Del Estado neoliberal periférico a las movilizaciones sociales como elementos transformadores. Caso Chile- Colombia

Segundo Paso para Nuestra América.- El presente articulo es un ejercicio de reflexión sobre las manifestaciones sociales en Chile y Colombia como elementos transformadores del agotado Estado Neoliberal periférico de esas naciones, indagando en las similitudes y diferencias de cada uno de estos procesos y en las subjetividades que desde las luchas apuntan a la creación de espacios orgánicos para la vida.

El Siglo XXI ha traído consigo grandes transformaciones en el orden geopolítico internacional, el surgimiento de nuevos polos de poder, la agudización de las contradicciones dentro del sistema capitalista y la profundización desde los pueblos de nuevas subjetividades en resistencia, vienen cuestionando las categorías mediante las cuales habíamos comprendido las realidades en las que estamos inmersos.

América Latina como parte del Sur Global, ha sido escenario fundamental de estas transformaciones. Las nociones de Estado, poder, partidos políticos, movimientos sociales y poder popular se han venido tensionando en la praxis y reflejando en las nuevas teorías del campo político.

Muestra de esto son los cambios generados en los sistemas políticos, sociales, económicos y culturales de países como Venezuela, Bolivia, Brasil, Uruguay y Argentina, en los cuales, los cambios sobre los alcances del ejercicio del poder en el Estado y los mecanismos de su instrumentalización mediante formas alternativas de gestión pública, han tenido flujos y reflujos en su materialización y la construcción de sus bases ideológicas.

En contraposición a lo anterior, las experiencias de Chile y Colombia que son los casos que nos convocan en este ejercicio de reflexión, consolidaron durante este siglo que transcurre una lógica enmarcada en un Estado Neoliberal periférico, caracterizado por el mantenimiento de democracias representativas y sistemas educativos, de salud, culturales, de vivienda, entre otros, excluyentes para la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas, profundizando así las brechas económicas y sociales.

En este contexto se desarrollaron dos grandes movilizaciones en Chile y Colombia, como manifestaciones de las profundas contradicciones generadas por la explotación y la dominación por parte de las oligarquías internas y sus alianzas con el imperialismo capitalista mundial. Ahora bien, para profundizar en el análisis nos preguntamos cuáles son los elementos comunes y cuáles los disimiles entre ambos acontecimientos, hemos querido destacar los siguientes:

  1. En ambos casos el detonante fue una reacción violenta ante cambios en el orden económico legalizados por los Estados neoliberales periféricos de esas naciones, en el caso chileno una reforma en las tarifas del transporte del metro y en el caso colombiano una reforma tributaria de afectación general.
  2. Desde el punto de vista histórico, las relaciones de explotación y dominación en ambos escenarios estuvieron atravesadas, en el primer caso y producto de la dictadura de , por el acorralamiento de las subjetividades que durante el periodo de Allende lograrían importantes niveles de organización entre los trabajadores, los estudiantes y los sectores populares y, en el caso Colombiano, el acorralamiento de las fuerzas políticas y sociales que acompañaron a Gaitán, de forma que en ambas naciones habían vestigios de una base social latente y en resistencia.
  3. Desde el punto de vista de los actores, la complejidad de la realidad colombiana está caracterizada por la interacción entre el pueblo manifestante que se convocó y salió desde lo profundo de los sectores sociales más empobrecidos, al que progresivamente se incorporaron las capas medias como respuesta a la violencia policial y militar, el Estado expresado en las fuerzas de seguridad con una demostración salvaje del uso de la violencia, sectores del narcotráfico y paramilitarismo. Son impresionantes las imágenes de civiles disparando junto con el ejército. En el caso chileno, los movilizados inicialmente fueron los estudiantes, quienes lograron progresivamente incorporar a vastos sectores de la población uniendo, en este caso generacionalmente, las luchas por las trasformaciones.
  4. Desde el punto de vista territorial, las primeras manifestaciones chilenas fueron en Santiago, capital de esta nación y epicentro de la institucionalidad del poder, a diferencia del caso colombiano que tuvo como epicentro la ciudad de Cali, una ciudad caracterizada por la extrema pobreza y el borramiento territorial en relación al alcance de las políticas públicas sociales, trayendo de nuevo la necesaria discusión sobre las relaciones campo-ciudad-periferia. Así mismo, es importante destacar el valor del espacio desde donde se produjeron ambas manifestaciones, la palabra dignidad como bandera se tradujo en el renombrar las trincheras de lucha.
  5. Reacomodo de las izquierdas y contenidos políticos programáticos en el imaginario colectivo de ambas naciones.
  6. En ambos casos son muy altos los niveles del agotamiento del dialogo entre el gobierno y los sectores sociales, las interacciones entre dirigidos y dirigentes están mediadas por el extrañamiento y abandono de los segundos.
  7. Los movimientos sociales en el caso colombiano y en mucho mayor medida en el caso chileno, han logrado incorporar en las agendas políticas contenidos programáticos que apuntan a importantes logros dentro del sistema político, logrando canalizar demandas que los partidos políticos de esas naciones han sido incapaces de materializar.
  8. Finalmente, en relación a los logros alcanzados por ambas movilizaciones, en el caso chileno el camino luce más claro, la inminente creación de una nueva constitución política y las próximas elecciones son un espacio de posibilidad para transformaciones de carácter orgánico, a diferencia del caso colombiano que aún teniendo una fuerza que aglutinó al pueblo ante la violencia, la desigualdad y la explotación y logró la desestimación de la reforma y la aplicación de políticas sociales paliativas no tiene aún cambios sustantivos en el hacer de la política y sí unas lejanas elecciones.

La reflexión nos lleva sin duda a la necesaria profundización en la construcción colectiva de subjetividades basadas en la conciencia de las transformaciones. No es posible lograr desde América Latina la generación de otras, si no resituamos al sujeto una revolución cultural, en el cual hombres y mujeres nos apropiemos de los espacios transformándolos en territorios para la emancipación y la vida.

María Alejandra Portillo García

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