publicado el: 27 octubre 2022 - 01:00

Brasil se prepara para despedir a Bolsonaro

AUTORA: JESSICA PERNÍA. ILUSTRACIÓN: ETTEN CARVALLO
Brasil se prepara para despedir a Bolsonaro

Segundo Paso para Nuestra América.- Jair Bolsonaro no goza de un liderazgo real en Brasil. No goza de una conexión real de los electores con un líder resaltante en principios valores y propuestas, preparado, inteligente, con un programa político legitimado por las bases populares, o la ciudadanía, más bien se trata de un político outsider, que basó su accionar, hasta ahora, en estratagemas y triquiñuelas más o menos funcionales, y que sin embargo, está experimentando un proceso de declive, evidenciado en la reciente primera vuelta electoral presidencial.

Queda claro para todo el continente y el mundo la evidentemente polarizada situación electoral en la República Federativa de Brasil, luego de la primera vuelta y a unos pocos días de la segunda vuelta electoral.

Los resultados de la primera vuelta ofrecen un abrebocas de lo que podría ser la victoria de uno de los líderes más emblemáticos de la primera ola progresista en América Latina, durante el decenio político del 2000, Luiz Inácio Lula da Silva. Pero lograrla no es tan sencillo.

Con la mayoría de porcentaje de los sufragios contabilizados, Lula alcanzó el 48,33% de los votos, sobre el 43,28% que consolidó el presidente en ejercicio, el ex capitán del ejército, Jair Messias Bolsonaro, y aunque éste quedó derrotado en la primera vuelta, la verdad es que el margen es bastante cerrado, y deja abierta la posibilidad de recuperarse.

Después de diferentes mediciones estadísticas desde el inicio de la pre campaña y la propia campaña electoral, ya se conocían suficiente los índices de impopularidad de Bolsonaro, las razones se develan en la propia política interior brasileña: conservadurismo religioso, corrupción, mala gestión administrativa, pésima gestión de la crisis de salud provocada por la pandemia covid-19, legitimación del uso de armas, promoción del racismo, aporofobia y machismo, legitimación de políticas de vulneración ambiental, escándalos públicos, entre otros.

Sin embargo, y muy a pesar de las mediciones, el nivel de votación alcanzado por Bolsonaro sorprendió a la opinión pública internacional y nacional. Se trata aquí de entender que el número alcanzado corresponde a una fidelidad política establecida a partir de la vinculación estrictamente ideológica de esa fracción del electorado, y no necesariamente de un reconocimiento de su liderazgo.

Bolsonaro, ha sido público y notorio, no goza de un liderazgo sólido, caso contrario, ha permanecido en el poder a punta de estratagemas como la protección de las fuerzas militares - más por su interés mismo como una fuerza que como seguidoras de un líder-. Se sabe que el comando de campaña de Bolsonaro desde el período electoral anterior, a falta de un partido político suficientemente sólido, apeló a negociar el apoyo y participación de la fuerza militar, del mismo que ha sido de gran interés para la fuerza militar tener representación en el poder por vía electoral, en una especie de “blanqueamiento” de su participación como actor político, legitimado por un gobierno en apariencia democrático, en un país que posee la segunda fuerza militar más grande del continente, solo superada por Estados Unidos “334.500 militares en activo, una media de 18 militares por cada 10 mil brasileños”, según datos aportados por el portal TheTricontinental.

El patrón de intervención militar se repite -en la historia brasileña-: en 1945 evitando la continuidad de Vargas, en 1954 forzando el suicidio de Getulio, poniendo las condiciones para la reorganización de 1955, presionando para la salida de Janio Quadros y condicionado la asunción de Goulart en 1961 a un cambio de sistema presidencialista a parlamentarista y perpetrando tres años después un golpe de Estado en 1964. Las Fuerzas Armadas se presentan como moderadores en las relaciones de poder, con péndulos de mayor y menor protagonismo. (Taglioni, 2020)

Otro artilugio del gobierno de Bolsonaro ha sido la aplicación de estrategias tecnológicas a partir de campañas de comunicación políticas que se han llevado una gran cantidad del presupuesto. Desde la campaña presidencial del 2018 ya se evidencia el nivel de influjo de opinión financiado en todas las redes sociales, a través de propaganda digital a partir de robots y uso de algoritmos que derivarían en el triunfo presidencial, sobre todo usando la contrapropaganda a partir de fake news, manipulación de información y proselitismo.

Entre la primera y la segunda vuelta de las presidenciales de entonces, los robots en favor de Bolsonaro movieron el 70,7% de las interacciones en twitter en aquel período, según algunos informes públicos. Estos mismos informes demostraron que antes de la segunda vuelta presidencial del 2018, hubo más de ochocientas mil publicaciones de robots, de las cuales seiscientos mil aproximadamente, agitaban la base de apoyo de Bolsonaro.

Todo esto basado en el patrón de “americanización” de las campañas electorales, estudiadas por diversos investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Rio de Janeiro, cuyas conclusiones derivaron del estudio de las elecciones presidenciales en Estados Unidos durante 2016 y el cambio de paradigma en el uso de las tecnologías digitales de comunicación a partir de la campaña de Donald Trump, replicado más adelante por el comando de campaña de Jair Bolsonaro en 2018, que modelan las democracias electorales en una posmodernización e hipermediatización, a partir de las tecnologías digitales haciendo uso político y estratégico de datos.

Por otra parte, el equipo de gobierno de Bolsonaro, ha sido más que hábil en la negociación de apoyo de las fuerzas religiosas, fundamentalmente las evangélicas y pentecostales. Y es bien sabido que el voto del sector religioso y conservador fue determinante en su triunfo electoral previo, así como ha sido determinante para la aplicación de su programa político. Esta ha sido razón fundamental para que él premiara a la dirigencia pastoral promoviéndoles en el congreso, donde alcanzan ciento doce de los quinientos trece escaños, entregándole ministerios, y ofreciéndoles puestos determinantes en la corte suprema.

La transición protestante en Brasil tiene ya a casi un tercio de la población bajo su credo, con pronóstico hacia finales de la década para consolidarse como la religión mayoritaria en el país (...) Lo mencionado tiene raíz en el hecho de que, con los años de ruedo en la arena sociopolítica, han aprendido a permear el mundo de los partidos políticos y, con ello, adecuar su comunicación, al tiempo que no vacilan en alinearse con alguna figura que pueda pertenecer a la izquierda o a la derecha del espectro ideológico. En ese sentido, Carbonelli (2019) destaca que la presencia religiosa ya no se da tanto a título individual, sino que, a partir de los noventa, incursionan en la “producción” de propios líderes políticos. (D’agrosa Okita, Adrián Diforti, 2022)

Jair Bolsonaro, Brasil

Quedan claras las estrategias y artilugios de la política bolsonarista, sin embargo, cabe preguntarse si tendrá alguna posibilidad de superar en la segunda vuelta a su contendor, un robustecido y ya ganador, Lula Da Silva.

Aquí la hipótesis principal vuelve a ser develada: Jair Bolsonaro no goza de un liderazgo real en Brasil. No goza de una conexión real de los electores con un líder resaltante en principios valores y propuestas, preparado, inteligente, con un programa político legitimado por las bases populares, o la ciudadanía, más bien se trata de un político outsider, que ha basado su accionar, hasta ahora, en estratagemas y triquiñuelas más o menos funcionales, y que sin embargo, está experimentando un proceso de declive, evidenciado en la reciente primera vuelta electoral presidencial.

Nada más en el campo de lo militar, en los últimos meses las fuerzas armadas se han ido distanciado de las políticas de Bolsonaro, tras el tremendo descrédito que éste ha legado a la institucionalidad militar. Desde el año 2019 ya se asomaban los malestares de sus propios aliados militares con puestos de gobierno, que debilitaron la confianza del resto de los componentes. El ex general Carlos Alberto dos Santos Cruz, el general en retiro Paulo Chagas, el almirante en retiro Antonio Barra Torres, el general en retiro Otavio Rego Barros, son parte de las muchas voces críticas y disidentes contra las aberraciones del gobierno de Bolsonaro. El distanciamiento de sectores de las fuerzas armadas también se evidenció luego de las declaraciones del todavía presidente en funciones, sobre forzar una respuesta militar si no resultaba victorioso en las elecciones, resultando en las recientes declaraciones del comandante de la Fuerza Aérea Brasileña, Carlos de Almeida, quien enfatizó que los militares no tenían partido y saludarían a quien se convirtiera en su comandante en jefe en las próximas elecciones presidenciales.

En cuanto al tema del uso de plataformas y estrategias basadas en tecnologías, no es la misma realidad la del año 2016, ni el 2018. El componente ético, estético y hasta instrumental del uso y entendimiento de las tecnologías es bastante más conocido por las ciudadanías, a pesar de las brechas educativas y tecnológicas. El uso ampliado de las diferentes redes, los excesos y hasta las técnicas de información o desinformación han pasado al plano del común, de manera que podríamos sopesar la posibilidad de que los niveles de influencia no sean tan impactantes como años anteriores. Y además el equipo de Lula Da Silva, a estas alturas, también estará lo suficientemente preparado para dar respuesta o tener la iniciativa en este sentido.

También pierde fuerza Bolsonaro en su electorado evangélico, la indignación se evidenció apenas superada la primera vuelta electoral de este 2022, cuando una serie de videos salieron a la luz pública, mostrando a un Bolsonaro partícipe de actos de masonería, que seguidores católicos y evangélicos suelen rechazar. Sectores de evangélicos moderados también rechazan haber sido usados por Bolsonaro como “un chip político” y no ser un verdadero cristiano, cuestión que se ha ido hecho visible en la medida que las elecciones de la segunda vuelta se acercan.

Lula Da Silva también aquí ha hecho lo propio para rescatar el voto religioso, que en sus victorias pasadas fue leal, es así que ha centrado su campaña en mostrar su perfil creyente, respetuoso de las diferentes creencias. Lula Da Silva incluso escribió una carta de compromiso con la comunidad evangélica:

Es importante diferenciar aquí a los pastores millonarios al mando de estas iglesias de los trabajadores evangélicos, “del bajo clero”, que no pertenecen a las milicias fanáticas de extrema derecha y tampoco participan de las ganancias y privilegios de las cúpulas de estas iglesias. (...) No se puede descartar que como resultado de la dramática situación económica, una fracción considerable de evangélicos rompa con Bolsonaro, a pesar de las instrucciones de los pastores. (La izquierda diario, 2022)

Todo está por verse, sin embargo toda América Latina, el Caribe, el mundo espera con ansias el resultado de una contienda que más allá de lo estrictamente electoral, tendrá profundo significado e importancia para la democracia y el progresismo, el significado poderoso de vencer el conservadurismo, el fascismo, el ultraderechismo, el racismo, el machismo, y consolidar un nueva nueva, reformulada fuerza política que orientará sin duda, una nueva oportunidad para los pueblos en lucha.

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