publicado el: 4 diciembre 2021 - 08:15
Los Antivacunas, Vectores Criminales Para La Propalación de Virus

Segundopaso - En muchos países se les señala como movimiento, pese a ser una tendencia mundial no organizada como entidad. Se trata de los antivacunas, muy en boga desde la aparición de la pandemia del COVID-19, y que propugna la desconfianza hacia la inoculación, como medida preventiva o de tratamiento, ante este virus y sus subsecuentes sepas.

Como antecedente, hacia el año 1998, surge un grupo de personas que sostenían la vinculación de las vacunas contra el sarampión con el desarrollo de autismo, sentido que se despejó con la certeza científica a raíz de la falsificación de los resultados de un estudio manipulado por el británico Andrew Wakefield.

De hecho, los antivacunas figuran como el sector de la sociedad que más riesgos presenta para el resto de las personas, tanto por actitud como por la nula cooperación hacia la lucha contra el Covid19.

En efecto, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), advirtió que es posible el aumento del número de casos de otra enfermedad, como es el sarampión, a partir de esta posición de los antivacunas, que cargan a sus espaldas con la responsabilidad de muchas vidas humanas perdidas, tanto por el nuevo coronavirus como por otras enfermedades.

Casi un centenar de países han registrado nuevas incidencias de casos de sarampión a causa de esta actitud, encabezada por el Brasil de uno de los más fervientes antivacunas, su presidente Jair Bolsonaro. Seguido de Brasil, en esta lista de la UNICEF, encontramos a otra presidencia de la misma tendencia política de Bolsonaro, la Ucrania de Volodímir Zelenski, donde incluso existen movimientos organizados antivacunas, situación que se enfrenta a una infraestructura deficitaria de Salud, a la que se agregan los conflictos civiles sin resolver en este país, como Donbáss, oriente ucraniano.

El perfil de esta tragedia sanitaria en el país europeo ha llevado a que sean cientos de niños que no recibieran vacunas, hasta casi finalizar el año 2021, gatillando la ocurrencia de distintos brotes, no solo de Covid19, sino que de sarampión.

En la lucha contra el sarampión, encontramos a países como Nicaragua, donde el Gobierno del presidente, Daniel Ortega, ha llevado a elevar el nivel de alerta en sus fronteras ante eventuales llegadas de casos a su país, ello luego de los casos positivos en Guatemala, a principios de 2018.

Acorde a la UNICEF, uno de los principales problemas vinculados a estos brotes reside en “las dudas a la hora de vacunar a los niños”, hecho que ha precipitado la ocurrencia de estas alzas, pues enfermedades como el sarampión son muy contagiosas, incluso más que la gripe, el ébola o la tuberculosis, pues anida luego de dos horas de contacto, a través de aerosoles laríngeos propalados en una simple conversación. Sus principales víctimas, niños o bebés desnutridos.

Los antivacunas son tan peligrosos como las mismas enfermedades, según indica el mismo organismo de la ONU, precisa la directora de la UNICEF,  Henrietta Fore, quien ha apuntado que la información incorrecta lleva un grado de peligrosidad social, figurando como principales víctimas a la infancia en general, específicamente, aquellos que no reciben las vacunas a tiempo.  Según estadísticas de la propia UNICEF, si reciben las vacunas, se pueden salvar hasta tres millones de vida, al año.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud, OMS, informó que durante 2018, 142 mil personas fallecieron a causa del sarampión, 30 mil más que en 2017; la mayoría de los muertos corresponden a niños menores de cinco años que no habían sido vacunados.

Lo más escandaloso de toda esta situación es el hecho que en forma creciente, personas de países con niveles económicos desarrollados, están rechazando las vacunas, y al mismo tiempo, desde países en vías de desarrollo no reciben las vacunas para sus respectivas poblaciones.

Otra de las aristas peligrosas para la propalación del Covid19 han sido las manifestaciones de los propios antivacunas. Por ejemplo, en Alemania se han desarrollado diversos episodios de rechazo a ser vacunados como medida preventiva, los que durante algunos mítines han acudido sin mantener distancia, sin aforos precautorios y sin mascarillas, hecho que pone de relieve su reacción a las medidas preventivas para evitar los contagios. Estas manifestaciones se han venido repitiendo, a lo menos desde abril de 2021, concentraciones que, a lo menos, han acogido entre 8 a 15 mil personas, en distintas ocasiones. Según el ministerio de Salud de Alemania, casi 243 mil personas se han contagiado con la Covid19, mientras que, de los contagiados, son más de 10 mil los fallecidos.

La capital polaca de Varsovia también ha sido escenario de idénticas manifestaciones, donde se especifica un grupo de antivacunas denominado “Asociación Antivacunas Stop-NOP”, quienes han lanzado consignas como “¡Acabar con la pandemia! ¡Basta de mentiras!” e incluso se convocaron entorno al Parlamento del país, y acudido hasta el canal público de televisión TVP, al que acusaron de falsificar informaciones sobre la pandemia del Covid19.

En la misma línea, estas protestas se han intensificado en Europa, donde se supone que existe una preparación mayor en cuanto a educación sanitaria, mientras el pasado mes de julio de 2021, tanto en Francia como en Grecia, los antiprevención rechazaron la vacunación pública de personas para inmunizarse contra la pandemia, que han provocado más de 5 millones de personas fallecidas hacia finales de noviembre de 2021, en todo el mundo.

El perfil de este tipo de manifestantes incluye el rechazo hacia la obligación de vacunarse, limitar los aforos, los eventos públicos destinados a personas inoculadas y la entrada en vigencia del pase sanitario exclusivo para ingresar a zonas culturales y de ocio, con aforo de hasta 50 personas.

Actualmente, Europa alberga un 40% de población vacunada, y se encuentra lejos de llegar al total de la población vacunada, al tiempo que se conoce la extensión de variantes como Delta del Covid19 o de la Delta Mu y de Omicrón, hecho que pone cuesta arriba a los esfuerzos sanitarios.

Pero no solo algunos adultos se oponen a la vacunación masiva para prevenir esta pandemia. También este mismo sector ha llegado a oponerse que sus hijos sea vacunados, surgiendo hechos como su irrupción en las oficinas centrales de la BBC de Londres, acusándolos también de no informar sobre las vacunas e incluso de ser los responsables mediáticos de la propagación del virus, hechos que se van extendiendo por distintos países europeos.

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En 2015 el doctor norteamericano antivacunas, Jeff Bradstreet, se suicidó dejando un manto de dudas tras su deceso. Bradstreet fue el principal impulsor del rechazo hacia las vacunas, acusándolas de provocar el autismo en niños, sin presentar pruebas sólidas ni concluyentes. Lamentablemente, en países como Guatemala, incluso han sido más temerarios, no importando que existan personas que estén dispuestas a recibir las dosis para salvaguardar sus propias vidas, y en hechos que ya no están aislados, han atacado al personal médico en episodios que dan cuenta de la retención de enfermeras y la destrucción de vacunas.

Tanto los antivacunas como sus parientes más cercanos están expuestos a un inminente riesgo, ya que las dosis de inmunización, por bajas que sean, son más seguras que no tenerlas, y podrían ayudar a rebajar la cantidad de víctimas mortales producto de esta pandemia, que sin duda, es un peligro social mundial.

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