Pueblos Nativos de Norteamérica

Segundopaso - Las masacres a nativos americanos cometidas por unidades militares estadounidenses durante el siglo XIX son parte de un proceso que los historiadores denominan “colonialismo de colonos”.

Estados Unidos surgió a partir de la colonización británica de América, protagonizada por oleadas de inmigrantes británicos entre los siglos XVII y XVIII que fundaron las Trece Colonias en la costa atlántica del subcontinente norteamericano. El 4 de julio de 1776, emitieron la Declaración de Independencia, que proclamó su derecho a la libre autodeterminación y el establecimiento de una unión cooperativa.

Las masacres a nativos americanos cometidas por unidades militares estadounidenses durante el siglo XIX son parte de un proceso que los historiadores denominan “colonialismo de colonos” donde los funcionarios federales actuaron conscientemente para acelerar la expansión territorial y tomar tierras de los pueblos indígenas incluso antes de redactar la Constitución.

El proceso de invasión y expansión territorial en curso persuadió a los funcionarios de que necesitaban tomar la tierra de los indígenas y borrar sus prácticas culturales e identidad. Eso condujo a trasladar a los pueblos tribales a reservas aisladas y mantenerlos en una posición subordinada en la sociedad estadounidense. La noción de “colonialismo de colonos” describe con precisión y eficacia la adquisición de tierras y el socavamiento de la existencia tribal. También explica cómo y por qué los nativos llegaron a librar guerras de resistencia frente a la marginación impuesta en su propio territorio.

La Oficina del Censo de Estados Unidos informó que se habrían librado cuarenta guerras con los indios desde la independencia. Más concretamente, el ejército afirmó que entre 1865 y 1890 había estado involucrado en cerca de 1.000 enfrentamientos con grupos indígenas. Otras compilaciones incluyen cientos de batallas y masacres. Las listas presentan evidencia indiscutible de que los civiles estadounidenses mataron a tantos indios más que las mismas tropas.

Las acciones militares formales aparecen en la historia como “guerras indias”. El Artículo I de la Constitución de los Estados Unidos le otorgó al Congreso el único «Poder para declarar la guerra», para «levantar y apoyar ejércitos» y «para reprimir la insurrección y repeler la invasión». Los indios simplemente no eran considerados parte de la sociedad estadounidense, por lo que no podrían haberse unido a una insurrección contra el gobierno. Tampoco pudieron invadir Estados Unidos, porque vivían dentro de él. De hecho, sucedió todo lo contrario: los pioneros invadieron tierras tribales y los presidentes de Washington autorizaron campañas militares contra los grupos indígenas.

Como resultado, el Ejército de los Estados Unidos y varias unidades de la milicia lucharon contra los indios en la década de 1790 y finales del siglo XIX. Las grandes masacres de indígenas cometidas por el ejército constan en la historia desde el oeste de Alabama hasta Arizona y desde el norte de Arizona hasta Montana e Idaho, contados casi siempre solo como “incidentes aislados”. Pocos son conscientes que la expansión hacia el oeste comenzó con un genocidio decretado por el presidente Andrew Jackson en 1826. Con su política llamada “Reubicación”, requería el traslado forzoso de los nativos americanos de sus territorios tradicionales al oeste del Río Mississippi. Empujados por los colonizadores y el ejército, miles de ellos murieron en su marcha forzada, ahora conocida como la “Senda de las Lágrimas”.

Cincuenta años después del Decreto de Jackson y su genocidio, se adoptó una nueva política. Fue llamada “Adjudicación y Asimilación”. Esta política, comenzada en 1887, forzó la adjudicación de tierras de propiedad comunal a miembros tribales individuales, forzando así la asimilación de los nativos americanos. Además, perdieron millones de acres y millares de personas fueron expulsadas de sus posesiones, masacradas o murieron de hambre.

La política de “Adjudicación y Asimilación” finalizó en 1934 con el reconocimiento de las Tribus Indias como naciones autónomas, con la Ley de Reorganización India de 1935. Fue una promesa fraudulenta que imponía un sistema de autonomía ajeno a los pueblos tradicionales. Pero la inhumanidad de estas medidas, no terminó. El secuestro de niños indígenas continuó para ser enviados a escuelas de internado, separándolos de sus familias, comunidades y culturas, en las palabras de un Congresal del siglo XIX “para matar al indio y salvar al hombre”, hasta mediados del siglo XX.

Persiste en la memoria viva de muchos nativos americanos, siendo sus padres y abuelos, y ellos mismos y sus familias, víctimas de este crimen. En 1953, los Estados Unidos volvieron otra vez a la asimilación (y etnocidio) con una nueva política llamada “Finalización”. Esta política llamaba a poner fin a cierta asistencia económica a las Tribus Indias y forzó la disolución de 109 Naciones Indígenas sus reservaciones y sus gobiernos fueron deshechos por dictamen del Congreso.

Continuando esta política de asimilación, el Congreso adoptó la Ley de Reubicación de 1956, redujo substancialmente el apoyo económico a las tribus, sometiendo a los indígenas a una pobreza aún mayor. Esta Ley también financió el traslado y el establecimiento de nuevas residencias para cualquier nativo americano, ya fuera de una tribu, y reubicarlos en centros urbanos aprobados, lo que les expuso a una situación mucho peor, como el desempleo y a padecer enfermedades como diabetes, alcoholismo y tuberculosis, más que el resto de la población.

Una “creencia” persistente de la población no-indígena, es que continúan pensando que el indio debería ser asimilado, hasta el año 2000, no existía ninguna categoría racial para los pueblos nativos de los Estados Unidos en su lista estadística de muertes. Si no hay datos, no hay indios. La realidad del racismo, pobreza y marginación de este no-reconocimiento de la existencia misma de los indígenas lleva a conocer las verdaderas condiciones de los nativos americanos en la historia contemporánea en ese país.

Actualmente se cifra entre 2,5 y 6 millones de población que se autoreconocen como indios, de los cuales el 20% vive en aldeas nativas. Los indicadores socioeconómicos mencionan un índice de pobreza aproximadamente el 27%. Todas las naciones originarias están sufriendo frecuentes inundaciones a consecuencia del cambio climático y las políticas extractivistas de Estados Unidos. Existe la permanente amenaza de la presencia de industrias mineras y petroleras que hablan de “desarrollo económico” en perjuicio de estos pueblos y de la naturaleza.

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