publicado el: 4 octubre 2021 - 18:44

Nuestra America

Bolivia, desde la lucha contra el ALCA hasta la creación de RUNASUR

Autora: Jessica Pernía. Ilustración: Etten Carvallo
Bolivia, desde la lucha contra el ALCA hasta la creación de RUNASUR

Segundo Paso para Nuestra América.- Bolivia parece mantenerse como protagonista en la carrera de relevo que ha experimentado Latinoamérica en las últimas décadas. Y es que la historia reciente de la región, hasta hace apenas veinte años, representó un cambio hacía la superación de las lógicas autocráticas, coloniales, neoliberales y dependientes en materia política, económica y cómo no, cultural y social, de los grandes centros de poder, bajo ese período denominado "la época dorada del progresismo" latinoamericano. Sin embargo, no es menos cierto que en los últimos años ese escenario cambió drásticamente con la arremetida de las derechas, volviéndose a debilitar las bases democráticas construidas, evidenciando también, las flaquezas dentro de los procesos de cambio. Aún así, Bolivia parece resurgir de las cenizas, liderando un nuevo intento de integración plurinacional: la plataforma RUNASUR. Rompiendo el cerco de aislamiento entre las naciones hermanas, e intentando construir un nuevo polo de poder, desde los pueblos.

Para cualquier ciudadano o ciudadana latinoamericana no son secretos los complejos escenarios políticos de cada una de las naciones, y el influjo de éstos en las determinaciones sociales de la región.

La historia reciente latinoamericana, por ejemplo, hasta hace apenas veinte años, representó un cambio substancial hacía la superación de las lógicas autocráticas, coloniales, neoliberales y dependientes en materia política, económica y cómo no, cultural y social, de los grandes centros de poder, bajo ese período denominado "la época dorada del progresismo". Sin embargo, no es menos cierto, que en los últimos años ese escenario cambió drásticamente con la arremetida de las derechas, volviéndose a debilitar las bases democráticas construidas, evidenciando también, las flaquezas dentro de los procesos de cambio.

Durante más de dos décadas, desde los albores del año 2000 hasta nuestros días, los esfuerzos quizá desiguales, pero no menos importantes, de los gobiernos de las naciones de América Latina estuvieron dedicados a superar las prerrogativas del proyecto expansionista norteamericano denominado Área de Libre Comercio de las Américas en sus siglas ALCA, que rebuscaba un acuerdo económico multilateral al estilo free trade o libre comercio, con la mayoría de los países del continente americano.

Aunque la promoción de este acuerdo inició a mediados de la década del 90, hasta el año 2005 se esperaba su entera ejecución, cuestión que para fortuna de la historia de la región, no pudo consolidarse, y abrió una brecha política sin precedentes entre el gobierno de los Estados Unidos liderado por George W. Bush, y los pueblos y gobiernos contrapuestos a este proyecto, protagonizados otrora por Canadá y México, y luego por Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador.

El ALCA intentaba hasta entonces determinar las bases para alcanzar un proyecto de globalización neoliberal, basado en la idea de un nuevo orden económico mundial que consolidaría la supremacía norteamericana sobre el mundo, pero con la potencia que le daría la explotación de los recursos del continente, la facilidad de la mano de obra barata, la lógica de los mercados desregulados, e incluso, la plusvalía ideológica (en palabras de Ludovico Silva), en la que los países del continente, debilitados por años de dependencia y estancamiento, quedaban aún más expuestos a la explotación y a la miseria.

Fue entonces, a partir de la unión de las fuerzas de los pueblos, y de gobiernos de corte progresista y hasta revolucionarios, como los de Fidel Castro, Hugo Chávez, Lula da Silva, Néstor Kirchner y Evo Morales, que este aparataje del tratado de libre comercio norteamericano fue interrumpido en buena manera, solidificando esa fuerza - movimiento que se denominó ¡No al Alca!, una campaña que venía siendo el epicentro de la integración de diferentes movimientos sociales de la región, y ahora se institucionalizaba, con el apoyo de los gobiernos progresistas nacientes.

La historia de la imposición de los tratados de libre comercio en países del norte como Canadá o México en las décadas de los ochentas y los noventas, con la Iniciativa para las Américas o el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ya había traído pulsiones organizativas desde los movimientos sociales, como la Coalición Quebequense de Oposición al Libre Comercio (CQOL), o la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), pero no fue hasta la creación de la Alianza Social Continental en 1997 y posteriormente la Cumbre los Pueblos en 1998, que los movimientos sociales del continente lograron contraponerse con mayor fuerza orgánica a la Cumbre de las Américas, como epicentro de las negociaciones de estos tratados.

Es así que la campaña que está campaña contra el ALCA, arengó la creación de diferentes Cumbres, Encuentros, Foros, o manifestaciones diversas, promovidas por organizaciones sociales reconocidas o emergentes en medio de este convulso panorama en la región. En cada latitud posible, el movimiento campesino latinoamericano, los movimientos estudiantiles, ambientales, feministas, afroamericanos, indígenas, de derechos humanos, entre otros, iniciaron un periplo sin precedentes en el debate, organización y acciones contra la imposición del ALCA, que no sólo derivó en plataformas y redes internacionales contra las políticas neoliberales norteamericanas, si no que logró cristalizar liderazgos regionales, nuevas formas de integración popular, y nuevos códigos y símbolos que ponían en sintonía y en franca potencia la democracia revolucionaria en el continente.

En este sentido, fue configurándose progresivamente un espacio amplio de resistencia al ALCA que en términos teóricos definimos como contraterritorio. Desde los inicios de la convergencia de redes sectoriales transnacionales y multisectoriales nacionales integradas por movimientos socioterritoriales y socioespaciales en Belo Horizonte en 1997, la idea que devino en causa común era sumar el conjunto más amplio de fuerzas sociales del continente a los fines de asumir algunos objetivos básicos para dar consistencia al proceso de oposición a ALCA. La principal dificultad fue conjugar los diversos intereses para consolidar una plataforma común capaz de integrar más sectores. Reunir actores del norte y del sur representó una posibilidad inédita, fructífera en cuanto al aporte de experiencias y dinámicas específicas, pero también un desafío en virtud de la diversidad de culturas políticas involucradas. La identificación del adversario fue el punto inicial, que permitió un acuerdo en base a la oposición al proyecto del ALCA (Demirdjian, 2007, pág 65).

Fue justamente en medio de este contexto que las organizaciones sindicales, indígenas, campesinas bolivianas se incorporan a las acciones y programas contra el área de libre comercio, y es en eventos como los Encuentros Hemisféricos de lucha contra el ALCA, organizados por Cuba, que el liderazgo de Evo Morales Ayma, un joven sindicalista cocalero, fue consolidándose entre las organizaciones latinoamericanas, dando al traste con el fortalecimiento de su imagen como candidato presidencial en el año 2005, apoyado por más de 53.7% de los ciudadanos y ciudadanas bolivianas, que finalmente le dan la victoria como el primer presidente de origen indígena y campesino en este país.

A partir de entonces la historia de Bolivia, así como la historia de la región ya no será la misma, abriendo un panorama sin precedentes en la disposición política, económica, social y cultural de Latinoamérica de la mano de un Proyecto ulterior denominado La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, en sus siglas ALBA TCP, que rigió la política de integración productiva, comercial y cultural de América Latina y el Caribe en las últimas décadas, junto a otros mecanismos como PETROCARIBE, UNASUR, CELAC, que a pesar de los complejos y hasta dramáticos escenarios de la historia reciente, aún pugnan en el campo de las relaciones geopolíticas internacionales.

Reconociendo que la aplicación de proyectos y políticas de carácter neoliberal ha conducido a la propagación y profundización de la dependencia, la pobreza, el saqueo de nuestros recursos naturales y la desigualdad social en nuestra región. La verdadera integración entre los países de América Latina y el Caribe es una condición indispensable para el desarrollo sustentable, la seguridad y soberanía alimentarías, para la satisfacción de las necesidades de nuestros pueblos. Sólo la unidad de acción de los países latinoamericanos y caribeños, basada en los principios de cooperación, complementación, ayuda mutua y solidaridad nos permitirá preservar la independencia, la soberanía y la identidad, así como enfrentar con éxito las tendencias hacia el unilateralismo y las pretensiones hegemónicas, fortaleciendo un Tratado de Comercio de los Pueblos, la lucha por el mejoramiento del género humano y por la amistad, la solidaridad y la paz entre los pueblos del mundo debe ser obligación moral de todo gobierno. Convencido de la necesidad de promover una verdadera integración solidaria complementaria y humana entre nuestros países y nuestros pueblos, en nombre del Gobierno de la República de Bolivia deseamos contribuir a este proceso con la iniciativa de los Tratados de Comercio entre los Pueblos haciendo nuestros los objetivos, principios y bases conceptuales de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) (Evo Morales, Adhesión de Bolivia al ALBATCP, 2006)

Con el ascenso y consolidación de los gobiernos de Venezuela, Brasil y Argentina, Ecuador, Uruguay, Bolivia, Nicaragua, desde finales de los 90´s hasta la primera década del 2000, se puede decir que la región vivió la época dorada del progresismo político, proto revolucionario y que las Alianzas, Plataformas y Órganos plurinacionales marcaron la pauta de una política de solidaridad y cooperación regional sin precedentes.

Sin embargo y más adelante, la muerte súbita del líder Argentino Néstor Kirchner​ durante el 2010, seguida de la muerte en 2013 de quien se puede denominar el líder esencial de la época, Hugo Chávez; la destitución o impeachment aplicado contra Dilma Rousseff en 2015, la derrota electoral presidencial argentina en el mismo año, así como, el ascenso al poder del traidor Lenin Moreno en 2017, cambian el panorama de manera drástica, debilitando significativamente al movimiento, y los logros alcanzados en materia institucional y política.

La Unión de Naciones Suramericanas, UNASUR, fue uno de esos organismos de integración suramericanos nacida de esta época de lucha, que sufrió un duro revés.

Creado durante este período de gobiernos de izquierda en América Latina y el Caribe, se lanzó oficialmente durante el año 2008. En el momento de su nacimiento se sumaron al menos doce naciones de la región: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.

La Unión de Naciones Suramericanas tiene como objetivo construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos, otorgando prioridad al diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, el financiamiento y el medio ambiente, entre otros, con miras a eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los estados. (Tratado constitutivo de UNASUR, Objetivo)

Sin embargo, casi una década después, bajo gobiernos de derecha o reformistas, las naciones Argentina, Brasileña, Chilena, Colombiana, Paraguaya y Peruana deciden retirarse abruptamente, tras un comunicado dirigido al ministro de Exteriores de Bolivia en ejercicio, Fernando Huanacuni, quien asumía la presidencia del ente. Más adelante, Ecuador también anuncia su salida, y de esta manera se pierde el complejo que servía de sede a UNASUR, ubicado en Quito.

Además de esto, tras el golpe cívico-militar contra el gobierno democráticamente electo de Evo Morales durante 2019, el gobierno de facto de Yanine Añez, también retira a Bolivia de UNASUR. Siguiéndole el paso Uruguay, durante 2020. Quedando solo tres países miembros: Guyana, Surinam y Venezuela.

El giro a la derecha en la región, golpeó sin duda el gran avance en materia de cooperación y alianzas progresistas en la región. Y UNASUR desde entonces queda en terapia intensiva.

Durante la primera década del 2000, el contexto internacional favorable permitió en buena medida el impulso de una mayor identidad sudamericana. Mientras los Estados Unidos miraban a Medio Oriente y los precios de los commodities ascendían, los países sudamericanos emprendieron una búsqueda de mayor autonomía y margen de acción política y económica, y, en este contexto, los gobiernos de centro-izquierda lograron posicionarse en la conducción del bloque con políticas de orientación progresistas y desarrollistas. Sin embargo, la segunda década del milenio comenzó a evidenciar los efectos de la crisis internacional de 2008 sobre la región, entre los cuales se destacan un menor crecimiento económico, la reducción de las exportaciones y del comercio internacional, la baja generalizada de los precios de los commodities, entre otros. En este marco, las crisis políticas y económicas internas de los países sudamericanos que tuvieron lugar en los últimos años debilitaron la posición de los principales promotores de esta clase de integración y demostraron el agotamiento del ciclo de gobiernos progresistas para reimpulsar nuevamente los esquemas de un “regionalismo abierto” (Frenkel, 2016).

No es hasta el año 2020, que el expresidente Evo Morales Ayma, hace públicas una serie de acciones de resignificación del movimiento latinoamericano, concertadas con los máximos dirigentes sindicales y populares de Argentina, durante su exilio en ese país, y a la que luego se suman los grandes movimientos sociales de Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela. Nace así Runasur, un mecanismo de integración plurinacional entre los pueblos indígenas, afrodescendientes, organizaciones sociales, sindicales, territoriales y movimientos sociales de la región, que enfrentando la situación de debilitamiento político, se propone lograr "la unidad de los pueblos para luchar contra el capitalismo, el imperialismo y el neocolonialismo; proteger la soberanía de los pueblos sobre los bienes comunes; el respeto a los derechos de la madre tierra como sujeto de derecho para vivir bien/buen vivir; y el respeto a la vida para consolidar el equilibrio y la armonía con la madre tierra y todos los seres humanos."

Runasur, cuyo nombre se forma de la conjunción de la palabra quechua runa (hombre) y las siglas de UNASUR, resume la idea de una UNASUR de los pueblos: "Es importante impulsar Sudamérica de los pueblos, o RUNASUR. Tengo mucha esperanza que pronto vamos a relanzar el UNASUR, que es un organismo oficial de los gobiernos. Pero mientras tanto, podemos lanzar el UNASUR de los pueblos o RUNASUR, para forzar las cosas desde la clase trabajadora”, declaraba Evo Morales, en el cierre del encuentro fundacional realizado en Cochabamba.

De esta manera Evo Morales, pone a Bolivia de nuevo a asumir un papel protagónico en Latinoamérica, tal y como ocurrió durante la cruzada contra el ALCA, hace ya 20 años, aprovechando las transformaciones vertiginosas en la región, que han atizado las luchas populares de izquierda contra los gobiernos de derecha y neoliberales, tal como ha pasado en Chile, Colombia, Perú, Ecuador y Argentina, recuperando el terreno y ofreciendo un caldo de cultivo difícil de omitir en el escenario global.

Junto a las y los miembros de la Central de Trabajadores Autónoma de Argentina, la Confederación de Nacionalidades Indígenas y el Movimiento de Pobladores y Pobladoras de Ecuador, el Consejo Nacional e internacional de la Comunicación Popular, la Confederación de Naciones del Tahuantinsuyo y la Confederación Nacional de Mujeres Micaela Bastidas Puiicagua del Perú; la Convergencia Nacional Maya Waqib’ Kej y el Partido Winaq de Guatemala, Alba Movimientos, organizaciones de Venezuela, Runasur se organiza provisionalmente en un Consejo de representantes, como autoridad central del organismo; y un Consejo ejecutivo operativo, del que se despliegan: el consejo del sistema político, el consejo educativo, el consejo jurídico y el consejo económico. Bolivia, ofreció para su funcionamiento, una sede base en Cochabamba.

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