El Cojo Ilustrado: Quincenario del Diecinueve Venezolano

Segundo Paso para Nuestra América.- La revista decimonónica venezolana, el Cojo Ilustrado, estuvo vinculada con la ideología del progreso. Allí, se reflejaba las aspiraciones de concretar aquellos valores y normas inherentes a la modernidad, superar la cultura militarista con la instauración de un Estado civilista. Era el sentir moderno, modernista y romántico de los más destacados pensadores nacionales y extranjeros a fin de cimentar sobre bases nacionalistas el ideario del progreso, el bienestar espiritual y material del pueblo venezolano.

El Cojo Ilustrado fue publicado, por primera vez, el 1ro. de enero de 1892; desde el inicio de esa fecha salió ininterrumpidamente hasta 1915; así, durante 23 años, la intelectualidad venezolana de la época escribió sobre una gran diversidad de temas científicos, filosóficos, políticos, sociales y culturales de carácter nacional, sin menospreciar el acontecer global.

En el prospecto del primer número, Manuel Revenga expresó que:

(…) varias y constante serán las secciones del periódico, pues propónense los editores mantener siempre esta publicación a una altura que nunca desdiga de nuestro progreso, siendo sus columnas reflejo fiel de todo lo que pueda contribuir a la ilustración y enseñanza del noble pueblo venezolano.[1]

Además, (…) aspiramos a que esta revista sea también vehículo para que en el extranjero sean conocidos los usos, costumbres y progresos de nuestra patria (…).[2]

De acuerdo con lo expuesto, obsérvese que “la ilustración y enseñanza del noble pueblo venezolano” estuvo vinculada con la ideología del progreso; es decir, el mencionado editorialista aspiró concretar los valores y las normas propios de la modernidad con la instauración de un Estado civilista en detrimento de la visión militarista fundada en Venezuela a partir del año 1830. Por consiguiente, los regentes de la revista El Cojo Ilustrado, Jesús María Herrera Irigoyen y Manuel Revenga, recogieron, en primera instancia, el sentir moderno, modernista y romántico de los más destacados pensadores nacionales y extranjeros a fin de cimentar sobre bases nacionalistas el ideario del progreso, el bienestar espiritual y material del pueblo venezolano: “El Cojo Ilustrado declara con sinceridad que no lo guía en lo más mínimo el móvil de inmoderada especulación, sino el bien encaminado entusiasmo de quien sabiendo amar a su patria sin tregua por enaltecerla y contribuye con sus fuerzas a su progreso y bienestar”.[3]

Asimismo, es de suma importancia expresar que la revista El Cojo Ilustrado sobrevivió a varias revoluciones militares: El fin del período de Raimundo Andueza Palacios (1890-1892); la Revolución Legalista (1892-1998), de Joaquín Crespo; el continuismo de Ignacio Andrade (1897-1899); la Revolución Restauradora (1899-1908), encabezada por Cipriano Castro, y los primeros seis años de la Revolución Rehabilitadora (1909-1935), golpe de Estado perpetrado a Castro, por Juan Vicente Gómez. A lo largo de esos veintitrés años intentaron proponer, sobre la base de las filosofías socio-políticas y jurídicas, ideales de civilización contraponiéndose a la racionalidad política del caudillo, arbitrario e individualista en sus decisiones políticas.

A decir de José Gil Fortoul, a propósito de la escritura de su Historia Constitucional de Venezuela: “Me fijaré más en las obras de la inteligencia y en los trabajos de la paz (…) Es verdad que las obras de la inteligencia, recogida en leyes, escritos y discursos, fue a menudo archivada en olvidadas bibliotecas; pero allí perduró como foco de una aspiración constante a la paz y al progreso”.[4]

Otras consideraciones sobre la revista

Julio Rosales en su libro titulado El Cojo Ilustrado,[5] legó preciosa información sobre “el hombre y su obra”: José María Herrera Irigoyen y su prestigioso quincenario. Respecto de ese periódico bisemanal, refirió que después del inesperado éxito editorial, durante su primer año, surgieron, en el escenario intelectual capitalino, dos revistas dirigidas y redactadas por algunos jóvenes: Cosmópolis y La Alborada.

En el caso de la publicación de Cosmópolis estuvo en manos de Pedro César Dominici, Pedro Emilio Coll y Luis Manuel Urbaneja Achelpohl: “y se edita en la Imprenta Bolívar, de donde más tarde saldría revestida igualmente con sus arreos de cruzado, La Alborada”.[6] Al respecto, según Rosales, vale la pena destacar que estas ediciones no opacaron la importancia de la revista regional, El Zulia Ilustrado: “(…) El Zulia Ilustrado, de Maracaibo y El Cojo Ilustrado, de Caracas, las únicas que pueden ser tomadas en cuenta por la solidez positiva, como exponentes definitivos de tendencias en su época”.[7]

A su vez, este escritor caraqueño destacó que la otrora inteligencia venezolana, antes de la aparición de la comentada publicación quincenal capitalina, leían La Ilustración Española; si bien relató, según su particular punto de vista, la diferencia sustancial entre ambos periódicos ilustrados:

La Ilustración Española estaba dedicada a presentar dentro del reino y, si acaso, propagar fuera de él, la vida intelectual genuina de la península; en cambio, El Cojo Ilustrado, aspiraba aclimatar, dentro de las fronteras nativas, las ideas cosmopolitas dominantes en el momento espiritual que cruzaba el mundo civilizado (…) y, a difundir, allende las vallas geográficas, el pensamiento local, con su aderezo vernáculo de poesía y arte más o menos venezolano.[8]

Otro aspecto característico que merece subrayarse, del bien documentado texto de Rosales, trató de los libreros que proporcionaron obras y revistas nacionales e importadas, entre otros menesteres, al selecto mundo de letrados venezolanos de fines del XIX; sobre esto, la empresa El Cojo expuso: “Los libreros de entonces, un venezolano distinguido, Parra Almenar, y un catalán, Puig Rog, los más famosos, abundaban en mercancía rutinaria”.[9]

No está demás describir que el El Cojo Ilustrado se editó en grande formato: 297 mm de ancho x 386 mm de largo, aproximadamente; si bien, debo mencionar las medidas de su única edición facsímil: 208 mm de ancho x 309 mm de largo, más o menos.

Apreciaciones generacionales en las páginas de El Cojo Ilustrado

El cuerpo directivo de El Cojo Ilustrado resaltó, con honrosa sorpresa, la entrega permanente de escritos históricos, costumbristas, científicos, artísticos, entre otros temas, por parte de pensadores de distintos grupos etarios: “(…) Año por año han venido ingresando a su tienda y bajos sus banderas desplegadas en señal de robustos ideales, los viejos veteranos de las letras y los mozos resueltos que en las primeras filas buscan lauros (…)”.[10] Si bien, la opinión generacional más importante puede ubicarse en el artículo Año Nuevo, de 1894: “(…) Ha sido una era de restauración intelectual que resume los fracasados proyectos e incita a la acción perseverante. Por eso, no morirán los nombres de los que han contribuido al aseguramiento de un propósito tan plausible (…)”.[11]

A propósito de lo dicho, en el artículo Nuevo Año, nº 25, del año 1893, Manuel Revenga −primer director de esta revista− y J. M. Herrera Irigoyen −propietario y también editor−, entre tantos nombres distinguidos, mencionaron con especial atención la colaboración de José Gil Fortoul, epónimo indiscutible de su generación:

Quiere nuestro cariño, y más que nuestro cariño la conciencia que tenemos de sus gran valer intelectual, que enviemos en párrafo aparte a Gil Fortoul la expresión sincera de nuestra gratitud por su constante colaboración. Unidos a él desde el tiempo de las puras ilusiones, unificados en ideas y propósitos, y estrechados hoy más por el fuerte lazo de un sepulcro querido, no podemos sino manifestarle cuán grande es nuestra deuda por sus escritos”.[12]

Es de suma importancia destacar que el mencionado “sepulcro” trató de la tumba del malogrado joven escritor tachirense, Luis López Méndez; según Gil Fortoul, su muerte de alguna manera contribuyó a la unión de la “familia intelectual” que luchó en contra del personalismo político en el país.

[1]El Cojo Ilustrado. Prospecto. 1 de enero de 1892, Año I, nº 1, 2. (Reimpresión).

[2] El Cojo Ilustrado. Prospecto. 1 de enero de 1892, Año 1, nº 1, 2. El Cojo Ilustrado. FIN DE AÑO. 15 de diciembre de 1898. Año VII. Nº 168, 2. (Reimpresión).

[3] Ibídem.

[4]José Gil Fortoul. Historia Constitucional de Venezuela. Volumen I, Editorial Cumbre, Biblioteca Simón Bolívar, Tomo IX, 1979 (Trabajé este tomo, cotejándolo con la edición de 1930, segunda edición corregida y ampliada por el autor).

[5] Julio Rosales. El Cojo Ilustrado. Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1966.

[6] Ibídem, 45.

[7] Ibídem, 60.

[8]   Julio Rosales. El Cojo Ilustrado. Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1966, 51.

[9]  Ibídem, 54.  

[10] El Cojo Ilustrado. Fin del Tercer Año. 15 de Diciembre de 1894, Año III, nº 72, 2. (Reimpresión). 

[11] El Cojo Ilustrado. AÑO NUEVO. 15 de Diciembre de 1894, Año III, nº 72, 3. (Reimpresión).

[12] El Cojo Ilustrado. NUEVO AÑO. 1 de enero de 1893, Año II, nº 25, 2. (Reimpresión).

La profesora Alexandra Mulino es socióloga, editora, escritora e investigadora. A través de su ELUCIDARIO AMERICANO nos invita a releer la riqueza ontológico social nuestroamericana, a contracorriente del canon occidental, con la pretensión última de legitimar otra mirada de carácter descolonizadora de los procesos históricos sociales y culturales que han consolidado hitos en torno de la nacionalidad y americanidad. 

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