publicado el: 23 agosto 2021 - 19:25
¡Ojalá Jesús Hubiera Estado Vivo!

Islamaldia - ¿Qué harías si supieras con seguridad que hoy es el último día de tu vida o que pronto morirás de una grave enfermedad? Por lo general, en tales ocasiones, el ser humano renuncia a todo.

De hecho, el motor de su vida se apaga y sus ruedas fallan. Quizás, una de las razones del secreto de la vida de todos y cada uno de nosotros es que la luz brillante de la esperanza y el deseo no se apague en el corazón y continuemos luchando por la vida.

Jesús (la paz sea con él) estaba sentado en un lugar y vio a un anciano que cavaba la tierra con ayuda de una pala y estaba cultivando con gran esfuerzo. Jesús le dijo a Dios Todopoderoso: “¡Oh Dios, quítale la esperanza y el deseo!”. De repente, el anciano tiró la pala a un lado, se tendió en el suelo y se durmió. Poco después, Jesús oró: “¡Altísimo, devuélvele la esperanza y el deseo!”. ¡De repente, vio cómo el anciano se levantó y comenzó de nuevo a trabajar! Jesús le dijo: “yo te he visto en dos situaciones diferentes: una vez has echado la pala a un lado y te has puesto a dormir en el suelo, pero, la segunda vez, te has levantado y, de repente, te has puesto a trabajar”.

El anciano respondió: “Al principio pensé que era viejo y discapacitado y estaba con un pie en la sepultura, solo Dios sabe si me iba a morir hoy mismo o mañana, entonces ¿para qué debería molestarme tanto y esforzarme tanto? Tiré la pala a un lado y me acosté en el suelo.

Pero no pasó mucho tiempo cuando otro pensamiento vino a mi mente: “¿Cómo sé que no viviré durante muchos años? Hay gente como yo que vive muchos años, el ser humano desea una vida decente mientras vive y tiene que trabajar para sí mismo y su familia, entonces me levanté, agarré la pala y comencé de nuevo a trabajar”.

Por eso, para generar mayor actividad, debemos conservar en nuestros corazones viva la esperanza en el futuro.

Sin embargo, esa misma esperanza y deseo, que son el secreto de la actividad y el esfuerzo del ser humano y que, como las gotas de lluvia que dan vida, mantienen viva la tierra del corazón del ser humano, si incurren en el exceso, se convierten en una inundación destructiva que se lo lleva todo a su paso y, finalmente, ahogan al hombre en lo mundanal, la opresión, el crimen y el pecado.

Por esta razón, el Profeta del Islam, Hazrat Muhammad (la paz sea con él), considera que los “deseos excesivos” son uno de los dos enemigos más peligrosos del ser humano y ha dejado dicho: “Aquello en lo que más temo que incurran ustedes es, por una parte, la sensualidad, y por otra, las aspiraciones excesivas, porque la sensualidad te priva de lo correcto, y las aspiraciones excesivas te vuelven codicioso de este mundo”.

El Profeta (la paz sea con él) temía las aspiraciones excesivas de una nación, que se elevaban tanto como las lanzas clavadas en el corazón de su hijo Husain (la paz sea con él). Altas flechas y largas lanzas que habían crecido en la tierra de los deseos del pueblo más insensible del mundo debido a su codicia y que, finalmente, se clavaron en el cuerpo de los mejores siervos de Dios.

Ojalá Jesucristo, en lugar de orar por el anciano que solo cavaba y cultivaba la tierra, le hubiera pedido a Dios que, en el día de Ashura, hiciera secar la esperanza y el deseo en los corazones de las personas de duro corazón que golpearon con todo lo que tenían en sus manos el cuerpo ya medio muerto y sediento del hijo más amado del Profeta del Islam (la paz sea con él). Ojalá Jesucristo estuviera estado presente el día de Ashura y le hubiera pedido a Dios que secara la raíz de la esperanza y el deseo en los corazones de las personas que, por su codicia de monedas de oro y de plata, degollaron a una persona cuyo único deseo era guiarlos y salvarlos.

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