publicado el: 27 agosto 2021 - 21:42
Colonialismo, apartheid y guerra contra Palestina. Parte III: La invención de Israel

Segundo Paso para Nuestra América.- En esta última entrega de la trilogía, Miguel Ángel Contreras analiza el relato mitológico de la "tierra prometida" y el manipulado discurso del Holocausto convirtieron el "estado de Israel" en un régimen racista y supremacista. EL sionismo, fundamentado en el valor simbólico y militar de esta esta falsa narrativa justifica su coloniaje, opresión y supremacismo sobre el dignísimo pueblo palestino.

La operación militar, política y cultural que se potencia con la Guerra de los Seis Días tiene efectos contradictorios, por un lado, permite la construcción de la Industria del Holocausto, y por el otro, desestabiliza la invención decimonónica del pueblo judío. En este caso, sirve de justificación simbólica del proceso colonial, expansivo y racista del Estado de Israel que encontró en el discurso del Holocausto el suplemento esencial para la explotación moral del sufrimiento judío, y al mismo tiempo, la excusa perfecta para sus acciones militares anclados en la excepcionalidad del pueblo de Israel. Esta Industria, y su explotación moral pone de manifiesto la singularidad de los judíos, les otorga el derecho irracional a considerarse especialmente amenazados y particularmente merecedores de los esfuerzos necesarios para su supervivencia. La invención de Israel, como construcción político-cultural impulsada por el sionismo, implicaba la expulsión del pueblo palestino de su territorio basado en la noticia falsa de un exilio ocurrido hace dos mil años. La declaración del Estado de Israel comienza con la mitología de la expulsión del pueblo judío hace dos mil años, y el retorno a la tierra prometida como acto que funda la narrativa colonizadora del sionismo ¿Qué fundamento tiene esta solicitud? Para Shlomo Sand, como historiador emérito de la Universidad de Tel Aviv, el shock producido por la inexistencia del exilio de los judíos desde Egipto obliga a desarrollar una política inclusiva contra el apartheid del Estado de Israel. Es decir, contra la manipulación histórica de un hecho que funda y justifica las políticas racistas, colonizadoras y discriminatorias contra el pueblo palestino en nombre de un hecho inexistente. En términos taxativos, no tiene sentido hablar del pueblo de Israel en la forma mitológica que construyó el sionismo en el siglo XIX que establecía una identidad entre la diáspora y la tierra prometida.

El mito de la tierra tiene tanto poder simbólico y militar en el Estado racista de Israel, que el pueblo palestino desplazado y confinado con las políticas del apartheid israelí, sobrevive sin derechos civiles y políticos esenciales en Tel Aviv. El racismo estatal, justificado con la mentira del exilio, persiste como un chantaje moral que destruye militar, cultural y políticamente la posibilidad de una salida política para Palestina. Los mecanismos de desposesión de la existencia palestina que instrumenta el Estado de Israel incluye la militarización de la vida cotidiana, la confiscación de tierras, la prohibición del acceso a sus tierras de cultivo, la persecución de la organización de la voluntad política, la criminalización de las protestas, la prohibición de viajes, el acceso a agua potable y electricidad, entre tantos otros aspectos de una política criminal de ocupación colonial. El régimen de Apartheid, niega la posibilidad de un Estado palestino, adoptando un complejo entramado de leyes militares para reprimir las disidencias contra el colonialismo del Estado de Israel. Esta política expansiva y colonial, de más de cincuenta años de duración, ha implicado que más de 600 mil colonos judíos vivan en tierras palestinas, se han ocupado más 100 mil hectáreas de territorio palestino, se han demolido más de 50 mil viviendas y casi cinco millones de palestinos viven las restricciones cotidianas del Apartheid. Y es exactamente, la invocación del sufrimiento judío y la excepcionalidad del pueblo de Israel, lo que justifica estas políticas coloniales de destrucción existencial del pueblo palestino. La deconstrucción de este relato mitológico, con sus operadores mediáticos globales, es una tarea epistémica y política fundamental para pensar salidas al régimen de apartheid contra Palestina. En palabras de Edward Said, la necesidad de producir un espacio académico, político y comunicacional donde los palestinos puedan aparecer con sus ansiedades, imaginaciones y sueños es esencial. En este punto, la eficacia simbólica de la narración del drama cotidiano contribuye a replantear y cuestionar las criminales políticas de desposesión material y simbólica de la existencia palestina.

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