publicado el: 2 agosto 2022 - 21:50

Cuentos infames desde Colombia

AUTOR: ÁNGEL TORTOLERO LEAL. ILUSTRACIÓN: ETTEN CARVALLO
Cuentos infames desde Colombia

Segundo Paso para Nuestra América.- ​​​​​​​En este siglo, al parecer en América Latino Caribeña los cambios políticos, antagónicos  y profundos se van dando a través de la praxis de las democracias, que aunque signada por las estructurras del modelo liberal burgués, no es menos cierto que en alguna medida, han permitido que liderazgos del pensamiento progresista de izquierda, asuman el poder del Estado a través de elecciones con el voto popular. Sin embargo, para los nuevos dignatarios, ganar la presidencia es apenas el comienzo de una batalla feroz, que los derrotados adulantes del imperio y enajenados de sus patrias, asumen desde la mediática atacando con mentiras y medias verdades. 

Reflexionar sobre la moral, ética y códigos de la comunicación científica comprometidos con la formación de opinión, así como la información veraz y el diálogo propositivo, político y social al que están obligadas las ciencias sociales y de la comunicación, conlleva a pensar en un estadio ontológico de liberación y acción política con el cual se construya una realidad perceptiva social que, a su vez, desconstruya los prejuicios, las infamias y el fácil razonamiento, que desarrolle los valores intersubjetivos que les son propios al pensamiento y el debate propositivo, político y social.

En ese orden de ideas, una buena cantidad de foros, seminarios y encuentros, de profesionales que pertenecemos a las más diversas disciplinas del saber, estamos coincidiendo en cuanto al poder letal que tiene la comunicación en estos tiempos de redes sociales, medias verdades y muchas mentiras. 

Una situación que ubica a sus actores y afectados en la disyuntiva de asumir las agresiones mediáticas como estadio de normalidad, y con ello justificar las injustificables razones de una existencia “civilizada”, que extermina verdades y modela la opinión pública con la letalidad de un  arma brutal contra los pueblos, es decir, contra la humanidad. 

Ahora le toca el turno a Colombia. Allí, desde las cadenas de radio y televisión potenciadas por las redes sociales y los complejos comunicacionales del imperio, emprenden una campaña de ablandamiento contra el presidente Petro, a quien de entrada presentan como el exguerrillero de izquierda que viene a vengar a los pobres por el oprobio gubernamental al que fueron sometidos por décadas.

No conforme con ello, se desempolvan las narrativas de la bipolaridad y se sataniza a todas las naciones libres que no están subordinadas a los designios imperiales en la América Latino Caribeña: Cuba, Nicaragua y, con especial énfasis, Venezuela. 

En ese sentido, llaman al presidente Maduro, dictador y olvidan que gracias a esta “dictadura”, seis millones de colombianos y colombianas viven en Venezuela y en buena medida luchan por la construcción de un mundo mejor.

Ahora bien, recientemente, otorgué una entrevista a “Blu Radio”, una emisora colombiana de amplia cobertura en ese país y, a descargo de las intenciones del moderador, fui víctima de los exabruptos de un panel compuesto por gente presumiblemente inteligente, pero cargada de un odio tan visceral contra el debate, que les obstruyó la razón, al límite de la ofensa contra la patria de este humilde servidor.

Fue muy desagradable escuchar en boca de académicos y profesionales, epítetos ridículamente insertados en lo que debió ser un análisis, con el cual uno pudiera estar o no de acuerdo, pero en todo caso, serviría a los fines de entregar a los usuarios de la referida radio, elementos sustanciales con los cuales abrir canales de pensamiento y posicionamiento político social.

Lamentablemente, los que me antecedieron en la palabra, huyendo hacia adelante, cual pillos atrapados in fraganti, se refugiaron en una andanada de descalificaciones contra el gobierno legítimo y constitucional del presidente Nicolás Maduro, que para sus desgracias, le quitó razón a cualquier argumento que pudieran tener con respecto al retorno de las relaciones entre Colombia y Venezuela.

Sin embargo,  con la acción antes descrita, los precitados panelistas no solo mostraron su terror al próximo gobierno colombiano y la propuesta de reapertura de las fronteras con la República Bolivariana de Venezuela, sino su inocultable miedo a la libertad de los pueblos de ambos países, que hoy más que nunca retomarán las luchas por una independencia real, que sin más requisitos que la paz,  enrumbará a los hijos e hijas de Bolívar por las grandes alamedas de la libertad.

Confieso que con mucha tristeza escuché la andanada de insultos, epítetos y demás atropellos a la razón y la cordura, la de ellos. Y frente a tanta indolencia por “sí mismos”, no me quedó más camino que elevar mi voz de protesta y retirarme del tan inútil debate. 

Pobre derecha desquiciada, ultrajada y abandonada en el laberinto de sus incomprensiones; ello que de ordinario dicen ser los predestinados para gobernar de cara al “progreso” y en nombre de los “más elevados principios civilizatorios”, apenas si deambulan en los rincones de sus delirios con las narrativas del viejo macartismo del siglo XX. 

Tanto que dicen saber y aun no se han dado cuenta que en este siglo XXI está emergiendo la multipolaridad, la autodeterminación y la interculturalidad en el mundo, como base sustantiva de un nuevo nivel de relacionamiento entre las naciones. Un estadio que nos da la oportunidad de lograr coincidencias, practicar solidaridades y superar incomprensiones que, en todo caso, son inducidas desde los think tank de los derruidos imperios y sus complejos mediáticos interesados.

Ahora bien, el tema no es particular, ni de Blu Radio, ni de los infelices contertulios del precitado programa, más bien es una evidencia de lo letal que es para la razón la asunción de las “medias verdades”, “post verdades” y “plus mentiras” que pululan en los medios y redes de la derecha y sus negaciones e intereses particulares.

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