Bartolina Sisa y Túpac Amaru, Pareja Mártir de la Resistencia indígena

Segundopaso - Es importante recodar y conmemorar la vida, obra y muerte de la lideresa indígena, Bartolina Sisa, quien comandó los ejércitos quechua-aymara en contra de los colonizadores españoles, a fines del siglo XVIII en el Alto Perú, ejemplo de lucha por la emancipación del yugo español, rebelión en que la acompañó su esposo Túpac Katari, una historia estremecedora y poco conocida más allá de Bolivia. juntos compartieron el mismo ideal de emanciparse de las cadenas de los crueles españoles y restaurar la Nación Aymara.

Bartolina Sisa es uno de los símbolos más emblemáticos de las luchas anticoloniales del siglo XVIII en América Latina y parece imperioso impedir que su nombre y vida sean olvidadas o ignoradas. Es otra más de las tantas mujeres que aportaron y aportan al desarrollo de la humanidad, permaneciendo casi o totalmente en el anonimato

Poesía a Bartolina Sisa
Autora: Leovina Canamari Guari
(Bartolina de la comunidad Los Ángeles)

«Bartolina mujer valiente
Que enfrenta cada opresión
Del tirano invasor colonialista.
Eres grande mujer inmortal

Bartolinas somos guerreras
Seguiremos tu ejemplo y lealtad
Levantando en alto tu nombre
Con wiphala y onda guiaras

Bartolina es una mujer muy valiente y humilde
Engrandece tu pueblo tu fama
Por buscar la justicia e igualdad
Dirigiendo al pueblo cautivo
Demostrando coraje y valor

Bartolina nació un 25 de agosto de 1750 en la provincia Loayza del departamento de La Paz.  Murió, después de un año en prisión, resistiendo heroicamente las más aberrantes torturas, a la edad de 32 años. En el año 1780 todo el altiplano se hallaba convulsionado con la sublevación de Túpac Katari. En las principales ciudades como Potosí, Charcas, La Paz sonaban los pututus anunciando el levantamiento indígena contra tantos años de abusos españoles. Para los españoles dominar la insurrección era cuestión de vida o muerte. Si vencían los rebeldes, acababa el poderío de España no sólo en las colonias americanas, sino en todo el Imperio, en cuyos dominios nunca se ponía el sol.

En su época, la vida en los pueblos de la colonia era cada vez más insoportable para los nativos. Los cargos públicos, con una que otra excepción, estaban monopolizados por los españoles. Todas las riquezas que se extraían de Potosí y de las minas del Alto Perú eran conducidas a la metrópoli, quedando su producto como beneficio para el tesoro español y para los aventureros que habían cruzado los mares en busca de riquezas en el nuevo mundo

Bartolina fue una mujer aguerrida que dominaba la kurawa (honda) y el fusil y sabía montar caballo, a la edad de 25 años junto a su esposo Tupac Katari, organizó y lideró distintos levantamientos contra el poder imperante, tras observar y sentir los abusos cometidos por el sistema colonialista de explotación. Los españoles, en ese entonces, ejercían una explotación brutal sobre los aymaras, ensañándose con las mujeres.

En la cultura Aymara, en contraste con la española, ellas eran poseedoras de bienes, tierras y animales por vía materna y respetadas como pareja complementaria y posibilidad de ser Mama T´alla (mujeres que tenían autoridad política y social a la par de los hombres).  

Lo más insoportable e indigno fue la violencia sexual y psicológica que se aplicaba a las mujeres aymaras que las desvalorizaba y menoscababa en el régimen colonial. Además de violarlas pública y ocultamente (derecho de pernada sobre las jóvenes antes de casarse ejercido por patrones, curas y soldados), las esclavizaron y muchas veces mataban a sus niños y alentaban la borrachera de los hombres (que en tiempo del incario era duramente castigado), esta situación provocó la descomposición y violencia familiar.

Bartolina Sisa, que además era hábil para las actividades de la campaña rebelde, desde el primer momento ejerció su liderazgo ya que contaba con la total obediencia de los indígenas sublevados. Antes del cerco a La Paz, rumbo a la liberación de su pueblo, Sisa fue nombrada Virreina y Túpac Katari Virrey del Inca.

Con ese título, Bartolina organizó campamentos militares durante la sublevación en algunos puntos importantes de la región. En 1871, un ejército de 40.000 Aymaras al mando de Túpac Katari y Bartolina Sisa se reunieron para sitiar la ciudad donde se asentaban los españoles: conocido en la historia como el cerco a La Paz. Los españoles eran un enemigo muy superior en armas. Los Aymaras luchaban, básicamente con piedras y palos. En el sitio murieron 10.000 españoles de los 23.000 asentados en esa ciudad.

Tras 109 días de cerco, los españoles recibieron ayuda de Charcas y esto hizo que Tupac Katari replegara su ejército, que fue abatido por las fuerzas españolas y por las alianzas que estas establecieron con líderes indígenas contrarios a la rebelión. A continuación, los españoles desarrollaron la estrategia de ofrecer recompensas, en especial el indulto, para quien entregaran a sus líderes a Bartolina Sisa, Túpac Katari y otros líderes de la sublevación Aymara. Se produjeron nuevas atrocidades con el incendio y quema de hombres, mujeres y niños y el degüello de varios pobladores indígenas.

Los españoles capturaron a Bartolina gracias a una delación conseguida de esta forma y ya prisionera, la torturaron y le dieron el peor de los tratos, pero la mantuvieron con vida esperando usarla como anzuelo para capturar a Katari, quien hizo innumerables pero infructuosos esfuerzos para rescatarla y, finalmente también fue apresado gracias a la traición de su más cercano consejero seducido por la promesa de indulto que, por supuesto, los españoles no cumplieron.

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En 1781 los españoles mataron a Túpac Katari descuartizando su cuerpo y obligando a Bartolina Sisa a contemplar todo este suplicio.  Es en ese momento que Katari lanza su grito: “Solamente a mí me matan. Volveré y seré, millones”.

Casi un año después, los españoles y sus sicarios mestizos sacaron a Bartolina Sisa de su celda, rapada y desnuda, con una soga de esparto que desgarraba su cuello, la hicieron pasear por las calles de Chuquiagu, torturada, golpeada e insultada, luego es atada a la cola de un caballo con una soga al cuello y le colocaron una corona de espinas. Los españoles la flagelaron, para callarla le cortan los pechos. Muerta ya, es degollada y despedazada.

Su cabeza fue clavada en un palo para exhibirla en Ayllus y luego, en macabra procesión, los españoles hicieron recorrer su cabeza por los pueblos donde Bartolina había liderado la sublevación para amedrentar a los indígenas.

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