Cuba y la Carta de la ONU: Una Historia de Agresiones Parte V

Segundopaso - Las leyes específicas, claramente unilaterales que Estados Unidos ha generado para desestabilizar a la revolución cubana son impresentables. Muestra del poder hegemónico norteamericano avalado por un congreso, sea de mayoría demócrata o republicana, que está dotado de un afán totalitario, implementando acciones propias de tiempos de guerra sin haber declarado inicio de hostilidades con el Estado agredido y sin la pretensión de disfrazar su carácter de atraco criminal.

Más allá de meras condenas y palabrerías planteadas en entidades multilaterales, como son las propias Naciones Unidas, su Asamblea General u otras instancias de discusión, poco se hace con relación a esta práctica permanente de los gobiernos norteamericanos. Desde la administración del ex presidente Dwight Eisenhower hasta el actual mandatario Joe Biden, se han establecido políticas de máxima presión contra Cuba, sin que el paso de los años haya significado una disminución de los ataques contra la mayor de las Antillas. No se puede esperar mucho más de los gobiernos que se dicen democráticos del mundo, ante estas medidas violatorias de las más elementales normas de convivencia internacional. No hubo solución en los años de agresión contra el pueblo de Nicaragua, ni en  el caso del El Salvador, Guatemala, Vietnam, como no lo ha sido contra Siria, Irán, Libia, Irak o  Afganistán, entre otros y menos lo será en el caso de Cuba.  

La actuación timorata en unos, cómplice en otros de esta "Comunidad Internacional” ante la criminal agresión que sufre el pueblo de Cuba, debe hacernos recapacitar sobre que clase de mundo es el que estamos embarcados. Regocijados muchos gobiernos, por la caída del campo socialista, que a pesar de todas sus limitaciones era capaz de plantarle cara a los embates de aquellos países, que se siguen proclamándose como faro de civilización, poseídos de un destino manifiesto o autodefinidos como pueblos elegidos y que en el inicio del siglo XXI han incrementado la idea de dominio bajo distintas denominaciones, entre ellas, la determinada por Estados Unidos a través de la administración del ex presidente George W. Bush  con la calificada “guerra contra el terror”.

La caída del campo socialista, a principios de la década del noventa del siglo XX, planteó la discusión respecto  al papel jugado por el bloque occidental, para el logro del fracaso de sus contrincantes y como en esa labor, se conjugaron procesos de desestabilización, uso de organismo no gubernamentales (ONGs) guerra económica, intensificación de la carrera armamentista de tal forma que los países, y en especial la ex Unión Soviética desviara recursos indispensables, para satisfacer las necesidades de su población en afanes más allá de los derechos económicos y sociales. La derrota de ese campo socialista fue esencialmente en el campo ideológico, político, económico y cultural más que el militar.

En palabras del pensador estadounidense Noam Chomsky, el Nuevo Orden Mundial (NOM) surgido de las cenizas del derrumbe del campo socialista y esa idea del pensamiento único da pie para pensar que "Hitler ha de estar en alguna parte riéndose. Las leyes de Nuremberg, destinadas a impedir la repetición de la barbarie totalitaria, ha quedado en letra muerta ante los demócratas del Nuevo Orden Mundial. La limpieza política que el Imperio practica con Cuba, así lo demuestra...de no ser así los autores de la Ley Torricelli y sus entusiastas partidarios en el Congreso y el Gobierno Estadounidense se encontrarían hoy en el banco de los acusados de la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Y el Cuban Democracy Act no sería más que otro hito en los anales negros de las fuerzas de la anti-historia" (1)

En seis décadas de vida del proceso cubano, no ha pasado día, en que el derecho inalienable de este pueblo a dotarse de su propio sistema político, económico, social y cultural, no haya sido violado reiteradamente por los Estados Unidos de América, vulnerando de esa forma el principio de no intervención en los asuntos internos de los Estados. La Guerra Fría se supone ya terminó, entonces ¿Qué impulsa a los Estados Unidos en esta campaña constante de hostigamiento y agresión a Cuba ? Una respuesta, al centro de lo planteado, refiere el no aceptar que existan países soberanos, sociedades que no sean genuflexas, a sólo aspirar que el mundo sea de los incondicionales del imperio.

Y en este plano merece una reflexión el pensamiento de aquel mundo que se autodenomina progresista, socialista libertario e incluso ese afán de hablar de ser parte de una  izquierda democrática y que tiende, en su afán de ser políticamente correcto, a la ceguera en las críticas a países como Cuba y Venezuela. Un mundo aparentemente progresista, que exige estándares de una democracia representativa, al estilo de las democracias neoliberales como la chilena, la de Colombia o Brasil sin detenerse un minuto, en analizar los efectos que genera la acción desestabilizadora, las agresiones, sanciones, bloqueos, embargos y lo que se designa hoy como políticas de máxima presión. En este plano existe un silencio obsequioso, pues resulta más cómodo y oportunista sólo criticar a la víctima y no al victimario. Es la miseria de lo políticamente correcto, que suele ser práctica común cuando se acercan las elecciones presidenciales en los países y los candidatos maquillan sus discursos, para así atraer al votante indeciso, al renuente a mirar el mundo más allá de sus narices.  

No puedo dejar de expresar el profundo desprecio frente a los representantes de ese mundo de fantasía denominado “socialismo libertario”, disfrazado de progresista, pero simple seguidor de un modelo político , ideológico y económico sustentado en el ejemplo de potencias occidentales. Un progresismo, tan peligroso como el más ultraderechista de los políticos, que se comportan como seres ciegos, sordos y mudos a la hora de condenar a los impulsores de esa política de agresión contra Cuba: Washington y la Unión Europea principalmente. Acompañado en esta labor golpista y generadora de inestabilidad, por la Organización de Estados Americanos (OEA), que actúa a través de su secretario general, el uruguayo Luis Almagro.

Estos mismos políticos que obsequiosos ante el poderoso, sueltan toda su verborrea condenatoria contra aquellos, que precisamente necesitan el apoyo de los países de la región, de sus pueblos, que los dejen libres para desarrollar sus proyectos, que el fracaso sea a partir de sus debilidades, no de la afectación de la cual son victimas, incluso antes de ser gobierno. En ese aspecto, el mundo “progre” peca de ingenuo, pero también de altos grados de idiotez e incluso complicidad por su conducta pasiva frente a los crímenes cometidos contra países de Latinoamérica.  Dicho esto volvamos a la senda principal de este trabajo: el estudio de alguno de los los propósitos y principios que animan la carta de la Organización de las Naciones Unidas y que han sido violados con relación a Cuba.

Entre ellos la referencia al Tercer Propósito de la Carta de las Naciones Unidas en su artículo Nº 1 establece que los propósitos de la ONU y por ende sus países son: “Realizar la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estímulo del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión”

Este Principio consagra el deber de todos los Estados de cooperar entre sí, independientemente de las diferencias en sus sistemas políticos, económicos y sociales, en las diversas esferas de las relaciones internacionales, a fin de mantener la paz y la seguridad internacionales, para promover así la estabilidad y el progreso de la economía mundial, el bienestar general de las naciones y la cooperación internacional libre de toda discriminación basada en esas diferencias. Esa es la teoría pero, el análisis de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos en las últimas seis décadas demuestra la falta de cooperación por parte de Washington por tratar de eliminar su política de acoso. Más aún, la falta de colaboración implica, no sólo la intervención por parte de Estados Unidos para que ella no sea una realidad, sino para que tampoco se establezca esa relación asociativa entre Cuba con los otros países de la comunidad internacional. Es la vieja política del perro del hortelano, que no come y a la vez no deja comer.

Cada una de las actividades del gobierno cubano, en esferas tan diversas como la investigación científica, los intercambios académicos, la navegación aérea, la participación en Organismos regionales o interregionales ha sido permanentemente dificultado por la potencia estadounidense. El problema no es que Cuba sea socialista – porque otros países avanzaron por la misma senda sin que Estados Unidos clavara sus garras en ellos, el problema es que Cuba es un ejemplo, es un proyecto referencial, un país pequeño pero dotado de un sentido de soberanía a toda prueba. Una sociedad que se “atrevió” a enfrentar al imperio y que eso fuese reconocido mundialmente.

El matón no soporta que alguien pequeño, pero dotado de una grandeza en su conducta lo derrote moral y políticamente con su ejemplo. Estados Unidos, al establecer el bloqueo contra Cuba, no sólo lo ha enmarcado en el plano económico, financiero y comercial, sino también a todas aquellas áreas que conforman el desarrollo multivariado de un país.  Esto ha obligado a Cuba a utilizar ingentes recursos, para solucionar una enorme cantidad de problemas derivados de esta guerra de agresión, y poder así satisfacer en parte, las necesidades de su población, ejemplificado en este tiempo de pandemia con la muestra evidente que a pesar de su pobreza material, la riqueza en conocimiento lo dota de un plus que otros no poseen. Esto se ejemplifica en el hecho que la pequeña pero heroica Cuba dote a su población de la vacuna contra el COVID 19 de su propia factura (2).

Es evidente que  Estados Unidos es un violador de este Tercer Propósito, como también de crímenes de lesa humanidad y esto es inaceptable, no es posible permanecer impávido ante esta realidad mientras Washington sigue machacando a una población, por el sólo hecho de no someterse a los dictados de la potencia. Se vislumbra algún tipo de mejoría, pero siempre producto de los intereses económicos más que el deseo de hacer del Orden Mundial, un Orden basado en el respeto por el otro. Son los propios empresarios norteamericanos los que se han dado cuenta, que no pueden seguir en esta política, ya que son otras las potencias que se benefician de las inversiones en Cuba - Canadá, Italia, España. Países que han realizado grandes inversiones en la mayor de Las Antillas y eso explica también el interés de estos países por que leyes de endurecimiento del bloqueo como la Ley Torricelli y la Ley Helms-Burton no se apliquen, pues de otra forma sus intereses se verían afectados.

Pablo Jofré Leal

Articulo Exclusivo Para www.segundopaso.es

1. Chomsky Noam. “Cuba ante la razón cínica”. Entrevista con Noam Chomsky. Dieterich Heinz. Página 112

2. http://www.cubadebate.cu/noticias/2021/06/21/candidato-vacunal-abdala-muestra-9228-de-eficacia-en-su-esquema-unico-de-tres-dosis/

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