¿Para qué sirve la xenofobia contra la migración venezolana?

SegundoPaso ConoSur - La guerra multidimensional contra Venezuela ha ocasionado y promovido una emigración sin precedentes en un país acostumbrado a recibir grandes migraciones y no al revés. Pero las cifras de esa migración son aumentadas, manipuladas, distorsionadas y manejadas con muy poca rigurosidad por ONG (Organizaciones No Gubernamentales casi todas vinculadas a la USAID), por gobiernos subordinados a los Estados Unidos y hasta por organismos multilaterales.

La inexactitud de esas cifras, parte de números dados por ONG venezolanas financiadas por la USAID que nunca aclaran sus fuentes o muestran sus estudios estadísticos. Se refrenda con vergonzosos informes como los de Migración Colombia y es legitimada por las corporaciones mediáticas, ONG internacionales e incluso, por algunas organizaciones multilaterales como la OIM y la ACNUR, quienes se hacen eco de las cifras aunque luego en sus sitios web aclaran, por ejemplo, que ese número “representa la suma de migrantes, refugiados y solicitantes de asilo venezolanos reportados por los gobiernos anfitriones. No necesariamente implica identificación individual, ni registro de cada individuo, e incluye un grado de estimación, según la metodología de procesamiento de datos estadísticos utilizada por cada gobierno”.

Además, en ese mismo portal aclaran que las cifras pueden incluir datos duplicados y que solo algo más del cuarenta por ciento de las cifras totales, que los propios organismos multilaterales dan de la emigración venezolana se remiten a cifras aportadas por gobiernos, el resto son aproximaciones estadísticas o proyecciones hechas por organizaciones no gubernamentales. Lo grave es que esto, unido al uso inadecuado, confuso y malintencionado de las categorías “migración”, “refugio”, “desplazamiento forzado” y “retorno”, ha servido para agudizar la guerra comunicacional contra Venezuela, manipulando a la opinión pública, legitimando el robo de recursos económicos supuestamente dirigidos para estos fines, promoviendo la xenofobia e incluso, avalando agresiones militares regulares e irregulares contra la Revolución Bolivariana.

A partir de los años cincuenta, Venezuela comenzó a recibir una inmensa migración económica y víctimas de la violencia desde Colombia y en la década de los setenta recibió grandes contingentes de exiliados de las dictaduras del Cono Sur, particularmente de Chile y Argentina. Innegablemente, como sucede con toda inmigración, esta aportó mucho a la economía y la cultura venezolana, siempre poco dada a la discriminación o la xenofobia. Sin embargo, ahora que la población venezolana es quien migra, ha sido víctima de una xenofobia de clase que la vicepresidenta venezolana caracterizó muy bien como “aporofóbica”, pero que también está trasversalizada por el machismo y el racismo.

No es igual el trato dado a quien migra caminando, con pocos enseres, con solo su fuerza de trabajo para vender, que el trato privilegiado, dado a los y las representantes de la oposición venezolana que viven por ejemplo, en Bogotá, cuyos niveles de vida llegan a ser escandalosamente altos y solo se pueden explicar por su complicidad en el robo de los activos venezolanos en el exterior, su relación con el narcotráfico y el financiamiento que reciben directamente del centro del imperialismo mundial.

En Chile esta xenofobia aparece como un rezago del pinochetismo y aunque parezca un sin sentido, es precisamente un hijo de inmigrantes, José Antonio Kast, actual candidato presidencial d ela ultraderecha, quien ha asumido esa xenofobia contra la migración venezolana y también la colombiana, como discurso político. Tal como dijimos antes, no toda migración es igual a los ojos de ciertos sectores políticos, por eso este descendiente de nazis se siente con más derecho que quienes hoy llegan a Chile, y entre la venezolanidad en Chile, hay quienes también se sienten tan superiores al resto, que han decidido públicamente apoyar la campaña de Kast haciendo énfasis en su estatus de “residentes legales”, dejando ver su desprecio a sus propios connacionales que residen ilegalmente en ese país.

Pero ahí no termina todo, solo para este año la propia ONU ha solicitado públicamente nada menos que 1440 millones de dólares que se repartirían entre 101 ONG, 16 agencias de la ONU y 42 organizaciones de otro tipo que no se especifican pero que supuestamente atienden a la migración venezolana en los llamados países de acogida. Así que este año como los anteriores se han realizado conferencias de países donantes, que más parecen ruedas de negocios, para supuestamente atender esta situación, no la de la migración africana hacia Europa, esa no es de su interés, sino exclusivamente la venezolana.Dónde están esos recursos multimillonarios es un misterio, lo único que queda claro es que no han llegado a las y los migrantes venezolanos. Un ejemplo curioso, que pone en duda la seriedad de esas solicitudes, es que los recursos planificados para Colombia con el supuesto fin de proteger a la migración venezolana incluyen expresamente en su documento nada menos que la atención a 845.000 colombianos y colombianas que han retornado a su país natal.

Las terribles cifras de asesinatos ( 1933 casos de homicidio de personas de Venezuela en Colombia entre enero del año 2015 y diciembre del 2020), violaciones, desapariciones forzadas y persecución a la población venezolana en Colombia, así como los ataques xenófobos ocurridos en Perú y Chile, han motivado operativos urgentes del “Plan Vuelta a la Patria” del gobierno venezolano en el que ya han retornado decenas de miles de venezolanos y venezolanas desde estos países y, en días recientes, el presidente Nicolás Maduro ha manifestado su decisión de denunciar a Iván Duque ante la Corte Penal Internacional (CPI9 por la persecución y exterminio de sus conciudadanos en Colombia. Que en pleno siglo XXI, ciencia y globalización mediante, aún exista algún tipo de fobia a extranjeros o extranjeras en una cultura, cuesta entenderlo. Más aún en América, un continente de migrantes. Pero la triste realidad es que existe, en parte por estupidez humana, pero sobretodo porque se promueve desde las clases dominantes latinoamericanas subordinadas a los Estados Unidos.

Con la inexcusable xenofobia contra la migración venezolana en los países de América del Sur, se promueve la pelea de pobres contra pobres por las migajas que reparte el capitalismo, se profundiza la división entre nuestros Pueblos, se oculta el robo y el lavado capitales tras supuestos donativos para atenderle, pero sobre todo se legitiman las acciones injerencistas contra la Revolución Bolivariana y se encubre la lucha de clases.

María Fernanda Barreto

Escritora colombo-venezolana, Feminista y Educadora Popular.

Investigadora sobre geopolítica del imperio.

Analista y articulista en diversos medios internacionales

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