Molecular, Disipativo y Antisistémico

Segundo Paso para Nuestra América.- Los levantamientos populares, juveniles, indígenas y campesinos que han tenido o están teniendo lugar en varios países de América Latina, responden a una lógica molecular, disipativa y antisistémica; además coinciden con el intento de reestablecer el neoliberalismo en la región. La originalidad, creatividad y horizontalidad de esta fuerza popular, radicalmente antagónica y combativa contra las políticas de desposesión del capital, es lo que el autor denomina "rebelión o revolución molecular", tan temida y violentamente perseguida por los gobiernos neoliberales.

La irrupción de un conjunto multiforme de levantamientos populares, juveniles, indígenas y campesinos en varios países de la región coinciden con la instrumentación de una programática político-económica de reordenamiento global de la emergente economía digital en América Latina. El carácter horizontal, creativo y plural de esta rebelión molecular contrasta con la creciente securitización de la vida que impulsan gobiernos regionales con el reflotamiento de propuestas neoliberales.

Esta lógica molecular, disipativa y antisistémica, se caracteriza por su confrontación radical al plan de sometimiento material y simbólico del capital con su recuperación de la participación y la democracia directa. En este intersticio, emergen agenciamientos colectivos como líneas de fuga no-asimilables a la lógica del sistema que cuestionan las formas jerárquicas y centralizadas de reproducción social. El proceso de individuación posesiva, que se inició en la década de los setenta, siempre intentó destruir los tejidos afectivos, organizativos y subterráneos, resistentes a las políticas de desposesión del capital. La acción colectiva de los jóvenes en Chile y en Colombia, conjuntamente con los profundos cambios en los repertorios de protestas de las movilizaciones sociales, apuntan a desmontar los poderes constituidos de la política del logos colonial-moderno.

Igualmente, las innovadoras protestas de poblaciones indígenas y campesinas en Perú, Chile, Ecuador y Colombia estremecieron los fundamentos políticos del neoliberalismo disciplinario. Esta apertura, una auténtica heterogénesis de situaciones colectivas, ponen en marcha formas modulares de movilización social que exploran nuevas síntesis de ejercicio de la política. La pluralización de nuevos agenciamientos colectivos se confronta radicalmente con las premisas estratégicas de la retórica neoliberal como salida única a la crisis de las hipotecas sub-primes en 2008. Las acciones colectivas espontáneas, indirectas y no-programadas de reclamaciones públicas crecen en la medida que las políticas de securitización gubernamentales se centran en la represión, persecución y muerte. El espacio urbano es reinterpretado mediante barricadas que potencian un torbellino de movilizaciones contra los aumentos del pasaje en Chile, un programa económico en Ecuador y una reforma tributaria en Colombia, por citar los más representativos. Este ciclo de protestas populares ocurre en los márgenes de los ordenamientos regionales que intentan someter y silenciar las fuerzas colectivas mediante un programa económico-político de transformación cultural.

En esta dirección, en un twitter del 3 de mayo, el expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez solicita resistir a la revolución molecular disipada como una agenda político-militar contra el terrorismo. De un modo tópico, como un agente regional de políticas económicas de raigambre neoliberal, persigue criminalizar la hondura y profundidad de las plurales demandas de las movilizaciones populares. Los ecos de la política de Guerra Preventiva contra el terror, impulsada por el expresidente de los Estados Unidos George W. Bush contra Afganistán e Irak, reaparece como fundamento de una política de securitización y contención de la movilización regional. Incluye, además, en su descripción las referencias indirectas a los trabajos de Félix Guattari e Ilya Prigogine, molecular y disipada respectivamente, como una muestra de cierta competencia intelectual. Pero, excluye deliberadamente en su radiografía social, los procesos de reordenamiento global que impulsan los Estados-nación en correspondencia con el nuevo espíritu del capitalismo corporativo.

El cercamiento y la segmentación territorial para el impulso de la lógica de las expulsiones conforman los diagramas de intervención político-económicos que sirven a la acumulación de capital. De este modo, la expulsión de indígenas y campesinos de sus tierras construye los prerrequisitos funcionales para la desposesión territorial, como un tópico de la profundización de la canibalización capitalista. La organización tecno-política, en un único movimiento, de las expulsiones y las desposesiones crea las condiciones de posibilidad de dos momentos complementarios entre sí. Por un lado, la proliferación de ejércitos de reserva que abaraten los costos de la mano de obra, y por el otro, la configuración de un territorio baldío para la extracción de materias primas. En ambos casos se produce una desafiliación y un desencaje de las comunidades con las semióticas de sus territorios, y se forjan identidades ancladas en una ontología posesiva sometida a los intercambios programados de la economía digital.  

En esta transición metabólica del capital, la integración de procesos militares, económicos y políticos acontece en un campo de fuerzas signados por una recuperación política de los bienes comunes. Esta última, sin embargo, es una historia silenciada por los dispositivos del neoliberalismo disciplinario que posicionan una fraseología centrada en el crecimiento económico, la productividad y el mercado. En efecto, la des-industrialización y la reprimarización de la economía promovida por las políticas de ajuste estructural neoliberal, desplazan hacia los territorios los conflictos y luchas de los movimientos campesinos, indígenas y populares, y estas luchas disruptivas se han convertido en un elemento fundamental de las actuales contestaciones sociales.

La realineación de los ciclos de protestas se ha enriquecido con las innovaciones en los repertorios de protestas que introducen las movilizaciones juveniles en Chile y Colombia. Este espíritu libertario y creativo, similar al Mayo Francés, reconduce las movilizaciones hacia disputas materiales y simbólicas que transgreden las formas del poder constituido. El profundo temor que producen en las derechas latinoamericanas se relaciona con el carácter molecular, transversal y horizontal de las movilizaciones; la consolidación de una agenda política modular que funciona como una estructura disipativa hacia afuera; y la emergencia de demandas antisistémicas que desmontan el formato demo-liberal de la política. El desafío a lo constituido por lo constituyente, resuena como un clamor de mayorías silenciadas por los encuadres corporativos del capital, este reencuentro con la politicidad de la voz es uno de los tantos retos de los imaginarios insurgentes de las rebeliones moleculares de la región.

Miguel Ángel Contreras Natera

GEOPOLÍTICA DEL CONOCIMIENTO

Miguel Ángel Contreras Natera es un eminente sociólogo, escritor, ensayista, articulista, investigador y docente universitario de dilatada trayectoria. El objetivo de esta columna semanal que nos ofrece el profesor Contreras es contribuir al esclarecimiento de las grandes dinámicas societales que se superponen y entrecruzan conflictivamente en un contexto de grandes transformaciones globales. La disputa político-espiritual entre el Atlántico Norte (Estados Unidos) y el Asia Oriental (China) que definirá las nuevas áreas de la acumulación capitalista y la irrupción de nuevas conflictividades en una pluralidad de espacios regionales. Las tensiones entre Estados y Grandes Corporaciones, entre la economía fósil y la economía digital, entre trabajo e Inteligencia Artificial conformará los contenidos de los grandes debates políticos, económicos y sociales del Siglo XXI. 

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