Rafael Barret, vigencia de su pensamiento

Segundo Paso para Nuestra América.- La actualidad ética y política del pensamiento de Rafael Barret es indiscutible. Este español de nacimiento y paraguayo por decisión, desarrolló una crónica social que todavía explica la realidad sociopolítica y ética de Nuestra América. Sin tapujos denunció a un estamento político corrupto, especialmente, paraguayo que negoció la soberanía a contrapelo de la necesidad material y espiritual del oprimido y explotado. En consecuencia, Barret hoy simboliza las luchas que llevan adelante los pueblos indígenas encabezados, entre otros líderes, por Milagro Sala y Facundo Jones Huala. Su trabajo periodístico (asimismo sus ensayos y cuentos), a pesar de provenir de la aristocracia hispana, aparte de su muerte prematura, es de obligatoria lectura por su compromiso sociopolítico a favor de la autodeterminación de los pueblos.

Rafael Barrett español de nacimiento y paraguayo por convicción, es todavía uno de los portavoces más importantes del proletariado latinoamericano. Nació el 7 de enero de 1876 por los alrededores de Santander. De buena cuna. Su madre Carmen Álvarez de Toledo era descendiente del Duque de Alba y su padre George Barrett Clarke súbdito inglés de prosapia.

Durante su juventud se codeó con la aristocracia europea. Su herencia la dilapidó entre la buena mesa y el reino de las Musas. Si bien, no descuidó su formación académica, cursó sus estudios básicos en París y en la Facultad de Ingeniería de Madrid.

Empobrecido, fue rechazado por los sectores rancios de la sociedad española de principios del siglo veinte. “Se bate frecuentemente a duelo apadrinado en alguno de ellos por su amigo Valle Inclán”. [1] En uno de esos altercados casi perdió la vida por los intríngulis del duque de Arión. En consecuencia, marchó definitivamente del viejo continente; primero, a Buenos Aires, después a Asunción.

Una vez en el Cono Sur, apoyó decididamente la rebelión liberal del general Benigno Ferreira “que lo incorporó a la lucha en la jefatura del Departamento de Ingenieros”. [2] De igual manera, laboró ​​como colaborador en los periódicos La Tarde y Los Sucesos de Eugenio Garay; además como corresponsal en Asunción de El Tiempo del Dr. Vega Belgrano.

Resuelto entusiasta de la revolución, fijó su residencia en la capital paraguaya. Laboró ​​en calidad de ingeniero, estadístico y redactor. Como secretario en los ferrocarriles, tuvo la oportunidad de conocer la situación de los obreros. Sin embargo, su labor periodística lo sumergió por completo en la penosa situación social de los explotados y marginados de su entorno capitalino.

En un lapso de siete años, de 1903 a 1910, escribió artículos de prensa con aguda inteligencia sociológica. En 1903, llegó de España a Buenos Aires. Laboró ​​en El Diario Español dirigido por López Gómera. Fue despedido por su crítica titulada “Buenos Aires”, donde denunció la grave situación social de ese pueblo sufrido. En 1904, arribó a Paraguay. De 1904 a 1908, mostró sistemáticamente la injusticia social imperante. Por consiguiente, su activa intervención en la rebelión del 4 de julio de 1908, lo llevó por distintos derroteros. En Brasil, Corumbá, donde fue llevado a prisión. Luego, arribó al Uruguay, Montevideo, con la esperanza de regresar al Paraguay junto a su esposa Francisca López Maíz de Barrett y su hijo Alejandro.

En 1910, durante su estadía forzosa en Uruguay, le fue diagnosticado tuberculosis. Después de algunas vueltas, arribó a San Bernardino, Paraguay, donde decidió partir a Francia, Arcachon, con la esperanza de sanar su grave enfermedad respiratoria. Murió el 17 de diciembre de ese año.

En tan breve tiempo publicado en El Diario Español (Buenos Aires), El Tiempo (Buenos Aires), Ideas (Buenos Aires), Los Sucesos (Asunción), El Cívico (Asunción), El Paraguay (Asunción), La Tarde (Asunción) , Rojo y Azul (Asunción), El Economista Paraguayo (Asunción), El Diario (Asunción), Germinal (Asunción), La Razón (Montevideo), El Siglo (Montevideo), El Espíritu Nuevo (Montevideo), Caras y Caretas (Buenos Aires), El Liberal(Montevideo), La Evolución , La Rebelión (Asunción) y El Nacional (Asunción).

Entre sus obras más significativas destacan Moralidades (1910), Lo que son los yerbales (1910), El dolor paraguayo (1911), Cuentos breves (1911), Mirando vivir (1912), Al Margen (1912), entre otros. Por lo demás, dos Obras Completas editadas en los años 1943 y 1954 y un epistolario publicado en 1967.

Ahora bien, en el marco de esta sucinta nota, creo de sumo significativo subrayar apartado compuesto por Barrett por su importancia sociopolítica actual que aún nos determina moral y espiritualmente. “Gallinas”, comentario divulgado en El Nacional , el 5 de julio de 1910, merece la pena su transcripción íntegra, por lo antes planteado:

"Mientras no poseía más que mi catre y mis libros, fui feliz. Ahora poseo nueve gallinas y un gallo, y mi alma está perturbada. La propiedad me ha hecho cruel. Siempre que compraba una gallina la ataba dos días a un árbol, para imponerle mi domicilio, destruyendo en su memoria frágil el amor a su antigua residencia. Remendé el cerco de mi patio, con el fin de evitar la evasión de mis aves, y la invasión de zorros de cuatro y dos pies. Me aislé, fortifiqué la frontera, tracé una línea diabólica entre mi prójimo y yo. Dividí la humanidad en dos categorías; yo, dueño de mis gallinas, y los demás que podrían quitármela. Definí el delito. vez lancé del otro lado del cerco una mirada hostil.

Mi gallo era demasiado joven. El gallo del vecino saltó el cerco y se puso a hacer la corte a mis gallinas ya amargar la existencia de mi gallo. Despedí a pedradas el intruso, pero saltaba el cerco y aovaron en casa del vecino. Reclamé los huevos y mi vecino me aborreció. Desde entonces vi su cara sobre el cerco, su mirada inquisidora y hostil, idéntica a la mía. Sus pollos pasaban el cerco, y devoraban el maíz mojado que consagraba a los míos. Los pollos ajenos me parecieron criminales. Los perseguí, y cegado por la rabia maté a uno. El vecino atribuyó una importancia enorme al atentado. No quiso aceptar una indemnización pecuniaria. Retiró gravemente el cadáver de su pollo, y en lugar de comérselo, se lo mostró a sus amigos, con lo cual empezó a circular por el pueblo la leyenda de mi brutalidad imperialista. Tuve que reforzar el cerco, aumentar la vigilancia, elevar, en una palabra, mi presupuesto de guerra. El vecino dispone de un perro decidido a todo; yo pienso adquirir un revólver.

¿Dónde está mi vieja tranquilidad? Estoy envenenado por la desconfianza y por el odio. El espíritu del mal se ha apoderado de mí. Antes era un hombre. Ahora soy un propietario… " [3]

A caballo entre el anarquismo y el socialismo, Barrett mostró el hueso de las relaciones sociales que genera la propiedad privada. A su vez, dejó en claro la imposibilidad de alcanzar justicia social mientras la condición humana esté determinada por el egoísmo. Su mencionado “anarquismo humanista y moralizador” incitó la transformación de la consciencia social sobre la base de lo que planteó Bakunin: “destruir es crear”, pero no con la dinamita sino a través de la esperanza. Confianza que infunde la creencia de que un mundo mejor es posible sin los límites impuestos por el individualismo atroz que reduce la acción del hombre a un puro "yo", en detrimento del "nosotros".

Bibliografía

Barrett, Rafael. El dolor paraguayo . Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1987.

[1] Rafael Barrett. El dolor paraguayo. Biblioteca Ayacucho, Caracas, 1987, pág. 226. 

[2] Ibídem.

[3] Ibídem, pág. 188.

La profesora Alexandra Mulino es socióloga, editora, escritora e investigadora. A través de su ELUCIDARIO AMERICANO nos invita a releer la riqueza ontológico social nuestroamericana, a contracorriente del canon occidental, con la pretensión última de legitimar otra mirada de carácter descolonizadora de los procesos históricos sociales y culturales que han consolidado hitos en torno de la nacionalidad y americanidad. 

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