Cuba enfrenta la subversión en las redes sociales. Parte II

Segundo Paso para Nuestra América.- En contraste con todas las represalias irracionales que Estados Unidos ha aplicado contra Cuba, se mantiene vigente la medida establecida por Barak Obama y refrendada por Trump y Biden, de ofrecer servicio de internet a través de Google. Los sucesos recientes en la isla aclaran el porqué de esa excepción. Las redes sociales, poco o nada reguladas, no han servido para brindar mayor libertad de comunicación, sino como armas para la sincronización y movilización de procesos contrarrevolucionarios, utilizando para ello todas las técnicas de la guerra no convencional: el fake news, la desinformación, el llamado a la violencia y el lenguaje del odio.

Redes sociales fuera de control soberano de las naciones

En el caso cubano la informatización de la sociedad y el uso de todas las herramientas del internet como las redes sociales corren el riesgo de ser utilizadas para la subversión, peligro que enfrenta la seguridad de la nación creando soportes técnicos, además de la confianza en los valores que sustentan el procesos revolucionario y la capacidad de la sociedad cubana para triunfar en la batalla de las ideas propuesta por el líder histórico Fidel Castro.

El fenómeno de las redes sociales, se multiplicó a partir del permiso a Google por el gobierno de Barack Obama para dar servicio en Cuba, una de las pocas medidas vigentes que no fue revocada por Donald Trump, lo que posibilitó establecer más accesos al servicio de wifi y banda ancha, facilitando el internet en la isla, hasta ese momento afectado por el bloqueo, esos permisos incluyó el uso de buscadores, aplicaciones desde teléfonos celulares y medios que han permitido multiplicar el flujo informativo desde y hacia la isla en tiempo real.

¿Las redes sociales están fuera de control?

Las inexistentes o pocas aplicables regulaciones legales, tanto en Cuba como otras naciones, si bien han favorecido la interacción informativa y del conocimiento, por otro lado, sufren las consecuencias negativas de la divulgación irresponsable de contenidos inadecuados a través del mal uso del lenguaje, imágenes, audios y videos.

Observamos a diario el uso inescrupuloso, tendencioso y abusivo que hacen en los canales de YouTube donde proliferan mentiras (fake news). Aunque no es un fenómeno nuevo, la inmediatez y la facilidad para publicar contenido con apariencia de veras le han dado una nueva dimensión, hasta el punto de que es difícil determinar si un suceso de última hora es real o no en las primeras horas de haber acontecido lo que contribuye a hacerse virales y difíciles de revertir informativamente.

Hablar en la actualidad de límites a la libertad de expresión y de control de la información en Cuba es complicado sostenerlo y casi un mito porque existe una “democratización” y “pluralidad” real de las formas de expresión, los puntos de vistas, cuando comprobamos que cientos de youtuber e influencer desde las calles de cualquier ciudad o pueblo cubano reportan en las conocidas directas, sobre la realidad del país y que a la vez permiten conectarse a muchas personas, tanto vía chat como en voz y video en tiempo real.

Este escenario caracteriza la nueva realidad que desafían los medios oficiales cubanos y comienzan a cambiar adaptando formatos, sumándose a las nuevas plataformas buscando actualidad, inmediatez, a través de una narrativa renovada para mejorar la eficacia informativa.

Mientras eso ocurre dentro de Cuba, desde el exterior una parte de los youtuber e influencer radicados fundamentalmente en (EE.UU, Canadá, España, Alemania y Suecia) transmiten en las plataformas de YouTube, Facebook y otras, asumiendo la narrativa que abiertamente desafía la estabilidad del gobierno cubano. Lo caracteriza el lenguaje subversivo, violento dirigido a producir un estallido social dentro de la isla. Una actitud que en cualquier legislación sería penalizada porque supera los estándares admitidos naturalmente como herramienta del “convencimiento” dentro del debate político-ideológico.

En Miami deciden quién canta y quién no

La histórica intolerancia miamense regresó con la demonización y estigmatización de todo aquel que muestre un comportamiento no acorde a lo esperado. El mejor ejemplo para demostrarlo, es intentar desmontar los alcances del inicio de la relación bilateral entre Cuba y EE.UU, como si fuera potestad de los exiliados dirigir la política exterior estadounidense hacia la isla.

Entre las primeras acciones observamos la persecución en contra de artistas de Cuba en la ciudad de Miami, por alcaldes y figuras públicas que apoyaron la disposición de “normar” y “ejemplarizar” cualquier disidencia. En vez de trabajar por la comunidad están ahora dedicados a determinar en Miami quién canta y quién no, retornando a los tiempos infelices de la peor intolerancia.

Los cubanos tenemos que sanar y, en lugar de dividir, unir la casa y engrandecerla. Pobre de quienes confunden la vida política como la batalla perpetua de una facción fanática contra otra, eso va en sentido contrario a los presupuestos políticos democráticos que necesita el país, como lo han demostrado sus trágicos fracasos durante seis décadas de agresiones, sanciones y terrorismo, encaminados a causar el mayor daño posible.

Luis R. Lima Hernández

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