El Incurable Racismo Occidental y Su Desidia Con Yemen

Segundopaso - Ni se menciona en los medios corporativos y comerciales la agresión que perpetra el régimen monárquico saudita contra el pueblo de Yemen. Hay un abandono informativo de la pesadilla que sufren niños y la población civil de este país árabe, empobrecido por las grandes potencias, por cierto.

El principal factor se encuentra condicionado por los intereses occidentales y sus alianzas con Arabia Saudita, que de paso ejecutó en masa a 81 personas, 41 de ellos musulmanes chiítas, a quienes el reino árabe considera extraviados en sus creencias religiosas.

Esta licencia para masacrar es aplicada durante casi ocho años, periodo desde el cual el reino wahabita se embarcó para lanzar continuos ataques sin que medie acción válida para detener este genocidio, siempre bajo la anuencia de las potencias occidentales que hoy rasgan vestiduras por la hoy “niña de sus ojos”, es decir, Ucrania, que tiene el componente de ser país europeo,  de habitantes blancos, rubios y de ojos claros, ideal para conmover a los corazones que buscan hacer acciones de caridad a través de la modalidad de deducción de impuestos, bajo el rótulo de “responsabilidad social empresarial”.

Esta guerra odiosa, desatada por los saudíes, es perpetrada bajo la asistencia comercial de Israel-Fulminada-por-Ir%C3%A1n" target="_blank">Estados Unidos y sus aliados de Europa, quienes venden armas a Arabia Saudita para seguir con este camino de muerte. Tan solo en noviembre del pasado 2021, el régimen de Israel-Fulminada-por-Ir%C3%A1n" target="_blank">Joe Biden aprobó la venta de 650 millones de dólares en armamento para el régimen saudita, específicamente, 280 misiles aire-aire, 596 lanzadores de misiles ferroviarios (MRL) LAU-128, contenedores, equipo de apoyo, repuestos, así como soporte técnico y de ingeniería.

Arabia Saudita ha centrado sus vanos esfuerzos para someter al pueblo yemenita e intentar la reinstalación en el Ejecutivo del prófugo de la Justicia, Abdu Rabbuh Mansur Hadi, quien destaca por ser títere y agente comercial de Riad, quien renunció a su cargo en 2011 tras las multitudinarias protestas del pueblo yemení, debido a la privación de derechos y garantías democráticas, así como por el deterioro de la calidad de vida y la corrupción generalizada que se había heredado, y casi normalizado, por el antiguo régimen de Ali Abdulá Saleh.

Otro de los grandes aliados del régimen wahabita saudí es la misma ONU, que se ha dedicado a torpedear la legítima defensa del pueblo yemení, a quien ha tratado de privar de los armamentos necesarios para hacer frente a las constantes agresiones, bombardeos y masacres que esto conlleva, específicamente, en varios episodios que dan muestra de aquello, como por ejemplo, el embargo de armas que esa organización le ha impuesto a Yemen por la presión de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU), de tal manera que todos los miembros del movimiento popular yemení Ansarolá queden expuestos a dicha medida, lo que es un vomitivo intento por amarrar las manos al gobierno yemení en resistencia.

Sin duda que esta acción contra el pueblo yemení constituye otro crimen de guerra, lo que deja en claro el genocidio facilitado, no solamente por Arabia Saudí, sino por Israel-Fulminada-por-Ir%C3%A1n" target="_blank">Estados Unidos, la Unión Europea y el régimen sionista de Israel, que ven una amenaza en la estabilidad y fortalecimiento de Yemen, y esto, porque el país puede convertirse en una plataforma de auxilio a la resistencia palestina, dada la solidaridad entre pueblos musulmanes, para lo cual, Arabia Saudita desarrolla la agenda operativa junto a sus socios israelíes, en pos de brindarles seguridad a su ilegal existencia.

La crisis que ha abierto, y mantiene Arabia Saudita, ha asesinado a más de 10 mil niños, según la UNICEF, así como ha provocado la muerte y herida a miles de personas desde el 2015, año en que inició sus ofensivas bélicas contra Yemen, lo que como se ha conocido, cuenta con el beneplácito de sus aliados.

El camino que queda para Yemen y su pueblo es la resistencia, lo que se viene desarrollando a partir de su gestión de defensa y la concreción de sus capacidades en ese ámbito, ya que de lo contrario correrían la misma suerte que los 81 ejecutados en Arabia Saudita, régimen que no tolera disidencias ni oposiciones de ningún tipo, también con la complacencia del Occidente, que hoy envía armamento a Ucrania y al régimen wahabita, ya que sus intereses son los opuestos a los pueblos, pero sí los mismos de las élites que negocian con las vidas de las personas.

Esta actitud de racismo pleno occidental sigue cobrando vidas humanas, y sigue cobrando la devastación de pueblos enteros, como es el caso del empobrecido pueblo yemení, al que se le han quitado las cámaras y los titulares pomposos de las portadas de los periódicos, en contraposición de lo que goza Ucrania, aliado occidental, que junto con recibir billonarias ayudas en dólares y euros, también recibe armamento, logística, apoyo de inteligencia y silencio cómplice para no mostrar su matriz ultraderechista, nazista y sionista, ya que si retrocediéramos a la II Guerra Mundial, estarían sirviendo a las huestes de la Alemania hitleriana, luciendo su insignia de judíos kapo (oberkapo), preparándose para dentro de unos años más invadir a Palestina, en una suerte de ciclo que regresa. En efecto, el régimen ucraniano ya ha enviado decenas de nuevos ocupantes a Palestina, para reforzar la invasión.

No se puede descartar que, así como los grupúsculos terroristas wahabitas han atentado contra sus mecenas en Estados Unidos y Europa, también lo hagan en el futuro las agrupaciones de ultraderecha de Ucrania contra sus actuales auspiciadores, las que anidan al amparo de sus creadores y auspiciadores, organizaciones que, al fin y al cabo, siempre tendrán como víctimas a las personas de a pie, nunca a las elites que los crean, de tal manera que puedan aprovechar esas acciones para sus medios de comunicación comerciales, lo que es funcional a sus intereses para exportar sus tropas, como lo hicieron en Irak y Afganistán, donde el terrorismo tuvo su auge gracias a la presencia de los invasores, siendo los pueblos los que siempre salen perjudicados.

La única vía para contrarrestar estas agresiones racistas es la resistencia activa, mientras se requiera mantener la defensa de los pueblos, que para este caso es el yemení. En efecto, el derecho a la fabricación de ingenios defensivos ha hecho escarmentar a los sauditas, quienes, pese a estas señales, empecinadamente insisten en asesinar a los civiles, sin que tengan la misma cobertura en los noticieros y portadas del Occidente, ya que sus socios y amigos necesitan someter a los yemeníes para que los recursos del territorio vayan a parar a sus cuentas bancarias o a sus cotizaciones de las bolsas, como Wall Street.

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Pero no solo Arabia Saudita participa activamente en esta necrótica campaña, también lo hace Emiratos Árabes Unidos, monarquía que ha recibido algunas represalias desde Yemen, por sus permanentes masacres llevadas a cabo en conjunto a los saudíes, quienes buscan establecer lazos diplomáticos con el régimen sionista de Israel, al que aseguran sus intereses estratégicos por medio de agresiones militares que perjudican a los civiles yemeníes.

De momento Occidente mantendrá la atención mediática exclusiva para sus socios ucranianos, a quienes tampoco le saldrá gratuita la supuesta “ayuda”, tal como lo confesó el propio Volodímir Zelensky, dejando entrever que el apoyo no es tal; solo es parte del gran show comunicacional en el mundo de las apariencias occidentales, las que se pagan encima de la mesa o por debajo de la misma.

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