publicado el: 11 abril 2022 - 21:59

Guerra de atrición y nuevos órdenes mundiales. Parte II

AUTOR: OMAR HASSAAN FARIÑAS- ILLUSTRACIÓN: ETTEN CARVALLO
Guerra de atrición y nuevos órdenes mundiales. Parte II

Segundo Paso para Nuestra América.- Estados Unidos parece estar pagando con creces todo el daño causado a los pueblos insurgentes a través de sus medidas coercitivas unilaterales. Es palpable el malestar en la población estadounidense a consecuencia de las malas políticas internas y externas. La guerra de desgaste que se libra militarmente en Ucrania pero que se extiende a los ámbitos mediáticos, diplomáticos y económicos empieza a tener efectos en el sistema internacional. Sin embargo, este escenario bélico y de atrición es solo un episodio más dentro de la actual Guerra Fría, donde las fuerzas en pugna son Occidente y China.

“…el mundo unipolar ha llegado a su fin…los estadounidenses ya no son los dueños del planeta Tierra”

Expresidente ruso Dmitry Medvedev, entrevista RT, 24 marzo 2022

“60 millones de personas aparecieron entre 1900 y 1946. Y desde entonces, hemos establecido un orden mundial liberal, y eso no había ocurrido en mucho tiempo. Mucha gente moría, pero ni de lejos [había] un caos…Y ahora es un momento en que las cosas están cambiando. Va a haber un nuevo orden mundial y tenemos que liderarlo. Y tenemos que unir al resto del mundo libre para hacerlo".

Presidente Joseph Biden, Reunión de la OTAN, 21 de marzo de 2022

"¿Puedes ayudarme a luchar contra tu amigo para que pueda concentrarme en luchar contra ti después?",

Presentadora de noticias china en su cuenta de Twitter,  en referencia a las conversaciones Biden-Xi Jinping, 19 de marzo de 2022.

En Estados Unidos, como en Europa, se sienten las llamas de las medidas coercitivas unilaterales, como una forma de justicia divina o “karma”, como la denominan los indios: las medidas violentas y represivas que tanto causaron agonía a los pueblos cubano, venezolano, sirio, turco, persa y otros más, ahora se regresan como un bumerang contra las poblaciones que eligieron los artífices de estas mismas. Con elecciones del Congreso pronto en Estados Unidos, el Señor Trump se mueve “ágilmente” para destruir toda oposición a él dentro del Partido Republicano para que solo sus agentes logren recuperar el órgano legislativo federal estadounidense de los demócratas, y lo interesante es que lo puede realizar, a raíz del malestar general que sufren los estadounidenses en la actualidad.

Finalmente, están los ucranianos. Estos son los que menos pueden sostenerse por más tiempo en esta situación. Kiev, en la actualidad, está rodeada. Nadie sabe exactamente cómo finalizará esta situación, pero es de muy poca probabilidad que sea con el colapso de las fuerzas rusas en las propias puertas de Kiev, y la reversión de la invasión hacia Moscú (como efectivamente fue el caso – aunque al revés – durante la Operación “Barbarroja”, durante la Segunda Guerra Mundial). Salvo que la intervención militar directa de la OTAN (es decir, de los gringos) se materialice en Kiev, es difícil imaginarnos a esta altura una victoria militar ucraniana. Simplemente, como todos los otros actores de este drama internacional - pero con muchísima más urgencia que todos los demás - Ucrania no puede sostener esto por mucho tiempo más.  

Por eso es que hablamos de una guerra de atrición en el seno de esta Guerra Fría, la cual tiene como sitio de batalla militar la zona de Ucrania, y como sitios de batalla económica, mediática y diplomática, el propio sistema internacional. Anteriormente, en otros artículos elaborados por quien suscribe (“El Síndrome de Troya y la Soberanía Ucraniana” y “La Guerra “No Tan Fría” sobre Ucrania”), habíamos señalado cómo se pretende emplear el “frente” ucraniano de esta Guerra Fría para desangrar a Rusia en Ucrania, y luego “dar la vuelta” y dedicarse a exterminar el verdadero enemigo de Estados Unidos, la gran potencia asiática del “Reino o País del Centro”. La idea es crear una llamada “trampa afgana” para Rusia en Ucrania, con la finalidad de desangrarla y “sacarla del juego”.

Efectivamente, no estamos en la actualidad muy lejos de estas observaciones. Por un lado, las armas, los mercenarios y la pura presión psicológica y diplomática por parte de la OTAN, es lo que mantiene a Ucrania aun en la guerra, y este país ha logrado causar daños que hasta el liderazgo en el Kremlin no se esperaba. Por el otro lado – y este es el que efectivamente importa – las medidas coercitivas unilaterales han causado notables daños a la economía y la sociedad rusa, con secuelas para todos los rusos en el Mundo Occidental, asunto que nos ha permitido percibir una vez más el odio visceral y perrorabioso que suele surgir de estas sociedades contra ciertos países o pueblos del mundo, y sus criterios torcidos sobre los “derechos humanos” y los derechos de libre expresión, libertad de prensa, etc.

Entre armas, mercenarios, medidas y presiones diplomáticas, Estados Unidos no busca finalizar las batallas ucranianas de su Guerra Fría con Rusia, sino finalizar a la propia Rusia. El objetivo, y lo hemos señalado anteriormente, es “regresar” a Rusia en el tiempo: regresar a los gloriosos tiempos del Señor “Boris Yeltsin”, cuando se celebraba en Washington la irrelevancia total de Rusia en su propio ámbito regional – y más aún en los asuntos globales. También se festejaba el derrumbe económico del país euroasiático del año 1998. Solo que ese derrumbe de finales del Siglo XX es prácticamente imposible de replicar en este momento histórico – veinticuatro años más tarde - sin causar múltiples tsunamis financieros, económicos y políticos en un sistema internacional que ya no es, para nada, “unipolar”. Es interesante cómo cada “ladrón juzga por su condición”, cuando Estados Unidos acusa a “Putin” de querer regresar a Rusia a los tiempos de la Unión Soviética, cuando en realidad es el propio Señor Biden (o quienes lo controlan a él) quien desea llevar a Rusia en un “viaje en el tiempo”, hacia los buenos tiempos de la Rusia pos-soviética.

¿Qué está haciendo Rusia en Ucrania? Luchando contra Estados Unidos, no Ucrania, tampoco la Unión Europea. Para efectos de la narrativa estadounidense, Putin se volvió loco y decidió sin provocación alguna y en el peor tiempo para él “recrear” la Unión Soviética, y para poder “procesar” esta narrativa, es muy conveniente retroceder solamente a comienzos del año 2021. Justo así es que el conflicto se narra, por parte de los medios de comunicación globalistas y los millones que acríticamente absorben esta narrativa.

Pero si buscamos explicaciones reales para el comportamiento supuestamente “irracional” ruso, tenemos que recordarnos que existió un pasado más allá del año 2021. Caso en punto, la guerra de Osetia del Sur del 2008. Invito al lector a que realice una breve investigación de los sucesos de ese año – catorce años atrás – para que así pueda observar los paralelismos entre esa guerra, y la versión actual - mucho más grande y amplia - que se manifiesta en Ucrania.

La Guerra Fría estadounidense es una en donde la expansión de la OTAN – elemento clave de la rivalidad geopolítica – se manifiesta justo en las antiguas repúblicas de la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia. Bien lejos del norte del Océano Atlántico, la OTAN no busca expandirse en países como Marruecos y Mauritania (con costas que dan al Atlántico), o en otra parte del mundo, sino justo en lo que anteriormente era el Pacto de Varsovia, ya que poco a poco los estadounidenses regresan a su eterna “containment policy” y su “Largo Telegrama”, de George Keenan. El asunto es que esta expansión se está gestando con la colaboración activa de países del oriente europeo, los cuales no aceptan una política de neutralidad geoestratégica, sino de ofrecer el espacio necesario para la circunvalación de Rusia, en una postura clara y activamente antirusa. Si no es Georgia en el 2008, pues es Ucrania en el 2014, cuando pretendían quitarle a Rusia el puerto de Sebastopol, aprovechándose de un terrible error cometido por el Señor Nikita Jrushchov en 1954. Para que los latinoamericanos puedan comprender las consecuencias de esto, imagínense que Venezuela pierda el puerto de La Guaira o México su puerto de Manzanillo y ello debido a un error histórico y los deseos de una potencia de destruir el comercio de esos países. 

Y si no es Ucrania en el 2014, pues es la Ucrania del 2021-22. Si Rusia no reacciona a la expansión de la OTAN ahora en Ucrania, entonces será Polonia en el 2025, quizás. Polonia es otro país que posee un gobierno que está completamente dispuesta a prestarse a lo mismo que Ucrania se prestó, en la actualidad. Desde que Putin asumió una postura crítica de Estados Unidos y su rol en el escenario internacional – circa 2007 – todas las piezas que han actuado contra Rusia, fueran desplazadas por Estados Unidos, y la mayoría de estas están en Europa Oriental. Si Rusia no hace lo que hace ahora, en pocos años tendrá que enfrentarse con este mismo problema, pero entonces será en Polonia, o el próximo aliado estadounidense que busque con sus “tácticas de rebanadas”, finalmente circunvalar a Rusia, y “castrarla” geopolíticamente.

Mientras mucho se enfocan en la batalla ucraniana de la actualidad, quien suscribe se preocupa más por la guerra misma, la cual continuará, sin importar la manera en la cual se le dé una “pausa” a la batalla en Ucrania. Las citas que ofrecemos en el comienzo del artículo no son meramente decorativas, sino preocupantemente reveladoras. Efectivamente, los señores Biden y Medvedev están en lo correcto: se está formando un nuevo orden mundial, uno en el cual o Estados Unidos se impone como única potencia hegemónica (es decir, revierte el multipolarismo de la actualidad), o quemará el orden existente en sus esfuerzos para lograrlo.

Ahora bien, los europeos, por un lado, no le gustan que esta guerra – como tantas otras desde la Primera Guerra Mundial – sea otro ejercicio bélico estadounidense que se desarrolle en su continente, pero por el otro, están claros que el declive estadounidense implica la transferencia del poder global, desde sus bases históricas y socioculturales europeas, a nuevos ámbitos asiáticos en los cuales los europeos ya no serán privilegiados, como lo han sido por los últimos tres siglos (desde la “Gran Guerra Turca” que finalizó en 1699).

Desde el Siglo XVIII, la potencia dominante ha sido Francia o Rusia, o los prusios, o los británicos, pero siempre una potencia europea, y desde la derrota alemana de los británicos durante la Segunda Guerra Mundial (Gran Bretaña no ganó la Guerra Mundial, solo se “agarró” de los dos victoriosos), la hegemonía se trasladó al otro lado del Atlántico, pero quedándose aun dentro del espacio sociocultural europeo. Ahora, por primera vez desde la derrota de los otomanos, los indios y los chinos, la potencia que desafía la hegemonía de turno no es occidental, sino el dragón chino, recordándonos que el mismo Napoleón indicó durante el cenit de su poder, que cuando se despierte la China, temblará el mundo (él se refería a su mundo, el mundo occidental). Países como Gran Bretaña y Francia poseen una representación desproporcionada en el ámbito internacional y multilateral, en función de sus verdaderos tamaños en el sistema internacional, a raíz de que la hegemonía se encuentra en manos de los estadounidenses. Nada de esto quedará de esta manera, cuando la capacidad de dictar – y a la vez violar – las reglas del sistema internacional, pasen a manos asiáticas.

Ucrania es una batalla en un contexto más amplio que es el de la Guerra Fría, la cual su misma existencia evidencia de que el orden internacional de postguerra (II Guerra Mundial) ya no puede continuar, a raíz de que su principal autor no puede imponer su hegemonía única y absoluta, como era su intención desde 1918 (fin de la Primera Guerra Mundial). En esta Guerra Fría actual, la guerra contra Rusia es una antesala de una guerra mucho más feroz que se avecina, una guerra entre Estados Unidos y el resto de quienes le hacen guerra a Rusia en la actualidad, pero contra el verdadero contrincante, el verdadero peligro para la hegemonía global en manos europeas: La República Popular China.

La visión estadounidense dicta – implícitamente, claro - que la “tranquilidad” en el sistema internacional se encontrará solamente cuando la Rusia de Putin regrese a ser la Rusia de Yeltsin, para que así sea inútil cuando los occidentales – bajo el liderazgo estadounidense, sea este el de un presidente senil u otro altamente xenófobo - finalmente decidan ir con todo contra China, su poder económico y su proyección no-bélica en el ámbito global. Hoy en día, Putin es el sangriento, el malévolo, el tirano y el asesino. En poco tiempo, el Señor Xi será todo esto y hasta mucho más, a raíz de una acción de su parte que se dará, alarmantemente “sin provocación alguna” (en el mejor estilo de “tira la piedra y esconde la mano"), pues este también “se volvió loco”, como el ruso antes de él. Y bueno, cada uno se deja engañar como más se le hace cómodo para su existencia, sus prejuicios y su consciencia.

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