publicado el: 16 octubre 2021 - 16:35

Especial Segundo Paso

Conflicto Entre Dos Aliados Tradicionales

¿Hacia dónde va la relación Riad-Washington?
Conflicto Entre Dos Aliados Tradicionales

Segundopaso - Algunos analistas creen que esta divergencia no durará mucho y motivos, como los intereses mutuos y la necesidad común de cooperación, obligarán a ambas partes a aceptar el papel del otro. Sin embargo, la pregunta es: ¿las relaciones entre Arabia Saudí y Estados Unidos ya se encuentran en una encrucijada?

Ya no es ningún secreto para los analistas que las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí, después de que Biden asumiera el poder, difieren sumamente de las existentes anteriormente, y está bastante claro que los estadounidenses han tomado decisiones fundamentales para cambiar la estrategia de sus lazos internacionales y políticos.

Es evidente que las prioridades de la política exterior para los políticos estadounidenses más veteranos son notablemente diferentes, y actualmente su predilección es la supervivencia de Estados Unidos como superpotencia económica y militar en el mundo.

Los políticos estadounidenses de hoy se enfrentan a la amarga verdad de que, cuando los estadounidenses estaban alborozados por el colapso de la Unión Soviética y pensaban que había terminado y que no había poder en el mundo que pudiera desafiar la autoridad estadounidense, de acuerdo con la tradición histórica, estaban surgiendo nuevos poderes.

La China comunista se está convirtiendo en la superpotencia económica número uno del mundo, y Rusia está ganando cada vez más terreno y desafiando el poder militar de Estados Unidos.

Durante este período, los estadounidenses se involucraron en asuntos pequeños, pero costosos, como el Medio Oriente. O quizás sea más apropiado decir que los rivales de Estados Unidos los arrojaron a un pantano de conflictos pequeños y costosos, y los estadounidenses lucharon todos los días para evitar hundirse más en ese cenagal.

De repente, los estadounidenses se dieron cuenta de que no solo estaban atrapados en estos pantanos, sino que la situación ha llegado a un punto en el que algunos de sus subalternos ahora se permiten tomar decisiones en su lugar.

La discordancia entre estos dos viejos Estados aliados se reveló cuando se canceló la visita del secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, que tenía previsto viajar a Arabia Saudí a principios de septiembre, a fin de reunirse con Mohammad bin Salman y algunos funcionarios saudíes de alto rango. Discusiones sobre la situación en Afganistán, averiguar las capacidades de defensa saudíes, reunirse con comandantes estadounidenses en Riad y miembros de la embajada de Estados Unidos en la ciudad, conformaban algunos de los planes anunciados por el secretario de Estado de Estados Unidos durante su visita a Arabia Saudí; no obstante, de repente, Austin canceló su viaje a Riad en una decisión que, se afirmó, estaba relacionada con un problema de agenda, mientras que el secretario de Defensa de Estados Unidos había visitado Catar una semana antes y continuado su periplo por los Estados árabes del Golfo pérsico, visitando Baréin y Kuwait, pero cuando llegó el turno de Arabia Saudí, su viaje quedó inconcluso.

Aunque el Pentágono inicialmente justificó la cancelación del viaje de Austin, como una cuestión de agenda, según los expertos, no era más que una excusa para mantener su reputación intacta, puesto que tales reuniones se programan con semanas de anticipación y, en caso de emergencia, pueden posponerse uno o dos días, pero no se cancelan.  Además, no figuraban encuentros preestablecidos en la agenda de Austin, no se observó ninguna urgencia y su homólogo saudí, Mohammad bin Salman, se hallaba en Arabia Saudí.

Por otro lado, para enviar un fuerte e inesperado mensaje a la parte estadounidense, Bin Salman se citó con Lenid Slotsky, presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Duma rusa, en Neom, donde se suponía que debía reunirse con el secretario de Defensa de Estados Unidos. 

También parece que algunas tensiones recientes no han sido ajenas a la cancelación del viaje, unas tiranteces que se hicieron patentes en los nexos entre ambos países antes de la cancelación del viaje, concretamente, durante la retirada de Estados Unidos de Afganistán y al evacuar a las tropas, los empleados de la embajada y los refugiados afganos, los saudíes, a diferencia de otros países como Catar, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Kuwait y Jordania, que se convirtieron en un punto de tránsito para diplomáticos y ciudadanos estadounidenses, periodistas, extranjeros y refugiados afganos, no cooperaron de forma alguna con Estados Unidos en este proceso.

En líneas generales, las relaciones entre Washington y Riad han llegado a un momento crucial, y los funcionarios saudíes, que durante mucho tiempo han criticado la postura de la nueva Administración estadounidense sobre su país y hasta ahora expresaban su insatisfacción solo de manera informal, actualmente están enviando mensajes más fuertes y claros. 

La escalada de esta divergencia en los asuntos regionales e internacionales ha sido tal, que los saudíes, desde Afganistán hasta El Líbano, se muestran reacios a alinearse con las políticas estadounidenses. Mientras tanto, los desacuerdos sobre el programa nuclear de Irán, los acontecimientos en Túnez y el caso de los uigures chinos han llenado de desacuerdos las posiciones de las dos partes.

Entre las tensiones que se produjeron después de que los demócratas asumieran el poder en Estados Unidos y no atendieran a Arabia Saudí, los saudíes orientaron su política hacia el Este, especialmente Rusia y China, en un momento en que Biden hacía todo lo posible para controlar a estos dos poderes.

Los saudíes están ampliando rápidamente sus relaciones comerciales y de defensa con el Este. 

Empero, el golpe final y el motivo por el que Arabia Saudí, después de dos años de presiones por parte de Biden, no pudo aguantar, fue su reciente decisión de levantar el secreto de sumario de los documentos de inteligencia estadounidenses que contenían investigaciones secretas sobre los ataques del 11 de septiembre, que se llevarán a cabo en los próximos seis meses.

Los documentos preliminares publicados indican que Omar al-Bayumi, un empleado del consulado saudí en Los Ángeles, que supuestamente era un espía del servicio de inteligencia saudí, estuvo involucrado en el incidente y ayudó a los atacantes.

De acuerdo con un informe de Al-Mayadin respecto a este tema, los saudíes, insatisfechos con la decisión del Gobierno de Estados Unidos de revelar los documentos, negaron la veracidad de los datos que contienen los mismos  exactamente cuando las relaciones entre Riad y Washington estaban tensas. 

A pesar del énfasis de Estados Unidos en la centralidad de Arabia Saudí y su importancia como socio y aliado, la verdad es que ha habido un cambio de actitud hacia Arabia Saudí en Estados Unidos desde los ataques del 11 de septiembre, una cuestión que fue claramente planteada por el expresidente de Estados Unidos Barack Obama.

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La Administración de George W. Bush (2001-2008)

Aunque muchos funcionarios saudíes estuvieron involucrados en los ataques del 11 de septiembre, las relaciones entre Arabia Saudí y el Gobierno de Estados Unidos siguieron siendo buenas, especialmente porque el propio Riad condenó dicho acto terrorista y, mientras cooperaba con los estadounidenses, dijo que su propio país también estaba expuesto a las acciones terrorista de Al-Qaeda.

En el Plan del Gran Oriente Medio, los estadounidenses pidieron un cambio de rumbo en Arabia Saudí para eliminar el extremismo en ese país y llamar a la tolerancia religiosa, pero no pasó nada.  Los estadounidenses ignoraron este tema en ese momento debido a su necesidad de apoyo de los Estados del Golfo Pérsico en las guerras de Irak y Afganistán.

La Administración de Obama (2009 a 2016)

Las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí se deterioraron durante la presidencia del exmandatario estadounidense Barack Obama, cuando los saudíes acusaron al Gobierno norteamericano de apoyar acciones que buscaban cambiar el mundo árabe, apoyando a los movimientos árabes;  movimientos que, en los primeros años, derrocaron o amenazaron los gobiernos de los aliados de Arabia Saudí en la región.

Sin embargo, después de 2015, los nexos entre Riad y Washington se agriaron, y los saudíes expresaron su descontento con Barack Obama durante su visita a su país, interrumpiendo los protocolos oficiales y haciendo declaraciones esporádicas sobre la disociación entre Estados Unidos y Arabia Saudí.

La Administración de Trump (2107 a 2020)

La relación del expresidente Donald Trump con el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammad bin Salman, fue muy buena, puesto que los saudíes gastaron cientos de miles de millones de dólares en transacciones e inversiones de armas en Estados Unidos.

No obstante, el asesinato de Yamal Jashogyi, columnista del Washington Post en el consulado saudí en Turquía, ha puesto a Trump y a su Administración en una posición difícil, dando pie a una indignación en los medios de comunicación, círculos académicos y políticos estadounidenses, y aumentando las demandas sobre poner fin al apoyo de Estados Unidos a Arabia Saudí y el enjuiciamiento del príncipe heredero.

La Administración de Biden

La Administración Biden parece estar siguiendo los pasos de la Administración Obama en muchas de las posturas respecto a los cambios estratégicos en el mundo, así pues, se puede comprender la visión de Biden sobre las relaciones saudí-estadounidenses.

Otra actitud por parte del actual Gobierno estadounidense, que muestra el colapso de estas relaciones, es la decisión de Biden de retirar los sistemas de defensa de Arabia Saudí. Associated Press, que mantiene estrechas relaciones con funcionarios de la Casa Blanca, publicó una serie de imágenes satelitales de dichos sistemas en la Base Aérea Príncipe Sattam, en el sureste de Riad, en las que se aprecia que fue evacuada, lo que significa que el Pentágono había emitido las imágenes. Biden había decidido retirar todos los sistemas avanzados de defensa antimisiles Patriot y SAD de Arabia Saudí que habían sido desplegados en dicho país, en 2019, para apoyar sus objetivos estratégicos.

Los analistas estadounidenses creen que Estados Unidos busca centrarse en contrarrestar el regreso de Rusia al poder en Europa y el desarrollo económico de China y, para llevar a cabo este objetivo, va a abandonar a sus aliados en el Golfo Pérsico, especialmente Arabia Saudí, porque sabe muy bien que, si no puede controlar a China y Rusia en los años venideros, prácticamente va a perder, y tras 2030 ya no será la superpotencia mundial. 

Además de todo esto, los últimos pasos dados por Arabia Saudí en relación con la firma de acuerdos de armas con Rusia y su intento por comprar el sistema S400 de ese país constituyen una opción legítima, pero también entrañan ciertos riesgos, puesto que Estados Unidos ha descrito la compra del sistema ruso como su línea roja y puede tomar represalias, hasta el punto de que las autoridades saudíes no toleren sus consecuencias.

Si los documentos a los cuales Biden había hecho referencia confirman el apoyo financiero y logístico de las autoridades saudíes a los participantes en los ataques del 11 de septiembre, ello significará dar luz verde a los tribunales estadounidenses para escuchar a las familias de las víctimas de estos ataques, que buscan una indemnización, y esa compensación podría llegar a situarse en varios billones de dólares.

La Administración Biden también destacó el papel de Arabia Saudí en Afganistán y designó a Catar como su principal base política, militar y diplomática en la región del Golfo Pérsico y todo el Medio Oriente, una daga venenosa que se hundió en la espalda de Arabia Saudí y podría acabar con una relación estratégica que data de hace 80 años.

Por supuesto, a pesar de que muchos critican las recientes políticas de Biden, debe tenerse en cuenta que él no es el único que tomas las decisiones en la política estadounidense, sino que es la estructura política estadounidense la que toma las decisiones y el presidente es quien las pone en práctica. Lo que resulta del todo evidente es que Estados Unidos no ofrece garantías y deja fácilmente a sus aliados, el último de los cuales fue el presidente afgano Ashraf Ghani, que huyó a los Emiratos Árabes Unidos.

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