Colonialismo, apartheid y guerra contra Palestina. Parte II: De la industria del Holocausto a la invención del pueblo judío

Segundo Paso para Nuestra América.- En esta segunda entrega, Contreras Natera nos explica cómo en el siglo XIX se consolidó la historiografía sionista sobre la cual se construye la épica del pueblo judío como pueblo elegido. Se trata de un artefacto político-espiritual ha servido de suplemento a la política del apartheid contra el pueblo palestino. No obstante, en los últimos años se han cuestionado las premisas tanto de la historiografía como de la industria del Holocausto.

Las grandes transformaciones espaciales, económicas, científicas y militares que desencadenó el proceso político-espiritual que llevó al triunfo de la modernidad europea incluían el fraccionamiento del Estado absolutista, y por tanto, un impulso desmitificador como consecuencia del doble proceso de racionalización y secularización que desmantelaba los vestigios del orden clerical antiguo. En palabras de un judío proscrito por la religión judía como Baruch Spinoza, "el Estado debe permitir a cada uno pensar lo que quiera y decir lo que piensa", cuestión que conducía a minar la identidad entre verdad y revelación.

La modernización económica transformó culturalmente las premisas que fundamentaban el mundo antiguo, y con ello, fortaleció el proceso de desencantamiento del mundo. Esta facticidad histórica se convirtió en fundamento de la Ilustración europea, y suplemento de las formas de comprensión de la filosofía, la teoría y la ciencia política desde una perspectiva democrática. En una dirección contrafáctica, habría que retomar críticamente la declaración hagiográfica del sionismo de que el Estado judío es la única salvaguarda contra el odio milenario que los persigue por ser el pueblo elegido. De este modo, la hagiografía sionista impone la liquidación final de los palestinos como pueblo y de los israelíes como seres humanos en cuanto estos últimos se presentan como encarnación divina de la palabra sagrada. Antes bien, como lo declara Shlomo Sand "Israel no puede ser descrito como un Estado democrático mientras se considere a sí mismo como el Estado del pueblo judío, en vez del órgano que representa a todos los ciudadanos dentro de sus fronteras".

La mitología del pueblo judío como pueblo elegido presenta la historia de Israel como una sucesión de épocas históricas que consolidan un cuadro genealógico preciso en la narrativa bíblica. En efecto, en autores como Edward Said, Norman Finkelstein, Roger Garaudy y Shlomo Sand, la deconstrucción de las premisas que fundan el mito de la excepcionalidad judía ha conformado un campo de investigación que demuestra la persistencia de una guerra colonial de Israel contra Palestina y su pueblo. Este mito funda la operación simbólico-cultural que justifica las acciones mercenarias de Israel, y se inscribe en una actualización moderna de la mitología de que el Estado judío es la respuesta de Dios al Holocausto. Incluyendo, el secuestro simbólico que reclama para sí la exclusividad absoluta del capital moral que supone negar el genocidio gitano, reivindicándose como las únicas víctimas del Holocausto. Principalmente, en cuanto para Norman Finkelstein "las primeras víctimas políticas del nazismo no fueron los judíos, sino los comunistas, y las primeras víctimas del genocidio nazi tampoco fueron los judíos, sino los discapacitados>. La construcción de la tradición que sirve de fundamento a esta interpretación se logra con el impulso romántico del hagiógrafo Heinrich Graetz que fortalece los primeros desarrollos de la historia judía. Su contribución se debía a la secularización del Antiguo Testamento que establecía una continuidad histórica entre la irrupción de un pueblo nómada que continuo existiendo a lo largo de la historia de la humanidad como encarnación sagrada de la historia bíblica.

Las hagiografías sionistas comenzaban con la afirmación de que la Biblia había narrado el largo proceso de maduración que se produjo entre el pueblo judío como consecuencia del éxodo. El mito de la Tierra Prometida entendida como una promesa de sedentarización del pueblo judío que incluye un larguísimo proceso histórico que va del éxodo de Egipto hasta la llegada a Palestina como la patria histórica. La eficacia simbólica de este mito es que logra introducir el preludio de la historia a realizarse en el futuro y como legitimación post-eventum del anuncio de la edad de oro con la creación del Estado de Israel. A lo interno del Estado de Israel, la Guerra de los Seis Días, alentó las investigaciones arqueológicas en los territorios ocupados posibilitando una historia social que rompía con las hagiografías sionistas. Para Shlomo Sand "el declive de la clásica historiografía política y el ascenso de la investigación histórico social y, más tarde, de la investigación antropológica llevó a un buen número de arqueólogos a considerar otros estratos de las antiguas civilizaciones". De este modo, la confrontación entre la mitología decimonónica y las investigaciones arqueológicas multiplicaron las aporías de la composición ideológica sionista. La recuperación de antiguos monumentos que rendían un culto politeísta y negaban el éxodo desmantelaba los supuestos de la construcción ideológica creando una cesura profunda en el consenso sionista. Independientemente, de los hallazgos históricos, arqueológicos y antropológicos que cuestionaban la mitología sionista del Estado de Israel, el objetivo racista y criminal para expropiar a la población árabe de Palestina persiste como un proyecto colonial que profundiza el apartheid regional.

 REFERENCIAS

Roger Garaudy, Los mitos fundacionales del Estado de Israel, Fundación para la Investigación y la Cultura, Bogotá, 2006

Norman Finkelstein, La Industria del Holocausto. Reflexiones sobre la explotación del sufrimiento judío, Madrid, Siglo XXI Editores, 2002

Shlomo, Sand, La invención del pueblo judío, Madrid, Editorial Akal, 2011

Miguel Ángel Contreras Natera es un eminente sociólogo, escritor, ensayista, articulista, investigador y docente universitario de dilatada trayectoria. El objetivo de esta columna semanal que nos ofrece el profesor Contreras es contribuir al esclarecimiento de las grandes dinámicas societales que se superponen y entrecruzan conflictivamente en un contexto de grandes transformaciones globales. La disputa político-espiritual entre el Atlántico Norte (Estados Unidos) y el Asia Oriental (China) que definirá las nuevas áreas de la acumulación capitalista y la irrupción de nuevas conflictividades en una pluralidad de espacios regionales. Las tensiones entre Estados y Grandes Corporaciones, entre la economía fósil y la economía digital, entre trabajo e Inteligencia Artificial conformará los contenidos de los grandes debates políticos, económicos y sociales del Siglo XXI. 

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