publicado el: 28 abril 2021 - 20:14

Economia

El Neocolonialismo en Latinoamérica

Una Estrategia de Dominación
El Neocolonialismo en Latinoamérica

Segundopaso - Durante las primeras décadas del siglo XVIII, el imperialismo de tipo militar, político y cultural dio paso al imperialismo económico. De esta forma las potencias prefirieron que sus colonias fueran mercados para sus productos de las industrias antes que de carácter militar y político.

El neocolonialismo es una forma moderna de colonialismo, según la cual las antiguas potencias coloniales del mundo, o las nuevas naciones hegemónicas, ejercen una influencia determinante en materia económica, política y cultural sobre otras naciones teóricamente independientes o descolonizadas. Actúan en sus economías, a través de un selecto grupo de personas o corporaciones que persiguen ostentar el poder y el control de dicho territorio, es decir, el neocolonialismo, a diferencia del colonialismo, busca la influencia de forma indirecta, de lo contrario sería considerado ilegal.

Los denominados países en “vías de desarrollo” que se encuentran colonizados gozan de “libertad plena” en aparente democracia, mientras la influencia indirecta del país colonizador impone sus prácticas, que las ejecutan mediante otras estrategias político – económicas así, por ejemplo, la globalización y la integración económica, buscando la presencia de capitales en el país que quieren controlarlo. En este sentido, el neocolonialismo se aprovecha del imperialismo cultural, el mercantilismo, así como la universalización empresarial, para tener el control sobre determinados territorios y garantizar sus intereses monetarios.

Es decir, mientras en el colonialismo, era la propia corona la que gobernaba el país, en el neocolonialismo, el poder lo ejercen otra serie de figuras -Lobbies o grupos de presión- que emigran a esa nación y buscan sus aliados nacionales para ejercer su influencia en el mismo.

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Diferencia entre robo y hurto

Muchos países latinoamericanos recurrieron durante la década de los años setenta a créditos de bancos multinacionales o empresas privadas, se endeudaron y posteriormente su deuda privada se convirtió en deuda pública. Esto fue posible por la clase dirigente con intereses extra nacionales, con una visión neoliberalista, o por gobiernos militares impuestos desde afuera, por los Estados Unidos, como en la denominada Operación Cóndor. Esta forma de ejercer el colonialismo fue renovándose cada vez más con nuevas prácticas para captar economías de manera legal.

Esta es una práctica de sometimiento económico y captación de riquezas en recursos naturales y materias primas de los países dependientes; acciones que caen en la intromisión, control y saqueo que, de hecho, son un atentado a la soberanía, autodeterminación y derechos humanos, que subyugan a los pueblos ante la supuesta superioridad tecnológica de la cultura occidental.

El Fondo Monetario Internacional o FMI, aparece como el “salvador” crediticio que tiene el propósito de “ayudar” a que progrese o solucione los problemas del subdesarrollo; sin embargo, lo que se propone es ayudar a los acreedores internacionales para que puedan cobrarles las deudas y no pretende que le devuelvan nada del capital, sino que paguen los intereses y si no pueden hacerlo en tiempo y forma, los refinancien, ya que su finalidad es mantenerlos endeudados de por vida, porque sus fondos están dedicados a la usura. Finalmente, el capital es impagable, los interesas casi siempre hay que refinanciarlos, luego se actualizan los capitales, más los intereses con tasas mayores.

Esto se llama en finanzas, anatocismo, que consiste en que a la persona que no pague la totalidad o una parte de la cuota que le correspondía para un período determinado, el monto dejado de pagar se le sumará al capital prestado y, por ende, pasará a formar parte del monto al cual se le calcularán los nuevos bonos más intereses adeudados, o sea, el cobro de intereses compuestos de la usura del FMI produciendo Mega endeudamientos. Y así… la deuda original se va canjeando por otra muy superior, de esta manera se hace perpetua o eterna, se conoce como neoliberalismo, pero que en realidad es un neocolonialismo (Rebelión, 2019)

Sin ese requisito, los neocolonialistas, no podrían saquear países, tanto con sus recursos naturales o con la Instalación de empresas multinacionales que se llevan las ganancias de los grandes negocios, los caudales petroleros, telefónicas, cadenas de supermercados, fábricas y de todo aquello que le renta al país deudor. Es un sistema de neo esclavista deshumanizante.

En los países latinoamericanos, por la cercanía con el Imperio del Norte es una práctica frecuente, por décadas el exceso de capitales de ese poder externo, es ofrecido como un “salvamento a las crisis” tanto en las negociaciones, para que se endeude, sea para obras públicas o privadas de los gobernantes que van de la mano del endeudamiento y que son cómplices de la usura del FMI, hoy por hoy también disfrazado como una “ayuda humanitaria”. A nivel político financian gobiernos ilegítimos, imponen políticas públicas, resoluciones jurídicas y decisiones gubernamentales; a nivel económico promueven la fuga de capitales, enriquecimiento ilícito, evasión fiscal, blanqueo de dinero, mano de obra barata, entre otras. A nivel ecológico hay grandes impactos que se materializan en destrucción de la biodiversidad y apropiación de recursos naturales; las consecuencias sociales son graves, nos enfrentamos a una globalización de la cultura y a la desaparición de tradiciones locales (etnocidio), la implantación de un nuevo modo de percibir la realidad y cambio de valores, alienación de los jóvenes, mediante la “americanización” en todo los ámbitos siguiendo el modelo hegemónico predominante, a través de los medios de comunicación manejados por ellos.

Los países soberanos, que no se comprometen con el FMI son amenazados con conflictos durante años, sanciones económicas y otras medidas de intervención; a los gobiernos oponentes los llaman despectivamente, “populistas” creado a lo interno un ambiente de inseguridad y desconfianza; dejan una deuda impagable, una inflación increíble y un desmejoramiento social con altos niveles de pobreza, indigencia, desocupación, etc. Hoy muchos países están pagando intereses de la deuda externa de 60% o 70% anual, que son los más elevados del mundo. Además de ello, sus nefastas consecuencias, en resumen, son: el difícil acceso a los servicios públicos esenciales y a la seguridad alimentaria, incertidumbre laboral, violación a los derechos de los pueblos indígenas y atentados ambientales en sus territorios por políticas extractivistas; en otros casos han conducido a desplazamientos forzados y a la militarización.

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