El método histórico de las generaciones de José Ortega y Gasset

Segundo Paso para Nuestra América.- La racionalidad del Método Histórico de las Generaciones, propuesto por José Ortega y Gasset, legitimó la selección de cartas escritas por algunos venezolanos remitidas a Miguel de Unamuno entre 1900 y 1903. En consecuencia, este ejercicio hermenéutico centró su atención en el mundo de la vida de aquellos que otrora sus edades oscilaron entre 30 y 45 años. El filósofo madrileño llamó a esta generación de iniciación -y decisiva- al tomar en cuenta la fecha en que su representante generacional -o epónimo- cumplió los 30 años. Por esta última razón, los nacidos entre 1870 y 1874 fueron los sujetos escogidos para este estudio general.

El filósofo y sociólogo Ortega y Gasset, nació en Madrid, el 9 de mayo de 1883 y murió en la misma ciudad en 1955. Al igual que Miguel de Unamuno, su pensamiento influyó profundamente en el devenir intelectual latinoamericano. Su concepción sociológica fundamentada en el método histórico de las generaciones contribuyó, notablemente, en la sistematización cualitativa del pensamiento social y filosófico por la originalidad de sus planteamientos en contra del idealismo y el positivismo.  

En términos generales, defendió que los hechos sociohistóricos descansan sobre bases estructurales, desestimando, así, los supuestos de carácter empiristas y psicologistas. Por tal motivo, consideró que la historia es la “reconstrucción de la estructura de ese drama que se dispara entre el hombre y el mundo”.[1] En suma, su propuesta radicó en el estudio de la estructura objetiva de la vida; es decir, de la estructura vital.

Ahora bien, de acuerdo con lo expuesto por el filósofo madrileño, la relación entre el hombre y el mundo debe comprenderse como actualidad histórica, como hoy. Ello implica que el examen sincrónico de una convivencia actual debe analizarse como unidad en un tiempo histórico. Al respecto, afirmó que la estructura vital es un tiempo histórico, es un hoy, entre otros hoy, en el desarrollo histórico social; por tanto, es posible efectuar varios cortes sincrónicos, o la selección de unidades de tiempo, para su pesquisa en un período histórico determinado. Al punto que el problema histórico de las generaciones “permite ver esa vida desde dentro de ella, en su actualidad. La historia es convertir virtualmente en presente lo que ya pasó”.[2]

En relación con lo expuesto, el autor en cuestión dejó en claro que un hoy, como modo de vida, debe abordarse distinguiendo −en las relaciones generacionales− los contemporáneos de los coetáneos. Tener la misma edad y compartir algún contacto vital define la noción de generación; por ende, éste concluyó que la comunidad de fechas y la comunidad espacial son las características vitales de una generación. La comunidad de fechas, o zonas de fechas, identifican los que tienen la misma edad vital e históricamente; con ello, quiere decir que: “Lo decisivo en la vida de las generaciones no es que se suceden, sino que se solapan o empalman. Siempre hay dos generaciones actuando al mismo tiempo, con plenitud de actuación, sobre los mismos temas y en torno a las mismas cosas pero con distinto índice de edad y, por ello, con distinto sentido”.[3]

Además, cabe destacar que la vida del hombre −desde una perspectiva histórica− se divide en cinco edades de a quince años: niñez, juventud, iniciación, predominio y vejez; aunque apuntó que el lapso histórico de importancia para el tema de las generaciones son las de iniciación y predominio. La generación de iniciación cuenta con actores cuyas edades oscilan entre los 30 y 45 años, mientras que la generación de predominio representa a los sujetos entre los 45 y 60 años de edad.

Al respecto, recomendó a los historiadores de las ideas que deben escoger el epónimo −o epónimos− una vez acotado el hoy, o el presente o época, a investigarse a fin de definir la estructura vital de la generación decisiva. La técnica para delimitar la generación decisiva consiste en preguntarse cuándo cumplió 30 años de edad el epónimo −o grupo de epónimos− seleccionado.

En el caso de este somero artículo, ejemplifico lo expuesto a través de la selección de algunas misivas redactadas por jóvenes escritores venezolanos a Miguel de Unamuno. A su vez, reconocí como epónimo a Eloy Guillermo González,[4] otrora joven pensador de altos quilates que defendió con verdadero nacionalismo patrio la dignidad de sus colegas desprestigiados por las opiniones eurocéntricas de Julio Calcaño, secretario perpetuo de la Academia de la Lengua, quien dudó de la capacidad literaria de estas nuevas generaciones; de esa afrenta, nació el Primer Libro Venezolano de Literatura, Ciencias y Bellas Artes de 1895.

Ahora bien, ¿cuándo cumplió 30 años de edad Eloy Guillermo González? Este alcanzó los 30 años el 25 de junio de 1903. Por ende, esa fecha, 1903, es la fecha de la generación decisiva representada por éste. Es necesario advertir que no trata de una simple expresión aritmética, sino de una concepción vital, cualitativa, por ende, histórico social.

De acuerdo con lo señalado, ordeno las comunicaciones de la siguiente manera:

Cuadro nº 1

Generación decisiva

Eloy G. González (1873) Epónimo

Pedro César Dominici (1873)

Manuel Díaz Rodríguez (1871)

Pedro Emilio Coll (1872)

Rufino Blanco Fombona (1874)

Cuadro nº 2

Generación de iniciación

Eloy G. González

Pedro César Dominici

Manuel Díaz Rodríguez

Pedro Emilio Coll

Rufino Blanco Fombona

José Gil Fortoul (1861)

Tulio Febres Cordero(1860)

Cuadro nº 3

Generación Joven

Diego Carbonell (1885)

José Tadeo Arreaza Calatrava (1882)

Nótese en el cuadro nº 2, que tanto José Gil Fortoul como Tulio Febres Cordero cabalgaron entre las generaciones de iniciación y de predominio. En ese momento de 1903, el sociólogo larense contaba con 42 años y el médico merideño con 43 años. Mientras que el cuadro nº 1, representa la generación clave de ese período histórico.

Reconocimiento generacional

Los personajes ubicados en el cuadro nº 1, constituyeron la generación decisiva representada por Eloy Guillermo González. Vale la pena destacar que en sus misivas a Miguel de Unamuno, visibilizaron el quehacer intelectual de su propia generación y de la anterior en algunos casos; sin embargo, buena parte de este grupo generacional, omitió a los connacionales de las generaciones pasadas; en consecuencia, muchos veneraron a escritores y artistas extranjeros, especialmente a los franceses; a decir del caraqueño Alejandro Fernández García: “Los escritores jóvenes americanos tenemos una gran lectura francesa. Las canciones de Verlaine, de Baudelaire y de Muset son las abejas de nuestros rosales interiores”.[5]

En el caso de Pedro Emilio Coll, nombró en sus cartas a varios de sus contemporáneos: Alejandro García Fernández, Manuel Díaz Rodríguez, Rafael Ricardo Revenga y al otrora jovencísimo, J. T. Arreaza Calatrava. Respecto de sus autores preferidos mencionó a Nietzsche, Gorki, Merejkovsky, Ibsen y a Gourmont. En relación a Unamuno refirió: “Ud. es para mí la voz más alta de España y de los primeros educadores de este tiempo. Mi alma sigue la suya en los infiernos, los purgatorios y los paraísos del pensamiento”.[6] De igual manera, Pedro César Dominici aludió en sus epístolas a Manuel Díaz Rodríguez, a propósito de un comentario hecho por Unamuno sobre su libro Ídolos Rotos.

Ni que decir de Rufino Blanco Fombona, sus postales exaltaron nombres rimbombantes europeos. Si bien, su espíritu americanista es indiscutible, amén de su talante crítico respecto de sus contemporáneos; por ejemplo, en ese entonces Unamuno pretendía escribir un libro sobre  “Hispanoamérica”; al respecto, Blanco Fombona le recomendó: “Pero no vaya Ud., por Dios, a sacar de su sombra a tanta mediocridad engreída como pulula por allí, a tanto genio goajiro, (…) De América, a lo más obtendrá U. una docena de espíritus d’elite (…)”.[7]

 La misma crítica hallé en las epístolas a Unamuno firmadas por Manuel Díaz Rodríguez. En una de sus esquelas, éste le notificó al maestro la diversidad de opiniones recibidas por la publicación de su novela Ídolos Rotos; no obstante, le terminó confesando que “entre los mejores juicios están en primer término los de Pedro Emilio Coll y sobre todo Ángel C. Rivas”.[8] Del resto de las críticas, expresó que: “Casi todos los que han hablado y escrito contra Ídolos Rotos son doctorcitos de la prensa y políticos tras que, al hacer así, defendían su negocio”.[9]

En suma, nótese que, por una parte, dejaron entrever la poca o ninguna influencia recibida por la generación vieja figurada por los catedráticos Adolfo Ernst, Rafael Villavicencio, Aníbal Dominici, Manuel María Urbaneja, Elías Rodríguez y Rafael Seijas; mas, por otro lado, reconocieron a los miembros de la generación anterior en los medios académicos, políticos y periodísticos por todos ellos frecuentados, nótese: Eloy Guillermo González, en carta dirigida a Unamuno, fechada el 26 de abril de 1907, escribió, “Gil Fortoul me avisa que envió a un su amigo de aquí los artículos de U. Los he suplicado para hacerlos reproducir”.[10]

Alexandra Mulino

amulinove@yahoo.es

Bibliografía

Ortega y Gasset, José. Obras Completas. Taurus, Edición Fundación José Ortega y Gasset, Centro de Estudios Orteguianos, Madrid, 2006.

Epistolarios

Copias de sus originales pesquisadas en los archivos de la Casa Museo “Miguel de Unamuno”, de la Universidad de Salamanca.


[1] José Ortega y Gasset. Obras Completas. Taurus, Edición Fundación José Ortega y Gasset, Centro de Estudios Orteguianos, Madrid, 2006, p.32.

[2] Ibídem, p. 48.

[3] Ídem, p. 61.

[4] Eloy G. González nació en Tinaco, Cojedes, en el año 1873 y murió en Caracas en 1950. Destacado escritor, periodista, ingeniero e historiador. Formidable docente de la Universidad Central de Venezuela y el Instituto Pedagógico de Caracas. Honró el tricolor nacional por su probidad y sapiencia. Cabe destacar que seleccioné como epónimo a este intelectual por su arrojo y honradez al defender a ese grupo heterogéneo de los ataques ideológicos perpetrados por Julio Calcaño. 

[5] Alejandro Fernández García a Miguel de Unamuno, 1900, p.1.

[6] Pedro Emilio Coll a Miguel de Unamuno, 1900, p. 2.   

[7] Rufino Blanco Fombona a Miguel de Unamuno, 1901, p. 1.

[8] Manuel Díaz Rodríguez a Miguel de Unamuno, 1901, p.3.

[9] Ibídem , 4

[10] Eloy G. González a Miguel de Unamuno, 1907, p. 1.

La profesora Alexandra Mulino es socióloga, editora, escritora e investigadora. A través de su ELUCIDARIO AMERICANO nos invita a releer la riqueza ontológico social nuestroamericana, a contracorriente del canon occidental, con la pretensión última de legitimar otra mirada de carácter descolonizadora de los procesos históricos sociales y culturales que han consolidado hitos en torno de la nacionalidad y americanidad. 

Código para noticias 1738

etiquetas

Su comentario

Usted está respondiendo
Indicio de comentario
1 + 2 =