publicado el: 22 diciembre 2021 - 21:04
El Buen Vivir: refundación del Estado y economía

Segundo Paso para Nuestra América.- En el presente artículo se plantea la vinculación de la filosofía del Buen Vivir con la idea de refundación del Estado, buscando coincidencias que acerquen a través de ellas, el ejercicio del poder desde la comunidad organizada, para ello se hace un recorrido por la necesidad de cambiar de paradigma civilizatorio y la memoria de la Constituyente de 1999 en Venezuela.

Se habla del Buen vivir como una propuesta reciente, como una formulación teórica novedosa en los bagajes del pensamiento crítico. Sin embargo, el buen vivir es fuente propia de las raíces de las civilizaciones amazónicas y andinas que habitaron el territorio de Abya Yala. Despojar la propuesta del Buen Vivir, del silencio encauzado a través de los siglos, es sin duda una propuesta revolucionaria, pues paradójicamente el futuro se avizora en las raíces. ¿Qué es el Buen Vivir? ¿Qué propone? ¿Cómo traerlo al presente en medio del alud de los siglos de desarrollo que han intentado trasegar toda propuesta de vida comunitaria?

Sin duda traer al presente este planteamiento, viene acompañado de una obligación: refundar el Estado, vaciarlo de sus estructuras para volver a construirlo bajo una nueva mirada: El Buen vivir, la vida en comunidad, la vida común que sólo bajo una nueva propuesta civilizatoria es posible.

¿Por qué hablar de una nueva propuesta civilizatoria? La economía sustentada en el modelo de desarrollo capitalista está en debacle. Las principales fuentes de energía que se consumen en el planeta son petróleo, gas y carbón, con un 86% del consumo total. Según el informe anual del año 2010 de la Agencia Internacional de Energía, el agotamiento del petróleo comenzó en el año 2005, y el del conjunto de energías no renovables (petróleo, gas natural, carbón y uranio) en 2018; es decir a partir de ese momento comienza el agotamiento progresivo de las energías existentes en el planeta.

Ante esta hecatombe, ¿cómo construir una propuesta civilizatoria alimentada con las raíces filosóficas del Buen Vivir, en medio de las grandes transformaciones sociales que se han dado desde entonces hasta casi mediados del siglo XXI? Al referirme a propuesta civilizatoria, tomo el concepto de civilización planteado por Mario Sanoja: “Una civilización es una construcción histórica y territorial que incluye la cultura, valores, ideales, conceptos sobre organización social, factores materiales tecnológicos y económicos. Una civilización es una entidad cultural que como tal persiste, se transforma, se divide o integra en nuevos conjuntos (…) el concepto de civilización suramericana y caribeña implica también el reconocimiento de una identidad histórica y cultural, la conciencia de poseer una comunidad de orígenes y de destinos compartida por los pueblos de la región”. p.45

La construcción de una propuesta civilizatoria distinta a la modernidad capitalista, sugiere entonces implicar a la sociedad toda en un proceso de construcción y de creación de lo nuevo, que ha ido mostrando pinceladas de horizonte en la historia reciente de América Latina, que nos llama a relatar para multiplicar y ver en ellas una posibilidad real y concreta, siempre teniendo claridad en la transformación del sujeto colectivo como principal reto.

Refundación del Estado: Constituyente 1999

La convocatoria de Hugo Chávez durante la campaña por la presidencia no fue otra que la Refundación de la República. Las contradicciones inherentes al agotamiento del Estado neoliberal, que emergieron en la insurrección popular del 27 de febrero de 1989 con el posterior alzamiento militar del 4 F protagonizado por Hugo Chávez; exigían la construcción de un nuevo Estado. 

La primera acción entonces de la Revolución Bolivariana, al tomar el poder político, fue el llamado inmediato a una asamblea constituyente. Este proceso inédito en la historia de Venezuela de participación protagónica del pueblo, a través de asambleas populares, debates, buzones en plazas, foros, discusiones, documentos de distintos sectores del país sin exclusión; dio paso a la redacción de una nueva Constitución cuyo horizonte se sintetiza en el preámbulo: "El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana; con el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y el imperio de la ley para esta y las futuras generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad; en ejercicio de su poder originario representado por la Asamblea Nacional Constituyente mediante el voto libre y en referendo democrático, decreta la siguiente Constitución…”

En este acto profundamente político, se manifestó una de las primeras virtudes que deben fundamentar a un Estado concatenado en la filosofía del Buen vivir: el protagonismo del pueblo, el noveno principio del Sumak Kawsay, ITS AÑÁ "saber escuchar", fundamental para la Refundación del Estado que convoca la fuerza del pueblo para construir una posibilidad de vida colectiva frente al modelo capitalista sustentado en el despojo del Ser.

Además, este hecho abre las compuertas para impulsar en América Latina la materialización de este principio que en Aymara no es sólo es saber escuchar con los oídos, es "percibir, sentir, escuchar con todo el cuerpo; si todo vive, todo habla bien", o en palabras de Dussell, el poder obediencial.

La Constituyente en Venezuela significó un primer paso hacia lo que desde entonces hemos llamado la configuración del Estado comunal. Son muchos los avances en este sentido que se han dado desde entonces, y más grandes los desafíos que se han abierto. Para América Latina las lecciones son infinitas, estas deben acompañarse de voluntad para llevar adelante los cambios exigidos. Dentro de los grandes desafíos tenemos:

La Educación: Grandes pensadores y pensadoras, así como hombres y mujeres que han hecho historia en la construcción de nuevos imaginarios y proyectos históricos; proponen una educación que proyecte: el estudio y el trabajo como unidad, el servicio a las necesidades de los pueblos, que cuestione los valores sobre los que se edificó la sociedad, que reconozca sus instrumentos de dominación y que aporte en colectivo a su transformación. En síntesis, una educación para y al servicio de todos y todas. Aquí reconocemos a José Martí, Simón Rodríguez, Andrés Bello, Gabriela Mistral, Rigoberta Menchú, Ernesto Guevara, Fidel Castro, Prieto Figueroa, Luis Bigott, Hugo Chávez; entre otros y otras, árboles y fruto del pensamiento emancipador de Nuestra América.

Economía: trascender los márgenes de acción de la economía rentista y del desarrollo capitalista que subsumió a la región condenándola al papel de exportador de materia prima. Es necesaria la creación de una economía conjunta que incorpore la construcción de la economía comunal aprovechando la potencialidad de cada territorio, en equilibrio con el planeta del cual formamos parte. En este sentido, tomo las ideas de Antonio Yuniz, luchador venezolano, quien plantea que “las fuerzas territoriales deben tener en sus manos el querer (la voluntad), el saber (habilidades, capacidades, conocimiento para hacer las cosas) y el poder (capacidad de disponer de los recursos necesarios para transformar la realidad), asegurando que funcionen en virtud de los intereses de las clases populares y no de la burguesía”.

Unidad y Solidaridad: los modelos de integración latinoamericana que deben apostar al concepto de Unidad que se reflejó como una realidad a principios del siglo XXI en modelos como la Alternativa Bolivariana para los pueblos de Nuestra América o Petro Caribe. Modelos que colocaron en el centro de la unidad a los seres humanos en una propuesta basada en la solidaridad, la cual permitió salvar de la ignorancia a millones de personas a través de procesos de alfabetización y de educación que aún persisten, así como salvar la vista y la vida a través de programas de salud que involucraron la complementariedad entre las fortalezas económicas y las fortalezas técnicas y humanas de distintos países de la región. Esta unidad debe ir acompañada por mecanismos que permitan convertir a América Latina en un polo dentro de la propuesta de un mundo multipolar, que permita enfrentar mecanismos coertcitivos que se imponen para frenar los procesos revolucionarios.

Los principios éticos que den mayor sentido a la esperanza en el hacer posible una realidad distinta en la que el hombre no sea lobo del hombre, una realidad sustentada en la esencia propia del ser humano que es la vida en colectivo y que muy bien lo argumenta Albert Einstein en su libro ¿Por qué el Socialismo? Esta es la alternativa, que debe ser construida desde el poder político en manos de las mayorías, desde el poder obedencial.

Código para noticias 2123

etiquetas

Su comentario

Usted está respondiendo
Indicio de comentario
2 + 16 =