Cultura Financiera Familiar, Una Alternativa a la Crisis

Segundopaso - Una de las lecciones más relevantes que se puede extraer de la reciente crisis pos pandemia es el desconocimiento y desinformación de gran parte de la población sobre temas básicos en economía y finanzas, lo cual limita su capacidad para tomar decisiones responsables, conscientes y competentes. En esta medida, la educación financiera no solo permite que las personas estén mejor informadas y adquieran una mayor comprensión sobre precios, ahorro, créditos o derechos del consumidor, que los afectan directa e indirectamente; sino que, a su vez, les proporciona facultades para discernir y tomar una posición frente a las políticas sociales y económicas que se ejecutan en sus países.

Al parecer la cultura del ahorro no está posicionada en la mente de los latinoamericanos, principalmente en los jóvenes empleados, que al verse de un momento a otro sin empleo, en medio de una grave crisis económica y social, reconocieron la importancia de tener algo ahorrado para atravesar los malos tiempos. Los jóvenes vivían inmersos en el inmediatismo, gracias a las nuevas tecnologías y la influencia de Internet, queriéndolo tener todo y con prontitud. Los ingresos obtenidos muchas veces fueron malgastados debido a la influencia de prácticas consumistas que se imponen en las sociedades occidentales, donde los bombardeos publicitarios captan cada vez más compradores.

Las más recientes encuestas realizadas por CAF del Banco de Desarrollo, fueron en Colombia, Perú, Brasil y Ecuador, en promedio para los cuatro países, el 61% de las personas no ahorra y quienes lo hacen ahorran principalmente de manera informal guardando efectivo en su casa o en alcancías con la excepción de Brasil, donde el 72% de la población que ahorra lo hace a través de cuentas de ahorro. En Latinoamérica, la cultura del ahorro todavía tiene mucho camino por recorrer.

En forma general a la gente más joven le cuesta plantear su futuro, y por lo tanto piensa que ahorrar es una pérdida de tiempo y un desajuste en sus planes más cercanos, ante una escasa educación financiera, resulta difícil establecer metas a largo plazo. Según la encuesta, durante la crisis que provocó el coronavirus, el 21% de los latinoamericanos tuvieron reducciones importantes en sus sueldos, mientras 32% perdió su empleo o no logró conseguir uno en ese periodo. Estos factores impulsaron nuevas tendencias, que ahora reconfiguran el comportamiento de los consumidores latinos de cara a una nueva etapa de recuperación pos pandemia.

Entre ellas, se nota la tendencia a comparar precios, a consumir nuevos productos locales, hacer compras por conveniencia, usar de dispositivos digitales, tanto para pagos como para realizar nuevas compras, entre otras; es decir, debido a medidas de bioseguridad hizo que los compradores migraran a las nuevas plataformas digitales donde los comercios ofrecían sus productos.

La conveniencia de la compra también es observada en la mayoría de países de la región donde la cercanía del comercio al lugar de residencia en muchos casos es determinante. Por otra parte, los consumidores afirmaron, (cerca del 70%) que es importante el apoyo al comercio local y consumir productos de su país. Otra opción es adquirir artículos de segunda mano, esta preferencia no solo tiene que ver con la reducción de los ingresos, pues también está estrechamente relacionada con el propósito de contribuir al cuidado del medio ambiente y el consumo responsable. En la región, uno de cada cuatro encuestados afirmó que compra este tipo de artículos.

Para entender cómo se deben administrar los gastos familiares conviene elaborar una lista detallada con todas las erogaciones que se realizan, por ejemplo: alquiler de vivienda, pago de hipoteca, alimentos, servicios básicos, telefonía, estudios o capacitaciones, transporte, vestimenta, consultas médicas, principalmente. Es importante diferenciar en la lista los gastos fijos permanentes de los esporádicos como de mantenimiento, viajes, salud, regalos entre otros. El hecho de presupuestarlos, ayuda a distribuir nuestro dinero correctamente, y no olvidar de hacerlos.

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El ahorro familiar, el primer paso para invertir

Aplicar un sistema cooperativo a lo interno de la familia es muy positivo, de la misma forma que asociaciones comunales o gremios procedían a juntar cuotas de los socios para fondos de emergencia, salud, educación o vacaciones, la familia ampliada puede unirse en un plan de ahorro comprando productos básicos al por mayor y al granel y redistribuyéndolos, economizando el gasto en empaques, cartones o plásticos y también de transporte. Intercambiar objetos de medio uso o préstamos de libros educativos, planificar viajes en conjunto, crear un fondo para préstamos es una buena práctica que realmente significará importantes ahorros en la economía familiar, que antes se realizaban por cuenta de la familia nuclear o por cuenta propia que finalmente resultan más costosos.

Lo ideal sería destinar una cantidad mensual al ahorro, y cumplir con ello con la misma efectividad con la que realizamos los pagos de los servicios básicos. Esta es la base para empezar a acumular fondos que después deberán ser utilizados de manera estratégica y cumplir efectivamente con una meta. Una vez que hayamos reunido una cantidad, incluso se podría pensar en una inversión familiar. Es decir, que la suma que hayamos ahorrado de pronto puede ser el inicio de un negocio asociado o un pequeño emprendimiento familiar, especialmente para quienes no han conseguido un empleo formal.

Otra forma de ahorro es, si los hijos no contribuyen a los ingresos mensuales, sí pueden ayudar absteniéndose de realizar ciertas compras innecesarias, para que los padres puedan destinar esa cantidad al fondo común. Así, todos serán beneficiados y, a la larga, podrán disfrutar de las ventajas de la inversión en común.

Debemos considerar que la enseñanza del cuidado del dinero y su correcta administración es de gran valor para la vida futura de los hijos, ya que algún día, ellos también tendrán que hacerse cargo de sus propias familias y deberán ser responsables de los gastos que haya que cubrir cada mes. Esto ayudará sin duda hacer frente a la estructura comercial consumista que oferta todo el tiempo consumos superfluos y pasatiempos. Cambiar hábitos también es importante, por ejemplo, dejar de ir a los conciertos musicales para organizar un camping o salida ecológica, reducir las fiestas que implican consumo de alcohol y otros gastos, para destinar ese tiempo a paseos, salidas a la montaña o práctica de deportes. Dejar de frecuentar sitios de comida chatarra para optar por un picnic o comida tradicional hecha en casa.

No son solamente actividades que nos ahorrarán dinero, sino que fortalecerán los lazos familiares y los valores de solidaridad y ayuda mutua, que se ha ido perdiendo por el influjo de las prácticas egoístas e individualistas del sistema capitalista.

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