publicado el: 9 junio 2021 - 10:14

La capacidad y libertad de crear es lo que mantiene sanos a los tejidos sociales

Entrevista a Zuleiva Vivas, investigadora venezolana
La capacidad y libertad de crear es lo que mantiene sanos a los tejidos sociales

Segundo Paso para Nuestra América.- Sabemos que el arte es un territorio paradójico y contradictorio, dominado por una constante dialéctica que genera tensiones y cambios. Nada en él es estático ni definitivo. Es una permanente transformación, sin embargo, está presente en todos los ámbitos de nuestra vida. Para acercarnos a la complejidad de este entramado, Óscar Sotillo entrevista a la investigadora venezolana Zuleiva Vivas, con el fin de dar con algunas "claves y pistas sobre los mapas de la creación artística y su relación dialéctica con la realidad material y los cambios históricos".

El arte es un territorio amplio cargado de paradojas y escarpadas contradicciones. Las fuerzas que sobre él navegan están en constante pugna y tensión creadora. No existen consensos universales a la hora de establecer referentes, no hay últimas palabras en esta disciplina conectada directamente al alma humana. Pero el arte existe en una base material y allí convive con la política, la economía, las ciencias y el entramado de relaciones sociológicas sin las cuales no habría análisis mínimamente profundo. Este complejo panorama cargado de pasión y conocimiento hace de las disciplinas artísticas un elemento clave para el entendimiento de nuestra realidad como pueblos en constante búsqueda de identidad y definición de nuestros destinos.

Nuestro interés por escudriñar algunos de los elementos del arte de hoy y sus mecanismos nos llevó a entrevistar a la especialista venezolana Zuleiva Vivas. Fundadora de la Galería de Arte Nacional de Venezuela, investigadora, curadora de arte latinoamericano, galerista y educadora de vastísima experiencia. Su palabra de gran conocedora de estos territorios nos da un conjunto de claves y pistas sobre los mapas de la creación artística y su relación dialéctica con la realidad material y los cambios históricos.

En las preguntas, que viajaron por el ciberespacio, son protagonistas algunos conceptos como: la tecnología, la moda, los intereses de mercado, la pandemia y el sitio que hoy ocupa el arte. Para la infinita construcción de las coordenadas de las prácticas artísticas quedan estas palabras reflexivas cargadas de experiencia y de una acuciosa mirada cargada de pasión y conocimiento.

O.S.: Desde tu experiencia y tomando en cuenta un contexto mundial ¿Crees que hoy pudiéramos identificar un arte latinoamericano? Y si es afirmativo ¿Cuáles pudieran ser los elementos o las relaciones que lo definen?

Z.V.: En este momento, y desde el siglo pasado, vemos que no existe consenso para identificar al arte latinoamericano. Latinoamérica es un continente diverso desde la geografía, no solo respecto a territorios, sino también de sus ideologías y cultura. Las representaciones pueden ser locales o universales, muchos de los artistas han emigrado y regresan, las representaciones artísticas y los imaginarios tienen referencias e influencias globales. El arte latinoamericano hoy es casi más una categoría geopolítica, que una identidad cultural.

Si tomamos en cuenta lo que opinan algunos artistas e investigadores, acerca de la identidad o definición del arte de nuestro continente hoy día, se perciben las distintas visiones sobre el tema; por ejemplo, para Pedro Reyes (1972), arquitecto, artista y curador mexicano: “Lo que caracteriza al arte latinoamericano es la fascinación que sentimos por nuestra propia modernidad, es decir, el siglo XX. Creo que recurrimos con mayor frecuencia a la abstracción, el constructivismo, al legado político y literario de nuestra región. Los modelos europeos y norteamericanos están presentes como parte de la conversación, pero no se recurre a ellos como una genealogía indispensable.” Su visión está alejada de una identidad propia que daría lugar a una definición cerrada. Para los artistas que han fijado su residencia y su centro de producción artística fuera de su país natal, como el caso de la argentina Carla Zaccagnini (1973) quien vive y trabaja en Brasil, cuando se le pregunta si existe una identidad o definición para el arte latinoamericano dice: “hay que preguntarse por la construcción de ese lugar, que no es un lugar geográfico, sino una construcción ideológica. No creo que exista una identidad del arte latinoamericano. Creo más en una proximidad generacional, con artistas de dentro y de fuera de Latinoamérica.” Y Óscar Muñoz (Popayán, Colombia, 1951) sostiene que la fuerza y la vitalidad del arte latinoamericano de hoy es producto de sus profundas relaciones con la región, con los procesos diversos, las condiciones particulares y contradicciones con las que conviven. El arte latinoamericano ha logrado desmarcarse de las idealizaciones y los estereotipos establecidos, tanto desde fuera como desde dentro del territorio. Comparto estas afirmaciones completamente, así como también la preponderancia de lo político en los temas que desde los inicios del siglo XX ha sido una constante en las manifestaciones artísticas latinoamericanas. Sobre esa idea de identidad latinoamericana, Gerardo Mosquera lo dice de modo inmejorable: “El arte latinoamericano vive hoy uno de sus mejores momentos, sobre todo porque está dejando de ser arte latinoamericano”

O.S.: La historia del arte, al menos la oficial, es una sucesión de rupturas, descubrimientos e invenciones. Desde la perspectiva actual es fácil ver hacia atrás e identificar los elementos que definieron esta o aquella época. En un ejercicio irreverente ¿podría intentar definir algunos de los elementos que definen los tiempos actuales y el arte que en él se hace?

Z.V.: La historia del arte, hasta hace poco tiempo, era entendida y asumida desde la visión occidental, donde se regía por una sucesión de vanguardias e “ismos” y que a pie juntillas dábamos por sentado. A partir de mediados del siglo pasado, se toma conciencia de las omisiones o actitudes hegemónicas por parte de las distintas formas de poder que imponían tendencias y lo que podríamos denominar “arte en boga”. Siempre han sido los propios artistas los que indican la ruta de los variados caminos del arte. Vemos entonces que en estos tiempos, la mayoría de las veces, el mercado del arte y un gran número de “curadores”, como parte interesada para tomar partido en la escena internacional, son quiénes imponen las formas y estrategias de difusión de las artes. Prueba de ello es que los museos, anteriormente considerados como espacios de reconocimiento y legitimidad, al no incrementar o actualizar sus colecciones por razones económicas, así como la pérdida de audiencias, aunado esto a los casi tres años de pandemia y aislamiento a nivel planetario, no es fácil determinar los elementos que definen el arte actual. ¿Quiénes son las “voces autorizadas” para definir el arte de nuestro tiempo? Algunos ya han decretado que ha muerto el arte como es el caso de Artur Danto, quien en su libro Después del fin del Arte planteaba como una idea principal: la aparente muerte de los movimientos artísticos y de los grandes relatos tal y como los habíamos concebido tradicionalmente. A lo largo de la obra, defiende la idea de que esta supuesta muerte del arte no sería tal, sino que más bien se trataría de una renovación: la desaparición de los estilos progresivos del pasado en pro de un relato plural contemporáneo. Este relato plural, diverso e inaprensible, es lo que podríamos apuntar como elemento fundamental para el arte que se hace en este momento. Quizás sea por eso que surgió la concepción del arte poshistórico, y la clave para entender y aceptar este radica en la concepción misma del arte. Todo arte tiene en el fondo una esencia universal que lo define como tal, el problema es que aún no hemos conseguido definir bien el arte o, mejor dicho, su esencia universal. La estética, tradicionalmente considerada parte de esta esencia, en realidad no forma parte de la misma, ya que los estilos y movimientos artísticos son meras marcas o etiquetas temporales que utilizan los historiadores y estudiosos. Y es precisamente esa carencia de un relato legitimador y universal (o por llamarlo de otro modo, oficial) lo que define este arte posthistórico, ya que el momento artístico actual se caracteriza por la total libertad creativa (siempre sujeta a un mercado y su demanda) y el pluralismo.

O.S.: ¿Tiene el mundo del arte nostalgia de otros tiempos? Lo pregunto por el espacio protagónico que las artes parecen haber tenido en otros tiempos y que en este tiempo de la velocidad, la virtualidad y lo volátil parece no tener.

Z.V.: Desde mi punto de vista, no veo nostalgia por otros tiempos en el arte contemporáneo. Por supuesto, se trata de un criterio sesgado por mis intereses personales, ya que me abstengo de seguir ciega y sumisamente lo que marca la moda o las tendencias en el ámbito internacional y comercial del arte. Mis intereses en materia de arte se orientan hacia los conceptualismos, un tipo de manifestación que resume Arte=Vida. Comparto el pensamiento de artistas, como el alemán Joseph Beuys, entre otros, quien cree firmemente que el artista debe mezclar vida y obra como una misma cosa. Estos creadores construyen una imagen de artista tan artificial como artificiosa, pero tan real por lo que tienen de acorde a su tiempo. Ambos rodeados de un séquito, que derivó en todo el abanico de productos y subproductos que dominan el arte actual, afirmaba que «todo ser humano es un artista», y cada acción, una obra de arte. El protagonismo del arte hoy día responde a los intereses económicos más que a la valoración estética, o a su posición dentro de la evolución del arte mismo.

O.S.: Hay países donde todos los sistemas culturales son pagos, otros donde existe un sistema público gratuito para los ciudadanos. ¿Son excluyentes estos dos sistemas? ¿Cómo imagina un sistema cultural ideal? ¿Qué función debería cumplir un sistema público de servicio social en estos momentos?

Z.V.: Cuando hablamos de servicios culturales, éstos incluyen una gran cantidad como cines, teatros, conciertos, museos, etc. Generalmente, donde se cobran estos servicios, este ingreso se utiliza para cubrir los gastos de producción y honorarios profesionales de quiénes hicieron posible el evento, feria o festival. En el caso de los museos, cuando dependen de patrocinantes o fundaciones privadas, son éstos quienes garantizan los recursos para su funcionamiento, lo cual nos hace pensar que se exime al usuario del pago por disfrutar del servicio. Infelizmente, suele ser al contrario, estas instituciones u organizaciones, siempre cobran por sus servicios y alegan que es para garantizar la calidad en la oferta de servicio. Los museos nacionales en algunos países son de libre acceso porque los recursos provienen del Estado, sin embargo. muchos de ellos adolecen de infraestructuras bien mantenidas o de servicios como cafeterías, librerías y tiendas muy bien cuidadas y provistas de productos u objetos de calidad. La diferencia salta a la vista, incluso en muchos países considerados como “desarrollados”, los museos que no cuentan con un grupo de mecenas o aportes del sector privado, se ven completamente abandonados y congelados en el tiempo. También observamos que existen opiniones que defienden el cobro a los servicios culturales con la excusa de que el mismo genera un compromiso y la toma de conciencia por parte del usuario sobre el valor del servicio que recibe. En la situación actual, donde la gran mayoría de los países sufren las restricciones de movilidad y distanciamiento a causa de la pandemia del virus Covid-19, aunado a que pareciera ésta ser el cuento de nunca acabar ni aclarar, se nos dificulta imaginar el sistema cultural ideal. La “nueva normalidad” implica control y disminución de los aforos, así como el uso de tecnologías digitales desde casa. Sabemos además que hay una inmensa cantidad de población que está imposibilitada de acceder a internet y sus dispositivos. Esto significa que los avances que se habían logrado en materia de industria cultural, se ven reducidos y condicionados lo cual hace que se retorne a la exclusión o a la consabida “cultura para la élite”.

O.S.: Más allá de cualquier análisis es evidente que el arte, sus objetos, sus imágenes y relaciones siguen estando presentes en las relaciones sociales y emocionales de los individuos y comunidades. ¿Ha cambiado el papel el arte? ¿Qué funciones cumple hoy en los tejidos sociales? ¿Ha ganado o perdido importancia?

Z.V.: Las diferentes formas de representación artística corresponden a la necesidad fundamental de expresarse que poseen solo los seres humanos. El arte desempeña un papel mediador y motor de la comunicación, ya que el artista a través de su creación transmite no solo emociones, sino también mensajes, y nos hace reflexionar sobre nuestra existencia, los problemas sociales o la vida en general. Desde esta perspectiva, se convierte en una herramienta que puede cambiar o educar a una sociedad. La capacidad y libertad de crear es lo que mantiene sanos a los tejidos sociales, cuando se pierden estas posibilidades vemos como colapsan, y se extinguen las sociedades. Al reunir a las personas, en actividades culturales como festivales, ferias o clases, éstas crean solidaridad y cohesión social, fomentan la inclusión social, el empoderamiento de la comunidad y el desarrollo de capacidades, y mejoran la confianza, el orgullo cívico y la tolerancia.

La participación en la cultura contribuye a las poblaciones sanas de varias maneras. Se ha demostrado que la creatividad y el compromiso cultural mejoran la salud mental y física. Un creciente cuerpo de investigación también demuestra que las artes pueden mejorar la salud y el bienestar de los adultos mayores. La participación en las artes puede aliviar el aislamiento y promover la formación de identidad y el entendimiento intercultural. La cultura ayuda a construir el capital social, el pegamento que une a las comunidades. Todo esto demuestra como se ha redimensionado el papel del arte y la cultura en favor de las comunidades, lo cual indica que han ganado importancia, como el derecho al uso del agua. Los gobernantes tienen el deber y la responsabilidad de velar por la calidad de vida de sus gobernados y administrar los recursos, priorizando, antes que nada, el acceso y disfrute de los servicios culturales sin costo alguno para todos y todas, al igual que debería ser la educación y la atención a la salud. Cuando esto ocurre de manera natural y eficiente, cuando la atención es por igual sin distingo de nivel económico, educativo o nacionalidad, son mínimos los porcentajes de violencia pública y doméstica, se incrementa la felicidad y el buen vivir en la población. Infelizmente el acceso gratuito a los servicios culturales, que es el deber ser, hoy más que nunca se nos presenta como una utopía.

O.S.: En plena era digital, en pleno auge de las redes sociales y de la virtualidad existe un arte material, objetos de diversas naturalezas que siguen siendo referencias estéticas, culturales, identitarias y económicas. ¿Es esta virtualidad solamente una moda o es un rompimiento paradigmático?

Z.V: Pienso que se trata de una moda, la evolución de la humanidad es indetenible y la virtualidad parece ser fundamental en este momento. Sobre todo para las corporaciones vinculadas a las artes y sus beneficiarios, que son quienes avalan que sea a través del nuevo escenario digital desde donde se difundan multitud de obras de arte. La documentación y reproducción del patrimonio artístico en este nuevo soporte no ha dejado indiferentes a investigadores de diversas disciplinas que han teorizado sobre las aportaciones y los efectos que genera. Mientras, otros investigadores se han centrado en demostrar las infinitas innovaciones que el sistema digital está aportando a las artes plásticas. Investigaciones recientes han demostrado que el uso de la tecnología 3D en este sector ofrece posibilidades creativas inimaginables. Si a lo largo del siglo XX la fotografía o el videoarte fueron conviviendo poco a poco con la pintura o la escultura en las salas de los museos, ahora los formatos en los que se presenta la creación artística se multiplican y se vuelven más difusos. También más accesibles. La explosión tecnológica ha cambiado nuestra forma de comunicarnos, de informarnos, de relacionarnos y, posiblemente, nuestra propia concepción de la vida. ("https://retina.elpais.com/retina/2017/07/26/tendencias/1501078574_090768.html" \ t "_blank"). El pasado mes de marzo, la casa de subastas Sotheby's presentaba, por primera vez, una obra creada por una inteligencia artificial, "Recuerdos de transeúntes". Es una instalación que muestra, a través de dos pantallas, un sinfín de retratos de hombres y mujeres generados por una máquina, ideada por el artista y programador alemán Mario Klingemann. ("https://retina.elpais.com/retina/2017/10/20/tendencias/1508491755_698131.html" \ t "_blank") que la ha creado. La obra se vendió por 55.826 dólares estadounidenses. El de Klingemann es un caso extremo, pero muestra cómo el arte actual se encuentra en una constante evolución. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la mayoría de estas afirmaciones no aplica a todos los países, pues las condiciones culturales, políticas y económicas determinan las posibilidades expresivas de los artistas. La formación, el acceso a nuevas referencias y materiales determinan en gran parte la velocidad y asimilación de los cambios y posiciones estéticas de los artistas. No obstante, debemos tener en cuenta que la mayoría de estas afirmaciones no aplica a todos los países, pues las condiciones culturales, políticas y económicas determinan las posibilidades expresivas de los artistas. 

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