"Europa dejó de ser un actor relevante en el escenario internacional"

SegundoPaso ConoSur - Europa dejó de existir como actor internacional apreciable. Susceptible de ser marginado de la toma de decisiones cuando así conviene a los intereses de la potencia norteamericana

La vergonzosa huida de Estados Unidos de Afganistán que arrastró tras si a sus socios de la OTAN y su firma del tratado AUKUS con el Reino Unidos y Australia, parecen marcar el fin de Europa como actor internacional relevante. Estos dos hechos han hecho patente el papel de los países de la Unión Europea como participante con menor grado de importancia, susceptible de ser marginado de la toma de decisiones cuando así conviene a los intereses de la potencia norteamericana. En uno y otro caso, las medidas adoptadas, que influían directamente sobre intereses europeos, militares, políticos y económicos, soslayaron la opinión de líderes del Viejo Continente que acusaron el golpe en silencio, temerosos de causar desazón al amo atlántico.

La decisión de las élites europeas de actuar como apéndice de la política guerrerista de Washington en el mundo los ha llevado a una actitud desvergonzada y grotesca. Este hecho podría disparar una crisis de identidad en torno a la necesidad de tener política propia en materia internacional y de seguridad. El silencio fue la respuesta, la ignominia trataba de pasar por debajo de la mesa para una población que se le pretende demostrar como válido, el absurdo que significa que, por satisfacer a Estados Unidos, es mejor comprarle gas a un precio más elevado, que traerlo de Rusia con positivas repercusiones para los bolsillos de las familias. La política de transformar a China y Rusia en enemigos solo para complacer a Estados Unidos no parece tener posibilidades de sostenerse como positivo en el tiempo.

En estas condiciones, la sentencia categórica de Alemania fue avasalladora. La canciller federal Ángela Merkel reconoció su propio fracaso, al mismo tiempo que sin ambages dio cuenta de la subordinación de Alemania y Europa a Estados Unidos al afirmar que: "Siempre dijimos que nos quedaríamos si los estadounidenses se quedaban" y puntualizó que la decisión de abandonar Afganistán fue "esencialmente tomada por Estados Unidos" considerando que se debió a "razones de política interna". Muy tarde descubrió Merkel que “las fuerzas armadas afganas no estaban atadas al pueblo [y que] no funcionó como pensábamos”. Sabiendo que abandona el cargo y se retira de la política no tuvo contratiempos para afirmar que la intervención internacional más allá de las operaciones antiterroristas ha sido "un esfuerzo sin éxito".

Mucho más pusilánime ha sido el papel jugado por los que como siervos acuden al llamado, para tratar de ganar -con inusitada lambisconería- complacencias del jefe. En este ámbito, el caso de España es trágico y aciago. En una editorial del diario El País de Madrid del pasado lunes 17 de agosto se expuso una vaga queja al referir que los hechos no habían ocurrido como se habían previsto y que le correspondía a Estados Unidos “explicar qué y por qué”, para terminar sollozando sin rubor porque el desastre que sobrevino en Kabul no solo puso en peligro a los soldados estadounidenses, toda vez que España tuvo “que improvisar en horas una repatriación de medio millar de personas”.

Al pasar de las semanas, la información fue cambiada. En un reciente desayuno el pasado 25 de octubre en el Hotel Ritz de Madrid en el marco del Fórum de Nueva Economía, el ministro de relaciones exteriores de España, José Manuel Albares dijo que habían traído 300 colaboradores por vía terrestre desde Afganistán. Ni la vía, ni la cifra son las mismas que se ofrecieron originalmente. Ni siquiera saben mentir. Para ocultarlo, Albares prefirió resaltar su “heroísmo” personal al trasladarse a la frontera afgano-pakistaní a recibir a los que huían.

Este relato es expresión de la crisis de credibilidad que atraviesa a Europa hasta con sus propios medios de comunicación los que ponen en entredicho sus palabras. Valdría decir que la definitiva pérdida de protagonismo en el escenario internacional se ha manifestado recientemente a través de las declaraciones dadas por el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas Armadas de Estados Unidos quien durante el Foro de Seguridad de Aspen el pasado miércoles 3 de noviembre opinó que. “"Estamos entrando en un mundo tripolar [sic] en el que Estados Unidos, Rusia y China, todas son grandes potencias”. Muy claro: Europa dejó de existir como actor internacional apreciable hasta para su principal amigo.

Sergio Rodríguez Gelfenstein

Twitter: @sergioro0701

Diplomático. Escritor. Docente. Analista y consultor internacional.

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