venezuela ha mantenido relaciones con el Medio Oriente, sobre todo en el marco de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Sin embargo, con el triunfo de la Revolución Bolivariana y bajo el liderazgo del comandante Chávez, primero, y luego bajo la dirección del presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros, se han consolidado los lazos de fraternidad y cooperación con Irán, Palestina, Líbano, Siria, entre otros países de esa región. 

No obstante, los ataques sistemáticos y genocidas perpetrados por Israel contra Palestina y sus criminales incursiones en territorios soberanos, como lo sucedido en el Líbano en 2006, obligaron al comandante Chávez a romper relaciones con el Estado sionista y a acercarse más a la Revolución Islámica de Irán. Es memorable su discurso pronunciado ese mismo año en las Naciones Unidas, que inició con la famosa frase “¡Huele a azufre!” (para referirse a Georges Bush) y en el que hizo referencia precisamente al Medio Oriente, con el fin de desmontar los argumentos hegemónicos que había dictado el día anterior, a manera de receta, el presidente de los Estados Unidos. Allí, el Comandante Supremo denunció ante el mundo que el imperialismo denomina extremistas a los pueblos insurgentes que desean emanciparse y defender su soberanía. Esta idea situó a los países del Medio Oriente y a América Latina en un mismo escenario de resistencia contra un enemigo común, bajo un concepto similar de unidad y lucha, el Sur; concepto que no es geográfico, sino geopolítico e ideológico.

En el contexto actual de pandemia y aumento de las presiones injerencistas estadounidenses contra ambas naciones, ha cobrado vigencia y profundización el puente de solidaridad que construyeron la República Islámica de Irán y la República Bolivariana de Venezuela en materia energética, militar, alimentación y salud. El bloqueo económico y el robo descarado de los activos venezolanos por parte de Estados Unidos, bajo el paraguas mediático prohegemónico y neocolonialista, diseñado para poner fin al gobierno del presidente Maduro y erradicar el bolivarianismo, no han mermado esa relación entre Irán y Venezuela; por el contrario, cada día, nuevas acciones y nuevos gestos de solidaridad honran aquellos numerosos encuentros que propició el presidente Chávez desde el año 2001 y que luego se incrementaron con el presidente Mahmud Ahmadineyad, desde el 2006 hasta el adiós trascendente de nuestro Comandante Supremo en 2013. “Estaría junto a Irán en cualquier momento y bajo cualquier condición”, dijo en una oportunidad el comandante Chávez.

Sin desmerecer las relaciones bilaterales que Venezuela siempre ha mantenido con otros países del Medio Oriente, particularmente con los más tiranizados por el imperialismo y el sionismo, como es el caso de Palestina, Siria, Líbano, Irak y Libia, nuestros vínculos con la República Islámica de Irán son de carácter estratégico, debido a que nos sitúa de plano en aquel contexto al que estamos obligados a comprender y vincularnos, ya que la realidad ha develado que lo que allí sucede no le debe parecer tan distante ni ajeno a nuestro país y a nuestra región, como equivocadamente se suele creer.

La influencia geopolítica de la Revolución Islámica y su lucha sostenida contra las fuerzas opresoras de Estados Unidos, Israel, la monarquía Saud y el wahabismo (salafismo y takfirismo), precisa la creación de espacios para promover, a través del estudio, una relación de reconocimiento y respeto mutuo entre ambas doctrinas, la islámica y la bolivariana, en busca de más elementos comunes que fortalezcan la lucha por las mismas causas nobles: el antimperialismo, la defensa de los oprimidos, la justicia, la paz, la hermandad.

Dicho esto, el arribo de los tanqueros Forest Fortune, Faxon, Clavel y Petunia a nuestros puertos, con gasolina, insumos y repuestos industriales para ayudarnos a resolver el abastecimiento de combustible y recuperar nuestras refinerías, afectadas por el bloqueo económico y sabotajes terroristas, no se produce por mera solidaridad, interés comercial o bajo el manido rótulo de “ayuda humanitaria”. En primer lugar, es una actuación basada en la reciprocidad, dado que la República Bolivariana de Venezuela, en 2009, envió gasolina a la República Islámica de Irán cuando esta padecía los efectos de las sanciones impuestas por Occidente, debido a su programa nuclear. Pero, además de la reciprocidad, este acto valeroso se fundamenta en principios filosóficos, políticos, doctrinales, jurisprudenciales, constitucionales y teológicos que persiguen los siguientes objetivos: a) repudiar las pretensiones de injerencia, arbitraje, tutelaje y toda practica intervencionista y opresora por parte de Estados Unidos, Israel y Europa; b) consolidar la soberanía nacional y la autonomía política mediante la participación protagónica del pueblo; c) alcanzar la independencia económica; d) poner en práctica una geopolítica regional que promueva la independencia, la solidaridad y unidad, y e) promover igualmente la justicia y la paz social. Como puede observarse, todos ellos coincidentes con la visión bolivariana y nuestramericana.

Esta necesidad de diálogo político, doctrinal y sociocultural con la República Islámica de Irán para avanzar en la compresión del rol que ambos países representan en sus respectivas regiones, se constata en la reciente visita (noviembre 2020) del canciller iraní Javad Zarif y las conversaciones sostenidas con nuestro canciller Jorge Arreaza. Como parte de las actividades de esta visita, ambos cancilleres dictaron una conferencia en el Instituto Samuel Robinson, recientemente inaugurado, en las cuales no faltó la referencia al mártir Qassem Soleimani y su simbología contrahegemónica. Apenas unos días antes, el 28 de octubre, la Universidad Internacional de las Comunicaciones, presentaba el XXVII Seminario web "Irán: Mecanismos jurídicos y resistencia frente al bloqueo", a cargo del embajador de la República Islámica de Irán, Hojjatollah Soltani.

Todo lo anterior constituye, sin duda, un claro mensaje al mundo, por parte de cada uno de estos dos modelos originales, de que no descansarán hasta ser libres e independientes; y de que, a pesar de la distancia y la diversidad, ambos están dispuestos a colaborar entre sí para derrotar las sanciones hegemónicas, pero a partir de una relación de respeto.

Sobre la base de estos antecedentes, se deduce que la agenda multilateral entre ambos pueblos no se circunscribe a lo económico, comercial, energético, financiero, militar y al sector salud, sino que requiere la atención del ámbito sociocultural, científico, académico e investigativo. De manera que las universidades venezolanas están llamadas a establecer relaciones con universidades del Medio Oriente y particularmente de Irán, con el fin de desarrollar el estudio conjunto de distintos temas y problemáticas comunes desde una perspectiva científica y académica, haciendo hincapié en lo geopolítico.

Esta dinámica solo es posible mediante el intercambio de conocimientos y la interrelación de docentes universitarios, a través de proyectos de investigación articulados o asociados con otras instancias académicas nacionales e internacionales, centros de estudios, institutos, cátedras libres; y su manifestación concreta en forma de seminarios, foros, congresos, conferencias, clases magistrales. De hecho, esto ya se está construyendo desde la Universidad Internacional de las Comunicaciones, el Instituto Samuel Robinson y ahora la Universidad Bolivariana de Venezuela, a través de la Cátedra Libre Qassim Soleimani, pronta a inaugurarse en el marco de la Feria Internacional del Libro de Venezuela, FILVEN.

De acuerdo con el análisis ofrecido por el canciller de Irán, Javad Zarif, en el Instituto Samuel Robinson, el contexto histórico actual parece indicar que los poderes dominantes han entrado en franca decadencia, de allí su desesperación por detener el paso de la historia, el conflicto de civilizaciones. Los estudios prospectivos y los hechos confirman que el mundo occidental está perdiendo su rol central, que no habrá un nuevo orden mundial liderado por Estados Unidos y Europa. Esto explica el uso desmedido de su aparato militar y de seguridad. El objetivo de sus guerras e invasiones fueron y siguen siendo la supremacía, institucionalizar la prevalencia del Occidente y ejercer su hegemonía.

Según apuntó el canciller iraní, luego del colapso de Unión Soviética y el bloque oriental Estados Unidos y sus aliados quisieron evitar el cambio histórico. Por ello provocaron una guerra cada año, desde 1990 hasta el 2003 (Somalia, Sudán, Libia, Yugoslavia, Irak, Afganistán) y continúan utilizando su aparato bélico y otras estrategias injerencistas con esa misma finalidad. No obstante, la tendencia histórica impide la consolidación de ese proyecto hegemónico. Estas son señales de desesperación porque han perdido el control sobre lo que sucede en el mundo y ante el inevitable advenimiento de una era postoccidental. De hecho, la Conferencia de Seguridad de Múnich concluyó, en su última edición, la existencia de una “desoccidentalización” (en inglés, Westlessness). Semejante confesión venida de una instancia como esta tiene un gran peso, sobre todo si valoramos el hecho de que allí no participa África ni América Latina; y participan de una manera bastante limitada o indirecta, China, Rusia, India e Irán.

Es decir, en este escenario de debacle hegemónico y el surgimiento de nuevas economías que apuntan hacia un mundo pluripolar, está plenamente justificado un acercamiento científico a las causas y consecuencia de este fenómeno. De allí que el Medio Oriente, por el papel protagónico que tiene dentro de esta tendencia histórica, merece ser estudiado por nuestras universidades.

Por Ramón Medero

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