publicado el: 3 agosto 2022 - 02:19
Argentina Aprobó Trigo Transgénico Resistente a las Sequías

Segundopaso - El modelo de agronegocio se impuso en las últimas décadas en la producción agraria y particularmente en la de granos, en Argentina. Las diversas instituciones o personalidades difusoras de ese paradigma afirmaron la conveniencia económica de adoptarlo, como la disminución de los costos de producción y comercialización y, por ende, la mejora en la rentabilidad de los productores.

Esta línea de interpretación se ha fundamentado una serie de investigaciones, que permitan corroborar y cuantificar los beneficios económicos proclamados para los principales cultivos y en tiempos prolongados. Así como también sus efectos medioambientales y en la salud del consumidor.

De acuerdo a datos de la cartera agraria, en 2021 Argentina exportó 12,2 millones de toneladas de trigo a unos cuarenta y seis países, en tanto que durante la campaña 2021/22 hubo cosecha récord: 22,1 millones de toneladas. “El mejoramiento genético del trigo es llevado adelante en su mayor parte por empresas y cooperativas nacionales de larga trayectoria, por lo que resulta necesario promover su actividad en pos de un desarrollo productivo respetuoso del ambiente”, dice la resolución 113/2022, que crea el Plan Argentina 25MT para incrementar la producción a veinticinco millones de toneladas, con dieciséis millones de estas destinadas a la exportación.

El Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca encabezado por Julián Domínguez dio el visto bueno, tras la luz verde en Brasil, Colombia, Australia y Nueva Zelanda, que ya se adelantaron a esta decisión. La modificación genética del trigo no solo lo hace apto en contextos de estrés hídrico. También lo vuelve resistente al glufosinato de amonio, un herbicida quince veces más tóxico que el glifosato y prohibido en varios países. Para el Colectivo Trigo Limpio es “un nuevo recurso tecnocientífico para expandir un modelo de agricultura extractivista”. Científicos y referentes ambientales exigen que el Gobierno derogue esta resolución.

A mediados de mayo, durante una visita a Catamarca, el Ministro de agricultura celebró el “desarrollo biotecnológico” y destacó que, “mientras otros países producen armas”, Argentina produce “alimentos de calidad para el mundo”. Para Trigo Limpio, este modelo agroexportador “profundiza la primarización de la economía, concentra la riqueza y privilegia los réditos a corto plazo de unos pocos por sobre el bienestar de la población”.

Mientras tanto, para muchos otros sectores, esta es una medida antipopular, que demuestra que en la balanza extractivista los dólares siempre pesan más que la salud ambiental y humana, los derechos de las comunidades y la soberanía alimentaria. No hay evaluación sobre la salud del suelo o la importancia de preservar bosques nativos que detenga la voracidad del agronegocio. Desmontes sistemáticos e ilegales, pueblos y alimentos fumigados, monocultivos y sequías vienen con el “paquete” agroindustrial imperante desde hace décadas.

Desde 1996 cuando se autorizó la primera variedad de trigo transgénico a nivel mundial hasta octubre de 2020, otros sesenta y dos “eventos transgénicos” fueron avalados, informan desde Trigo Limpio. Cincuenta son tolerantes a agrotóxicos, y la mayoría fueron solicitados “por nueve corporaciones transnacionales, lideradas por Monsanto-Bayer”, misma que es responsable por veinticinco, mientras hay variedades transgénicas de maíz, soja y algodón tolerantes al glifosato y el glufosinato de amonio. Monsanto ha sido demandada en varias ocasiones por delitos ecológicos, además estudios de la Agencia Internacional contra el Cáncer, han reconocido que el glifosato puede causar también problemas dermatológicos, abortos, daño a nivel celular o enfermedades neurodegenerativas.

Aunque la novedad sea el trigo HB4, los científicos apuntan que la reciente aprobación de China a la soja transgénica de la empresa Bioceres, con tolerancia al glufosinato de amonio y el glifosato, no solo regará el campo de agrotóxicos. También provocará “deforestación de los ecosistemas secos tropicales y subtropicales” para extender ese monocultivo. El contexto no ayuda: emergencia climática y pérdida de biodiversidad “están acercando peligrosamente a la biósfera hacia los límites de posibilidad de la vida misma”.

Bioceres, nació en 2001 en Rosario, presentó este desarrollo científico como una “cruzada soberana”, pero la bióloga Massarini desmiente ese marketing: “Se presenta como una empresa nacional, pero en realidad cotiza en bolsa [de Nueva York] y ha patentado este mismo trigo en otros países, de manera que es una empresa multinacional”. Junto a otras que comercializan variedades de trigo en América Latina.

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Esta empresa es considerada una de tantos otros “pulpos de la biotecnología”, donde el negocio es redondo: usan los laboratorios públicos para crear variedades genéticamente modificadas y, a la vez, producen y venden los herbicidas que les aplican. De esta manera, imponen el paquete tecnológico y multiplican sus ganancias al generar dependencia en los productores.

El glufosinato de amonio también ganó mala reputación en la Unión Europea, que lo prohíbe desde 2009. Trigo Limpio menciona que en 2020 Tianyu Dong “demostró que la exposición a este herbicida durante el período prenatal genera una actividad locomotora reducida, produciendo un deterioro en los mecanismos de la memoria y comportamientos análogos al autismo en modelos experimentales de mamíferos”. También mencionan una investigación publicada en 2018 en la Revista Internacional de Contaminación Ambiental de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde se afirma que el glufosinato de amonio altera calidad y ADN de los espermatozoides de mamíferos.

En Brasil ocurrió otro tanto: tras semanas de deliberaciones, “finalmente se impuso el lobby de la empresa Bioceres”, Trigo Limpio colaboró activamente con colegas brasileños, presentando en las comisiones evaluadoras informes y argumentos por los cuales el país vecino, principal mercado del trigo argentino, no debía autorizar el “evento HB4”.

Por otra parte, la ausencia de una ley de etiquetado claro de alimentos en Argentina empeora el estado de indefensión de los consumidores de panes, pizzas, galletas y demás productos que se elaboren con ese trigo rociado con el herbicida. Sin embargo, una ley de estas características tampoco asegura que el trigo convencional no se contamine a través de la polinización, el transporte de semillas y el acopio de granos.

Frente a esta problemática, es necesario un “tratamiento interdisciplinar”, la participación popular y el diálogo entre saberes científicos, ancestrales y comunitarios son fundamentales. Por sí misma, la ciencia no puede ser la única en dar respuestas a los problemas socioambientales del presente, en especial porque muchos de sus desarrollos contribuyen a la crisis ambiental.

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