publicado el: 3 octubre 2021 - 21:37

Los Nuevos Disfraces de la Serpiente Racista

La Columna de Álvaro Ramis: Racismo y la Reconfiguración del Nuevo Fascismo.
Los Nuevos Disfraces de la Serpiente Racista

SegundoPaso ConoSur - Durante las últimas dos décadas, en especial luego del 11 de septiembre de 2001, los partidos de extrema derecha han experimentado un auge electoral en la mayoría de los países europeos y en Estados Unidos. Y ahora también en América Latina. Se trata de un fenómeno que no ha sido fácil de explicar para los analistas convencionales, ya que sus formas y discursos no responden a los parámetros clásicos usados por las derechas racistas y los grupos nazis tradicionales.

Al contrario, se trata de nuevos partidos o movimientos remozados, con nombres pulcros, estética impecable, lejanos a su retórica política tradicional: el Tea Party en Estados Unidos, el Partido de la Libertad en Holanda, los Verdaderos Finlandeses, el partido del  Progreso en Noruega, el partido Republicano en Chile, aparecen con plena normalidad a plena luz del día. Han abandonado toda referencia a temas hasta entonces cruciales para ese sector político. Ya no hubo más referencias a las razas inferiores o superiores. En cambio se empezó a hablar de incompatibilidades culturales, al calor de las tesis sobre el choque de civilizaciones de Samuel Huntington. Se abandonó la argumentación basada en las diferencias raciales para captar una nueva audiencia, bajo el aura de la supuesta amenaza del “globalismo”, entendido como pactos políticos multilaterales y diálogo intercultural.

Así se encontró en el islam un excelente objetivo para criminalizar a los inmigrantes de una manera más tolerable a las audiencias contemporáneas. Y ya no se atacó a los judíos, objeto de sus antiguos odios y pogromos. Al contrario, estos nuevos partidos se han inscrito en un abierto apoyo al régimen israelí, que pasa a ser un excelente aliado si se fortalece en su territorio y controla a los árabes, que se convierten en los nuevos chivos expiatorios de todos los males de Occidente. Por otra parte estos mismos actores, tan anti-islámicos en su retórica, apoyan decididamente el proyecto wahabita, expandiendo sus áreas de influencia.

Ya en septiembre de 1985 el presidente Ronald Reagan recibió a los líderes talibanes afganos en el salón oval de la Casa Blanca, y les calificó de “el equivalente moral de los padres fundadores de los Estados Unidos”. A esa altura los terroristas ya habían asesinado al presidente egipcio Anwar el-Sadat en 1981, y estaban desplegando en sus territorios el mismo nivel de violencia que conocemos hoy. Pero en ese momento a Occidente no le importó, porque era una violencia dirigida contra el “enemigo soviético”, los gobiernos anti-imperialistas y contra los movimientos democráticos que luchaban en contra de las petro-monarquías absolutas, aliadas estratégicamente con Estados Unidos y sus aliados.

Estos nuevos partidos ya no tratan de “revisar” el pasado, intentando vanamente negar Auschwitz, la matanza de las fosas adreatinas o Villa Grimaldi. Ahora estos partidos tratan de construir la fantasiosa futurología de la “sustitución poblacional” , el “separatismo islámico” y otros fantasmas que desatan el nihilismo de sus audiencias y desinhibe el instinto de muerte de sus votantes. 

Dados estos cambios formales la mayoría de los políticos y los medios de comunicación han tachado a estos nuevos grupos políticos bajo rótulos ambiguos, tales como derecha populista, neo conservadores, derecha identitaria, anti islamistas, nacionalistas, etc. Sin embargo es importante usar conceptos claros ya que los especialistas han advertido que todas estas categorías no dan cuenta del peligro que este fenómeno entraña. El especialista holandés Rob Riemen plantea que sólo cabe un nombre para describir este fenómeno: fascismo. De la misma opinión era el novelista sueco, autor de la famosa trilogía Milennium, Stieg Larsson, quién describió estos cambios en la extrema derecha desde sus investigaciones en la revista Expo y que vivió por largos años bajo permanente amenaza de muerte. Sin embargo, las advertencias de este tipo de autores cayeron una y otra vez en saco roto.

Lamentablemente el nuevo extremismo de derecha no es obra de un puñado de locos. Es el producto más completo y sofisticado de un nuevo fascismo. Recoge, reconfigura y renueva los rasgos esenciales del viejo: nihilismo, miedo patológico al cambio, nostalgia de un pasado tan idílico como irreal, rechazo a la democracia, búsqueda de liderazgos autoritarios, criminalización de los adversarios y discriminación del diferente. Pero recubre muy hábilmente los rasgos más repulsivos para el votante medio y lo hacen digerible en la arena electoral. Nuevas ropas para un viejo relato de terror.

Alvaro Ramis Olivos

Teólogo. Dr. en Filosofía

Rector Universidad Academia Humanismo Cristiano

Articulo publicado en SegundoPaso.es

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