publicado el: 2 agosto 2022 - 21:14
La crisis alimentaria: ¿un instrumento de presión occidental contra Rusia?

Segundo Paso para Nuestra América.- En la actualidad se forja una tensión mundial basada en el relato que desde diferentes organismos multilaterales se promueve, buscando responsabilizar a Rusia de una aparente crisis alimentaria en ciernes, por un presunto impedimento en la exportación de cereales desde los puertos de Ucrania. Mientras tanto la verdad devela que no son los 20 millones de granos retenidos en Ucrania los que salvarán al mundo de una hambruna, pues ésta sólo representa una producción del 4 % del trigo del mundo y del 3% del maíz. Además de que en otros datos no menos importantes, se sabe que solo el 15 % del maíz del mundo se destina para consumo humano, pues la mayoría se destina a forraje animal y a producción de biocombutibles, de los cuales la Unión Europea y los Estados Unidos de Norteamérica son los principales consumidores, productores y exportadores.  La Ingeniera Agrónoma  e investigadora venezolana en el tema de alimentos y poder, Clara Sánchez Guevara, en esta entrevista, nos ayuda a entender cuál es el verdadero entramado geopolítico detrás de esta situación.

Jessica Pernía por la Fundación Segundo Paso para Nuestra América: La asociación de factores como la globalización, el crecimiento tecnológico industrial, los cambios medio ambientales, el aumento de la población mundial, la demanda de biocombustibles, el comercio internacional, los conflictos políticos, pero sobre todo la producción y distribución de alimentos, parece consolidar una nueva forma de estudiar la geopolítica basada en los alimentos, para contextualizar ¿De qué se trata esta geopolítica de los alimentos? ¿qué elementos la determinante? ¿hasta dónde ejerce su influencia?

Clara Sánchez Guevara, Ingeniera Agrónoma e Investigadora venezolana: Cuándo hablamos de geopolítica de los alimentos, es porque existe un poder estructural agroalimentario, conformado también por centros y periferias. Centros que corresponden a las potencias y su asociación como casa matriz de las principales corporaciones que controlan el suministro alimentario del mundo. Desde la producción hasta la comercialización, incluso el consumo de alimentos. Y periferias, en las que decanta este poder, y son insubordinadas, en relación de dependencia a estos centros.

Es precisamente Estados Unidos que después de la Segunda Guerra Mundial, asume a los alimentos como un asunto de seguridad nacional y una forma de proyección de su política exterior para el resto del mundo, con miras a imponer su hegemonía. Y lo hace precisamente a través de la creación del conglomerado de sus principales empresas, entre agroalimentarias y petroleras, mediante la Fundación Rockefeller, la Doctrina Truman para la Contención del Comunismo, etc.

Por esta razón es que la producción de alimentos, desde entonces, está asociada a una matriz hidrocarburífera, de la que es altamente dependiente, la cual fue expandida a nivel mundial con la Revolución Verde de los años 60, a través de la FAO.

SPNA: Ahora bien, basado en los repuntes de los precios de los alimentos durante 2007-2008, sostenido durante 2011-2012 como consecuencia de problemas ambientales, bajas en la producción y consecuentes decisiones de los países exportadores, se determinó una crisis alimentaria que tuvo importantes consecuencias en la población mundial durante los años posteriores. En declaraciones recientes el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, informó sobre el riesgo de que en este año 2022 se declare una hambruna en diversas regiones el mundo, conforme alertó que en el 2023 podría empeorar. ¿Cuáles son las circunstancias e impactos en que esta nueva crisis alimentaria se desarrolla?

CSG: Justamente, es esa dependencia a los combustibles fósiles la que ha disparado, entre otros elementos, la actual crisis alimentaria, pues, en primera instancia, está proporcionalmente asociada a una nueva crisis energética.

Crisis energética que inició en medio de la pandemia de la Covid-19, que llevó en el año 2021 a menos cero el precio del petróleo, pero que posteriormente inicia una recuperación progresiva, que terminó el año pasado en un incremento del 68 %, impactando directamente en el precio de los alimentos, los cuales aumentaron en 28 %, y cuyo comportamiento es exactamente igual desde 1973, cuando los precios de los alimentos se dispararon a nivel mundial, impactando hasta en Estados Unidos y Europa, en medio de la primera Crisis del Petróleo.

De hecho en 2021, estuvo a punto de romper el índice histórico de precios, sucedido en 2011, en medio de la declara última crisis alimentaria. Por otro lado, también fue el más cercano al mayor incremento de precios registrado de un año a otro, que casualmente corresponde a 1973.

El impacto principal, es que como he venido advirtiendo, es un falacia hablar de “hambre cero en el 2030” y será este escenario el utilizado para declarar el incumplimiento de una meta imposible de lograr mientras el sistema agroalimentario mundial hegemónico, dominante, del agronegocio, siga produciendo alimentos para vender y no para comer, para alimentar.

Los afectados de esta crisis alimentaria, seguirán siendo las mismas poblaciones de siempre, las regiones periféricas del sistema mundo hegemónico. Porque justamente lo que sucede ahora es una competencia para acaparar, apropiarse y controlar este suministro alimentario, en la cual no se vean afectados las principales potencias atlánticas, en cuanto a su consumo, crecimiento y desarrollo. Esto incluye los recursos naturales o bienes comunes necesarios para ello.

Porque los alimentos no son un asunto humanitario, son un asunto de guerra.

SPNA: En uno de tus más recientes artículos, partes de la pregunta “¿Es la crisis alimentaria un instrumento de presión occidental contra Rusia?” para explicar la tensión política por la cual diferentes organismos multilaterales construyen un relato occidental que busca responsabilizar a Rusia de la crisis alimentaria en ciernes, por impedir la exportación de alimentos desde los puertos de Ucrania ¿En qué se basa este relato? ¿Cuál es el verdadero entramado geopolítico detrás de estas acusaciones?

CSG: Cuándo afirmo que la crisis alimentaria actual es un instrumento de presión occidental contra Rusia, no es porque no se esté gestando una crisis alimentaria. Al contrario, esta crisis se viene desarrollando desde el 2021, como expliqué antes, y uno de los indicadores es el importante aumento de los precios de los alimentos en 2021, pero además, el aumento de la población con hambre y en crisis alimentaria  entre 2019 y 2021, aun con las correcciones que la propia FAO hiciera de sus estimaciones en 2019. El aumento volvió a alcanzar las estimaciones antes de esa corrección.

Por otra parte, después de iniciada la Operación Militar Especial de Rusia en Ucrania, se ha extendido que por esta escalada al conflicto bélico convencional, es que estamos a las puertas de una hambruna nunca vista.

La verdad es que no es cierto, y sencillamente se ha convertido en un relato occidental, un discurso común, siendo reproducido por los países de la esfera de influencia atlántica de acuerdo a los actores y sus intereses estratégicos, que ha permeado por supuesto a sus agencias estatales, ONG, tanques pensantes, organismos multilaterales y hasta la propia ONU.

Y un ejemplo de ello, es el comunicado conjunto que hiciera recientemente la FAO, junto al PMA, FMI, BM, y OMC, sobre la crisis mundial de seguridad alimentaria, donde se afirma que "la guerra en Ucrania interrumpió gravemente los mercados de alimentos, combustibles y fertilizantes". Y no sólo lo han hecho estos organismos, también el G20 y el Foro Económico Mundial. Cosa que no es cierta. Todo venía trastocado antes de ésta.

Claro, se exarcerba por la guerra lógicamente, pero es por los actores involucrados en esta, que son EEUU y Rusia, en todo caso, una lucha por la primacía mundial. Un nuevo Orden contra la unipolaridad.

Y en las cuales, las sanciones a Rusia, juegan a dislocar aún más la lucha por la multipolaridad. Esa es la verdad.

SPNA: Conforme se incrementan las tensiones respecto a la aparente imposición rusa de no permitir acceso a los cereales ucranianos, también se evidencia por otro lado, el interés de las grandes potencias en acceder a los cereales y no precisamente para cubrir la demanda alimentaria ¿Qué otros intereses político - económicos hay detrás de la demanda de acceso a los cereales?

CSG: Bueno, mientras tanto lo que ocurre es que se oculta que hay suficientes alimentos en el mundo para alimentar a la humanidad y que no son los 20 millones de granos retenidos en Ucrania los que salvarán al mundo de una hambruna, porque lo cierto es que ésta sólo produce 4 % del trigo del mundo y el 3% del maíz. Mientras tanto también, sabemos que solo el 15 % del maíz del mundo se destina para consumo humano, pues la mayoría del maíz se destina a forraje animal y a producción de biocombutibles, por ejemplo.

Y son la Unión Europea y los Estados Unidos de Norteamérica los principales consumidores de carne y biocombustibles en el mundo, sus mayores productores y exportadores.

Sencillamente hay un relato sostenido en este juego geopolítico que intenta culpar a Rusia de la crisis alimentaria que matará de hambre al mundo, convirtiéndolo en un tema de seguridad, en el que todos deben actuar. Un ejemplo, parecido a las armas de destrucción masiva que nunca existieron en Irán. Una forma de darle a la OTAN mayor libertad de acción.

Mientras se siguen reconfigurando los grandes poderes para mantener el control mundial.

SPNA: Según la profesora española Kattya Cascante, otro factor a tomar en cuenta es la cantidad de alimentos que se pierden o desperdician cada año, equivalente a más de la mitad de la cosecha  mundial de cereales. Advierte Cascante que se ha estimado inclusive, que los países industrializados y los países en desarrollo “dilapidan” más o menos la misma cantidad de alimentos. Según esto se puede concluir que la crisis no se debe tanto a la escasez de productos alimentarios, sino a la incapacidad del sistema para alimentar adecuadamente a todas las personas del mundo. Entonces ¿Quienes son los grandes perdedores y los grandes ganadores en este conflicto de intereses alimentario?

CSG: Se afirma que se produce 60 % más de alimentos de los que necesita la población mundial actual para alimentarse. Hablando de los alimentos que corresponden al 60 % de los que más se consumen (trigo, maíz, arroz y papa)  y que también, una buena parte se desperdicia. Y, según todos somos responsables.

Lo que poco se informa es que este desperdicio, por lo menos en Europa, corresponde entre el 25 y el 30 % en empaques vencidos. Una Barbaridad. Mientras se rasgan las vestiduras porque faltan granos ucranianos para impedir una hambruna.

Y por otro lado, lo que no se dice es que el sistema agroalimentario hegemónico basado en el agronegocio y las corporaciones, no está hecho para alimentar al mundo entero. Este es sólo un negocio, y pueden tener acceso a los alimentos aquellos que pueden pagar por ellos.

Un ejemplo, es el relato de disminuir el consumo de carne en el mundo, porque el gas metano es uno de los principales gases que incide en el calentamiento global, mientras se oculta que los mayores productores y consumidores históricos de la producción mundial está en UE y EEUU, y ahora China que ha comenzado a alimentar mejor su población, aumentando efectivamente su consumo.

¿Quiénes entonces deben dejar de consumir carne? ¿los europeos, los estadounidenses o lo chinos?

O es que, también le van a decir a las poblaciones africanas que desde hace años padecen crisis alimentarias, que tienen el 20 % de la población padeciendo sub-alimentación, oa las de América Latina y el Caribe que son el 40 % de la población de esta región en subalimentación y consumo por supuesto, menos carne, que deben dejar de hacerlo para salvar el mundo, porque también son responsables de la crisis climática.

Lo dejo de reflexión: ¿Es el sistema agroalimentario el principal foco del problema o es el sistema capitalista?

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