Afganistán: ¿El Fin de Veinte Años de Invasión?

Segundo Paso para Nuestra América.- Veinte años después de la brutal invasión armada a Afganistán por parte de Estados Unidos y la OTAN, a raíz de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, la hipócrita “Guerra contra el terror” no ha hecho sino desestabilizar tanto al país invadido como todo el contexto regional. Conozcamos, a través del analista internacional Pablo Jofré Leal, las razones por las cuales Afganistán está padeciendo hoy día una serie de atentados que han dejado una gran cantidad de víctimas y cuál es la posición del gobierno de Asharaf Ghani en medio de esta difícil y tensa situación.

En las últimas semanas, las muertes en Afganistán, por causa de atentados terroristas y acciones de fuerzas militares extranjeras, se elevan al centenar de víctimas. Tal hecho confirma la crónica situación de inestabilidad y zozobra que vive este país centroasiático.

Una realidad que, indudablemente, tiene los mencionados responsables: grupos terroristas de ideología wahabita y la presencia invasora, desde hace veinte años, de fuerzas militares estadounidenses y de la organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Ello, al amparo de decisiones donde han primado las crónicas consideraciones de orden geopolítico, hegemónico, bajo el manto discursivo hipócrita de defensa de la libertad, los derechos humanos y el combate al terrorismo que esas mismas potencias, que atacan a los países, suelen crear, financiar, proteger y luego tratar de desechar cuando creen cumplidos ciertos objetivos. Es la misma cantinela infame de desestabilizar el mundo en función de sus intereses económicos, militares e ideológicos.

Es el caos premeditado en su máxima expresión, sostenido por el sionista estadounidense Paul Wolfowitz (1), dotado de un cinismo monumental. Este personaje es un defensor acérrimo de la política israelí y su promoción de la invasión a Afganistán en el 2001 y a Irak en 2003. De hecho, en una conferencia en Singapur en mayo de 2003, Wolfowitz declaró: “Veámoslo de forma sencilla. La diferencia más importante entre Corea del Norte e Irak es que, económicamente, en Irak no teníamos alternativa. El país nada en un mar de petróleo”. En Afganistán ese cinismo tenía nombre de ubicación geográfica, presión a países vecinos, futuro paso de oleoductos y gasoductos. Afganistán desde octubre del año 2001, un mes después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington, atribuidos a Al Qaeda y con ello a su líder, Osama Bin Laden, sufrió la invasión de su territorio a manos de las fuerzas estadounidenses bajo el marco conceptual de la “Guerra contra el terror” y argumentos absolutamente irrisorios, tales como: invadir tras la negativa de los Talibán que gobernaban en ese momento la nación asiática.

Puntualmente, la presencia invasora de Estados Unidos y fuerzas de la OTAN en Afganistán se expresa por objetivos muy distintos a los señalados para el cuidado de su imagen y así aparecer como defensores de una libertad que nunca es tal. La esencia de esta agresión radica en varios puntos:

  1. Dar impulso a nuevas guerras y con ello dinamizar el complejo militar industrial. Recordemos que la enseña de esta cruzada llamada “Guerra contra el terror”, encabezada por el ex presidente George W. Bush, tuvo como víctima inmediata el pueblo afgano. Decisión desquiciada y claramente interesada en proteger a aliados de Washington, pues si la idea era atacar a los promotores, el blanco era Arabia saudí que fue el gran patrocinador de los atentados del 11 de septiembre. Quince de los diecinueve involucrados eran saudíes. Y eso lo ha determinado la propia justicia estadounidenses cuando decretó que Riad debería pagar a los familiares de las víctimas.
  1. Impulsar una presencia militar vecina a la República Islámica de Irán, generando más desestabilización contra este país. Tener una base militar de envergadura cerca de Paquistán, la India y la Federación Rusa. Y, para ello, qué mejor excusa para asentarse allí, con el beneplácito de sus aliados y organismos internacionales, que no replicaron un ápice ante esta decisión unilateral ¿Quién autorizó a Estados Unidos a invadir un país si no era responsable de los atentados?
  1. Generar una presencia militar de envergadura, de dominio palpable (Estados Unidos llegó a tener ciento veinte mil efectivos militares más otros miles de mercenarios instalados en Afganistán) que le diera un control en una zona que está teniendo dinámicas de integración política, económica y militar alejada de las influencias europeas y norteamericanas, donde China tiene un papel relevante.
  1. Washington, en el panorama geopolítico descrito, actúa en función de desestabilizar, no sólo el país invadido, sino también a todo su entorno.

Hoy, este Afganistán del que hablamos está sometido a la acción de fuerzas terroristas, tanto del lado occidental como de aquellos que reclaman el poder en un país que no ha conocido la paz en cuarenta y tres años. Primero sometido a la invasión de la antigua Unión Soviética que durante una década se mantuvo en el país; y posteriormente verse sojuzgado a la acción de grupos terroristas surgidos, precisamente, del apoyo occidental a las fuerzas que combatieron a los soviéticos y terminaron convirtiéndose, supuestamente, en fuerzas enemigas de occidente. Y digo aparente, porque el accionar de los servicios de seguridad del mundo occidental, en especial Estados Unidos y sus aliados otanistas, suelen utilizar a estos grupos según sea la dirección del viento de agresión que quieran llevar a cabo contra países considerados enemigos de Washington y trasladando esas fuerzas a los lugares donde desean desatar el caos, como es el caso de Siria, Irak y Libia.

Han sido veinte años con fuerzas extranjeras dominando la vida política de Afganistán, destruyendo toda posibilidad, a mediano plazo, de reconstruir relaciones entre las distintas tribus y clanes que habitan el país; generando resquemor, destrucción de lazos, inseguridad y desconfianza. La presencia militar extranjera de dos décadas pareció tener fin en el año 2020, cuando el 29 de febrero de aquel año el presidente estadounidense Donald Trump firmó lo que llamaron el “Acuerdo de paz con los Talibán”, teniendo como escenario la ciudad de Doha, en Qatar, pero…sin la presencia del gobierno afgano presidido por Ashraf Ghani. Una muestra más que evidencia la debilidad de un gobierno sujeto a las directrices de Washington, a pesar de mantener cierta formalidad de gobierno soberano.

Washington se comprometió “a retirar las tropas al día 1ro. de mayo del 2021, liberar a 5000 insurgentes prisioneros y además retirar de su lista negra a los principales líderes del grupo”. La OTAN, por su parte, el día 14 de abril, en un comunicado emitido desde Bruselas, reconoció el fracaso de su presencia militar en Afganistán durante dos décadas y anunció un retiro gradual de tropas a partir del 1ro. de mayo (que tampoco se ha cumplido). Los mandos de la alianza atlántica admitieron, después de veinte años y decenas de miles de muertos y la destrucción del país que “no hay una solución militar” a los desafíos que enfrenta Afganistán” (2)

Con la derrota de Trump y la toma de posesión de Joe Biden, los acuerdos firmados por Trump quedaron en letra muerta, aunque el mandatario demócrata prometió retirar todas sus tropas antes del día 11 de septiembre del 2021. Esta situación generó la molestia de los Talibán, que a través del Mulá Haibatulá Ajundzada denunciaron que “los estadounidenses han violado repetidamente el acuerdo… si Estados Unidos vuelve a incumplir sus compromisos, el mundo deberá ser testigo y responsabilizar a Washington de todas las consecuencias”. ¿Amenaza que parece haberse cumplido en sangrientos atentados, atribuidos a los grupos insurgentes? ¿O tal vez han sido acciones de grupos vinculados a las fuerzas invasoras renuentes a abandonar el país y generar, por tanto, una revisión e incluso un freno a la retirada de las tropas?

Todas las hipótesis son posibles, incluyendo a fuerzas del gobierno interesadas en postergar la salida por temor a una pérdida del poder a manos de los Talibán y así generar una sensación de inseguridad total. Lo concreto es que, en estos días, una serie de atentados han sacudió el país. Este 14 de mayo, una explosión en la mezquita Hajji Bakhshi, ubicada en el distrito de Shakar-Dara, al norte de la provincia de Kabul, dejó veinticinco muertos. El pasado 7 de mayo, la capital afgana, Kabul, fue testigo del asesinato de veinticinco personas (entre ellas gran cantidad de estudiantes), víctimas de un coche bomba (otros hablan de cohetes) cerca de la escuela secundaria de Seyed al-Shohada. A fines de abril hubo treinta muertos y un centenar de heridos por la explosión de otro coche bomba en Pul-i-Alam, capital de Logar, en el este del país.

La presencia estadounidense y otanista en Afganistán tiene que llegar a su fin lo más pronto posible, no por un tema de cumplir acuerdos, que han sido letra muerta, sino porque es una exigencia que la propia sociedad afgana debe encabezar. Dar la pelea para que no haya tropas invasoras recorriendo sus calles, que no circulen vehículos militares, ni aviones asesinando a su población. Para que efectivamente el tema del control del cultivo de amapola y el tráfico de heroína termine y no se intensifique, que es lo que sucedió cuando esas tropas extranjeras invadieron el país.

A mayo del año 2021, ¿en qué escenario está el gobierno de Asharaf Ghani? Creo, que en una profunda situación de debilidad. Primero porque debe, en lo políticamente correcto, decir que las tropas invasoras deben salir, que Afganistán puede manejarse sin problemas, pero está en una situación de profundo temor frente a la posibilidad que se haga efectiva la salida de esas tropas de Estados Unidos y la OTAN. Por más que Ghani sostenga que se trata de una oportunidad, existe cierto pánico por ello, además, está solicitando a los Talibán que aprovechen la coyuntura actual con el proceso de paz y la retirada de las tropas extranjeras y pongan fin a la guerra.

Ghani está en un escenario de incertidumbre, con la creencia que funcionará lo que llama la “cooperación de la comunidad internacional” que, según el mandatario afgano, será mejor y más regulada una vez que las tropas de ocupación extranjeras, encabezadas por Estados Unidos, se hayan retirado. “Y una vez que se hayan marchado esas tropas, el consenso regional se acelerará para consolidar el papel clave de Afganistán en el corazón de Asia”, sostiene Ghani. Pero, considero que, así como no es posible confiar en las fuerzas invasoras, tampoco lo es confiar en grupos terroristas que se han formado en las enseñanzas de organismos de inteligencia occidentales, donde las promesas no se cumplen, donde lo que se firma con la mano se borra con el codo.

Creo que Ghani está rotundamente equivocado al pensar y expresar ante medios que está "encantado" con su relación con la nueva administración estadounidense y la "coherencia" en la comunidad internacional ante el futuro de Afganistán. Debería pensar más en la cooperación regional, en estar bien con sus vecinos y no con aquellos que invadieron su país por dos décadas. El camino correcto es aquel que marca, por ejemplo, la cooperación entre Irán y Afganistán, que implica el fortalecimiento de la soberanía económica de los dos países vecinos y el principio del fin de las políticas imperiales en la región.

La inauguración del primer enlace ferroviario conjunto, es un tremendo impulso al comercio bilateral y un ejemplo a seguir. Este proyecto conecta la ciudad iraní de Jaf con la provincia afgana de Herat y representa un hito histórico que demuestra la decisión de avanzar, a pesar de la presencia ilegal de países occidentales y sus tropas ocupantes. Se pueden establecer acuerdos binacionales, regionales y multilaterales sin depender del beneplácito interesado e innecesario de Washington. Acuerdos como el señalado son la prueba y además “demuestra el convencimiento que las políticas imperiales van a terminar en cualquier momento, están llegando a su fin y van a marcar la salida de todas las tropas occidentales que hay en la zona. Un propósito que además fortalece los lazos ya que conecta Afganistán a Turquía y Europa, a través de Irán” (3)

Mientras países de la región avanzan en fortalecer lazos de cooperación y amistad, Washington y la OTAN fracasan en sus políticas belicistas. Fueron incapaces de frenar la acción de los grupos insurgentes: Al Qaeda, Talibán, Red Haqanni. Movimientos que en principio retrocedieron tácticamente, ante la maquinaria bélica occidental. Pero, poco a poco, en función de objetivos estratégicos, se reagruparon y controlan hoy dos tercios del territorio afgano. Influyendo, incluso, en crear células terroristas en Asia Occidental, el sahel africano, Paquistán, entre otros. “No existe la tan cacareada democracia que se supone vendría de la mano de las tropas invasoras, convertido en coto de caza para los intereses hidrocarburíferos y manantial inagotable, para cubrir la demanda del 85% de la heroína que consume el mundo occidental” (4)

“En otro plano, la alianza Talibán con la Red Haqqani se ha consolidado con fuerza y no sólo en los clásicos bastiones del sur del país, sino en la amplia geografía afgana, donde antes tenía escasa o casi nula presencia. Cercanos a los talibanes, pero dotado de cierta autonomía, la Red Haqqani controla amplias áreas del sureste del país donde su estrategia de control se basa tanto en el vasallaje tribal como en la férrea disciplina en el campo ideológico, sobre todo en las provincias de Paktia y Khost. A cinco años de la muerte de Bin Laden, a dis décadas de la invasión a Afganistán, Al Qaeda, la Red Haqqani, Daesh, atentados, muerte y destrucción son parte del agreste paisaje afgano” (5)

Tras largos años de violación de la soberanía afgana, la salida de USA es necesaria, no sólo por un tema de libertad para ese país y su soberanía, sino porque su presencia lo único que permitió fue generar más muertes, más destrucción, más tráfico de opio, más tensión, desplazados, refugiados y con un Talibán tan fuerte como en años anteriores. La guerra eterna se convirtió en la necedad duradera. Afganistán se yergue hoy como símbolo de uno de los mayores fracasos de la denominada “Guerra contra el terrorismo”. Esto lo que generó fue precisamente el nacimiento y desarrollo de nuevos grupos de raíz takfirí, decididos a implementar su política del terror a la par de la destrucción que trajo aparejada la invasión de las potencias occidentales.

Pablo Jofré Leal

También puede leer este artículo de opinión en el diario Últimas Noticias: https://ultimasnoticias.com.ve/noticias/mundo/afganistan-el-fin-de-veinte-anos-de-invasion/

  1. Estrategia conocida bajo la denominación de “Caos Premeditado” del sionista estadounidense Paul Wolfowitz cuyo propósito era sostener por la fuerza un mundo unipolar, liderado por Washington, de tal manera que se gestara como línea central el impedir el surgimiento de potencias rivales. La idea central de esta estrategia era generar desestabilización global, maquillarla como acciones espontáneas ante la cual acude la superpotencia para estabilizar el país o la región bajo la siguiente idea “Nuestro primer objetivo es prevenir el resurgimiento de un nuevo rival que represente una amenaza parecida a la planteada anteriormente por la Unión Soviética, tanto en el territorio de la antigua URSS como en cualquier otro lugar. Esta es la base de nuestra nueva estrategia de defensa regional y requiere esfuerzo nuestro para evitar que una potencia hostil domine una región cuyos recursos, bajo un control consolidado, serán suficientes para generar energía global”
  2. https://www.hispantv.com/noticias/afganistan/490779/eeuu-otan-retirada-afganistan
  3. https://www.hispantv.com/noticias/economia/483536/iran-afganistan-ferrocarril-rohani-qani
  4. https://radio.uchile.cl/2016/05/13/afganistan-los-muertos-que-vos-matasteis-gozan-de-buena-salud/
  5. Idem pie de página Nº 4. Afganistán: Los muertos que vos matasteis gozan de buena salud. Afganistán, se yergue hoy, como símbolo de uno de los mayores fracasos de la denominada “guerra contra el terrorismo”. Esto, porque precisamente este objetivo lo que generó fue el nacimiento y desarrollo de nuevos grupos de raíz takfirí, decididos a implementar su política del terror a la par de la destrucción que trajo aparejada la invasión de las potencias occidentales.
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