publicado el: 7 diciembre 2021 - 07:39
La Irrupción de los Talibanes Nuevamente en Asia

Segundopaso - La Federación Rusa, Kirguistán y Tayikistán tienen proscrito y prohibido al grupo armado afgano talibán, así como tampoco les han reconocido como gobierno, sin embargo, se empieza a establecer la necesidad de dialogar para arribar a acuerdos diplomáticos.

A inicios de noviembre, en Bishkek, capital kirguisa, se celebró una conferencia especial sobre las problemáticas que enfrenta Afganistán, instancia en la que se manifestó la posibilidad de entablar conversaciones que conduzcan a soluciones destinadas a mejorar la calidad de vida de la población afgana, posición que vino de la mano con la iniciativa entregada por el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Kirguistán, Taalatbek Masadykov.

En dicha instancia, Masadykov planteó que la crisis que vive el pueblo afgano debería ser la prioridad para encausar las ayudas por parte de este país, que si bien, no es vecino de Afganistán, considera la existencia de una población kirguiso-afgana que requiere de ciertas ayudas urgentes, considerando los 38 millones que viven en una realidad multiétnica, que deben hacer frente al congelamiento de sus fondos nacionales.

El empobrecimiento de Afganistán, una nación inmensamente rica, dotada de grandes recursos naturales, pero con intensos niveles de pauperización y corrupción, son un par de elementos que han sido aprovechados por el lobby wahabita saudí a partir de los recursos económicos que posee para influir en centros religiosos afganos y de los países de Asia Central, lo que ha impactado en el crecimiento de las organizaciones filio sauditas wahabíes, como el Daesh, según alertó el vicepresidente del Consejo de Seguridad de Kirguistán, factor que podría salirse de control.

Las cinco repúblicas exsoviéticas de Asia Central han enviado ayudas humanitarias a Afganistán, considerando la actual problemática por la que atraviesan sus habitantes, de acuerdo con los personeros kirguisos, quienes pudieron constatar la situación del pueblo afgano, el que sigue gozando de algunas garantías, pese a los datos proporcionados por agencias informativas occidentales sobre las libertades públicas del país.

Sin embargo, algunas organizaciones internacionales de derechos humanos, que dependen de la ONU, manifiestan que los talibanes no estarían cumpliendo con sus compromisos en ese ámbito, así como que las mujeres estarían impedidas para trabajar; idéntico estatus valdría para niñas o adolescentes, que  no estarían autorizadas para asistir a las escuelas, sumado a la persecución de identidades religiosas, como los musulmanes chiítas, especialmente, la minoría étnica hazara, cuya población sigue la Escuela de pensamiento religioso chiíta.

Otra realidad es la resistencia antitaliban del Frente de Resistencia Nacional de Afganistán, encabezado por Ahmad Masud, que ha pedido ayuda al gobierno tayiko del presidente, Emomali Rahmon, para que ayude a formar un gobierno en Afganistán, reuniéndose Masud con el exgobernador de la provincia afgana de Herat, Ismail Jan, en la ciudad iraní de Mashhad, según precisó Sputnik Afganistán.

Hasta ahora tampoco hay interés de los talibanes en conversar con la oposición, la que había propuesto realizar en la capital tayika de Dushanbe un encuentro de las partes en pugna, y esto, tras los acuerdos del presidente Rahmon y el primer ministro paquistaní, Imran Jan, a lo que se suma la propuesta de una acción decisiva contra los talibanes, deslizada por Abdul Latif Pedram, presidente del Partido del Congreso Nacional Afgano, también de la oposición.

Otro de los frentes que todavía se mantiene abierto en Afganistán, es el aumento de la producción de opio en el país. Desde la Oficina de la ONU contra las Drogas y el Delito (UNODC), se informó que durante este 2021 la producción del alucinógeno aumentó en 8%, lo cual alcanzó las 6,8 mil toneladas, con destino preferencial a Europa y Estados Unidos, lo que significa que 320 toneladas de heroína pura entraron en esos mercados, de acuerdo con el mismo informe.

En efecto, Afganistán provee los opiáceos al 80% de los consumidores mundiales, cada año. Así, el pasado 2020, el 85% de todo el opio, tuvo su elaboración en este país.

Según Gada Wali, jefe del departamento de la UNODC, manifestó que la situación afgana amerita la urgente intervención de la comunidad internacional, en cuanto a ayudas se refiere, así como de concentrarse en solucionar la problemática de la producción de drogas, y reducir los cultivos de amapola.

Las cifras del organismo apuntan a una multimillonaria producción de los opiáceos. Durante este año 2021, llegaron a 2,7 mil millones de dólares, existiendo una elite larvada en Afganistán, dueña de tierras productoras de la materia prima para las drogas, pero que se nutre del trabajo realizado por campesinos pobres, los que debieron pasar de la producción agrícola tradicional al cultivo de materia prima para elaborar opio, a lo que se añaden las fluctuaciones del precio de las drogas desde la llegada de los talibanes. Según estos mismos estudios, los valores han aumentado tras la instalación del grupo armado.

Este acápite fue abordado en otra reunión internacional, también a principios de noviembre de 2021. Esta vez, entre los ministros de Defensa de la Federación Rusa y su homólogo kazajo,  Sergei Shoigu y Murat Bektanov, respectivamente.

En la ocasión se incluyeron otros temas, como la presencia de elementos terroristas del Daesh en Afganistán, así como la amenaza de la producción de drogas en este país, que, poco a poco, muestran una vinculación política, fomentada por los mecenas del Daesh en Afganistán.

Hasta el momento existe una retórica política muy útil de asegurar la frontera entre Tayikistán y Afganistán, pero, los acuerdos militares que se han impulsado entre Tayikistán y la República Popular China, así como los concretados entre este país centroasiático y la Federación Rusa, han dado resultados en la arena de la seguridad, y se materializan en bases militares de contención a los talibanes, tal como han dado frutos las alianzas entre Siria y Rusia.

En los próximos meses, se prevé la instalación de otra base militar en Tayikistán, construida por la República Popular China, la que tendría un valor de 8,5 millones de dólares, de acuerdo a medios tayikos como Dialog, así como las informaciones surgidas del último viaje del ministro de Defensa de Kazajstán a Moscú, donde se analizaron temas como la seguridad de Tayikistán y su frontera con Afganistán. 

No obstante, existe otra zona que ha pasado desapercibida, y que constituye un caldo de cultivo para virtuales elementos de los que podría echar mano el Daesh: las capas empobrecidas en el Valle de Fergana, Uzbekistán. ¿Por qué podrían ser enrolados?, por el aprovechamiento que podrían hacer los operadores políticos wahabitas financistas de proyectos religiosos desde la propia Arabia Saudita en esta zona, así como la compra de voluntades con los mismos dólares de los recursos naturales de los que disponen, tierras ancestrales en las que prevalecen los resabios del Janato de Kokand.

En el valle de Fergana existen amplias zonas a las que no han llegado las inversiones del Ejecutivo uzbeco, y en las que, además, diversos medios de comunicación de Asia Central alertan sobre grupos que reivindican la instalación de un emirato libre, pero con perfil wahabita.

De hecho, también se conoce la existencia de grupos militantes que han entrenado a sus adeptos en la guerra impuesta extranjera contra Siria y en la propia Afganistán de los talibanes, los que están instalados en el Valle de Fergana, donde el Gobierno uzbeco de Shaukat Mirziyoyev no ha fortalecido la lucha contra el paso de narcóticos o el crimen organizado, donde podrían configurarse nuevos ayudistas en la propagación de una eventual influencia de los talibanes e incluso del Daesh, ambos con matriz ideológica wahabita.

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Finalmente, otra nación que exhibe una preocupante neutralidad ante la irrupción de los wahabitas afganos es Turkmenistán. Su posición les muestra con poca movilización frente a una eventual invasión militar desde Afganistán, considerando el actual poder de fuego de los talibanes, el que han heredado de Estados Unidos, con una llamativa desidia y poca preocupación por el armamento que abandonaron, beneficiando por defecto a los talibanes en Afganistán, los que han aprovechado este efecto de Ley de Arquímides, una suerte de empuje hidrostático militar en su favor.

Manuel Arismendi, Segundo Paso

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