El rol de la mujer en la familia y en la sociedad II

SP - Si bien hay necesidades que pueden ser satisfechas con la participación del resto de los miembros de la familia, hay un rol asignado para suplir algunas necesidades básicas de la familia que únicamente es responsabilidad de la mujer, y nadie más que ella puede desempeñarlo satisfactoriamente.

El rol de esposa y madre que tiene la mujer en la familia, es un rol existencial irreemplazable de las mujeres en la lógica divina, que garantiza la seguridad y salud psíquica del ser humano. Según expresiones repetidas del noble Profeta del Islam (s.a.w.), el rol de esposa fue presentado como un ÿihâd o “lucha sagrada” que por sí solo equipara a todas las actividades económicas, sociales, militares y políticas que pudiera realizar un hombre. Y dijo en cuanto al rol de madre: “El Paraíso se encuentra a los pies de las madres”. Además, en las narraciones islámicas se transmitió que una persona le preguntó al Profeta del Islam (s.a.w.) con quién debía ser bondadoso, y el Profeta le respondió: “Con tu madre”. Nuevamente le preguntó: “¿Y luego con quién?”.

Dijo: “Con tu madre”. Por tercera vez esta persona preguntó: “¿Y luego con quién?”. Y otra vez le dijo: “Con tu madre”, y cuando preguntó por cuarta vez, recién entonces el Profeta le respondió: “Con tu padre”. Y ésta es la posición elevada que tienen las mujeres y las madres en el Islam. Es más, se puede afirmar que en realidad, el Islam no ha beneficiado tanto a la posición del hombre en la medida que ha elevado la posición de la mujer.

Debido a estos roles especiales que la mujer tiene en el sistema de la creación, está equipada con capitales internos valiosísimos, y la sociedad humana necesita de esos valores para desarrollarse. Uno de esos capitales internos es “la capacidad de brindar afecto”, que a lo largo de la historia y en todas las sociedades tuvo muestras magníficas. Aún cuando esta propensión interna que es el amor, se encuentra, más o menos, en cada persona, sin embargo, a la mujer le tocó una mayor parte de esta dádiva divina. Por un lado, esta inclinación y propensión sagrada prepara a las mujeres para todo tipo de sacrificios en su vida junto a su esposo, y cual lámpara encendida ilumina el círculo familiar; y por otro lado, acarrea la responsabilidad de la pesada carga de educar a una generación.

En otras palabras: una sociedad sana necesita de familias sanas; la felicidad y salud de toda sociedad se cimenta en las familias, y la lámpara luminosa del círculo familiar es la mujer. Es ella la que, por medio de llenar su hogar de cariño, serenidad, pureza, sinceridad, y confianza, puede iluminar el espacio intelectual, cultural, religioso y los diálogos políticos y sociales, y a través de sus hijos y esposo, enseñar en forma práctica a las generaciones futuras la lección del amor, de la sinceridad, de la renuncia, del fortalecimiento de los sentimientos humanos y del espíritu, el amor al prójimo, el servicio a la sociedad y el cumplimento de las responsabilidades individuales, familiares y sociales.

Por lo tanto, como fuente original de los afectos, la mujer en la familia juega un rol muy importante, tanto en el fortalecimiento de la familia como en su desarrollo afectivo y moral, y por medio de desempeñar este importante rol, puede llenar su hogar de cariño y amor, y al mismo tiempo traer sosiego al hombre y salud mental a los niños. Satisfaciendo a tiempo y de manera correcta las necesidades afectivas, puede impedir muchas de las anomalías de conducta.

La falta de amor maternal produce desórdenes síquicos como depresión, complejos, inseguridad, miedo y frustración, lo que conduce a la persona a la drogadicción, al alcoholismo, al juego pernicioso, etc., y esto es el origen de la mayoría de las corrupciones sociales que se producen en el ser humano. La raíz de la mayoría de los crímenes, robos, violaciones, suicidios, etc., son el resultado de no haber recibido un adecuado amor maternal.

Por lo tanto, la mujer desempeña una función trascendental en disponer un espacio afectivo feliz y placentero por medio de hacer uso de sus capacidades naturales, para suplir la necesidad esencial del ser humano, por un lado, y por otro, para suscitar en los miembros de su familia estados afectivos necesarios para atravesar las dificultades e impedimentos. Una sociedad que carezca de tal espacio afectivo y cálido, es una sociedad callada y un ambiente muerto que a pesar del posible progreso en algunas áreas materiales, carece del esplendor humano deseado, y como resultado, será incapaz de suscitar un desarrollo equilibrado en todos los aspectos.

Por supuesto, además de lo que hemos señalado, la mujer también tiene otros roles vitales dentro de la familia que le son exclusivos e inalienables, como tener hijos, atender al esposo, la crianza y educación tanto física como espiritual de los niños, la administración interna y económica de la familia, la salud tanto espiritual como física de la familia, etc. Todos estos quehaceres de la mujer pueden ser considerados inherentes a ella, y muchos de ellos surgen de la mujer en forma instintiva; incluso da señales de tender hacia ellos desde su niñez.

Vamos a explicar algunas de estas funciones:

1. Disponer un espacio adecuado para educar a una generación activa y capacitada: Una buena persona es el eje del desarrollo de una sociedad. Tal persona necesita de un proceso educativo y continuo que saque a la luz sus capacidades constructivas intrínsecas. Esto no sucede por sí solo, sino que necesita de un espacio educativo adecuado. Indudablemente, la mujer influye significativamente en la educación de los individuos, y como lo dice una afirmación popular: “Detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer”.

En el Islam la educación del ser humano goza de una excepcional importancia, y es aquí donde la familia encuentra su lugar como cuna de la educación del pensamiento, la moral y la elevación del espíritu humano. La familia es el origen de la manifestación de los sentimientos humanos y el pilar principal de la sociedad. Sin embargo, entre los roles de los diferentes miembros de la familia, ya sea la madre, el padre, los abuelos o los tíos, es la madre la que cumple con la parte trascendental en la educación del niño.

Su regazo es la más grande escuela donde se educa el niño, al punto que nadie más, ni siquiera el padre, alcanza su posición, e incluso el resto de los trabajadores educativos como el maestro, el profesor, etc., al momento de compararlos con el rol de la madre, tienen un aspecto secundario, puesto que lo que el niño ve y escucha de su madre es diferente a lo que escucha del maestro. El fundador de la República Islámica de Irán, el Imam Jomeini (r.a.), dijo:

 “… Vuestras casas deben ser casas para educar a los niños… la educación religiosa, el refinamiento de la moral. Prestar atención a sus destinos es responsabilidad de los padres y de las madres. Las madres tienen más responsabilidad, y las madres son más distinguidas. La distinción de las madres es mayor que la de los padres. Asimismo, el efecto que produce la madre en el ánimo de los niños es mayor que el efecto que produce el padre…”[1]

Y también:

“… Es en el regazo de la madre que el niño crece; ella tiene la mayor responsabilidad y tiene el trabajo más noble. El trabajo de criar a los niños, el trabajo más noble en el mundo, es criar a un niño y entregar un hombre a la sociedad. Es para eso mismo que Dios Altísimo envió a los profetas a lo largo de la historia. A lo largo de la historia, desde Adán hasta el Sello de los Profetas (Muhammad –s.a.w.), los profetas vinieron para hacer hombres…”[2]

Según estas palabras, el regazo de la madre es el primer centro de educación del niño, puesto que la intensa influencia que el niño recibe de su madre, y lo que la madre le inspira al niño, es mayor que lo que asimila de los demás. De esta manera, debido al efecto dominante que cada acto, movimiento, gestos y palabras de la madre tiene en los actos y palabras del niño, es menester que las madres se dediquen a su responsabilidad crucial, que es la misma tarea de los profetas, es decir, la educación correcta y espiritual de los hijos. Es este rol de la madre en la formación de la personalidad del hijo el que concreta el dicho: “Es del regazo de la mujer que el hombre asciende (a los cielos)”[3], o que en la sociedad y la historia surjan mujeres y hombres grandes e influyentes. Esto convierte a la mujer en la educadora de la sociedad: “La educadora de los seres humanos es la mujer. La felicidad y desdicha de las naciones depende de la mujer…”[4]

2. Administrar la economía de la familia: La mujer puede ejercer una gran influencia en la correcta administración de la economía de la familia, y por medio de una racional organización y programación puede ayudar al hombre en el manejo de los gastos de la casa, y mediante esto, ser un adecuado ejemplo para sus hijos.

3. Suscitar una tranquilidad psíquica: Considerando que la mujer es sensible; y en forma natural tiene sentimientos intensos y a la vez tiernos y delicados, un corazón bondadoso y pacífico, instintos de protección y de brindar amor, su rol en suscitar la salud mental de su familia es trascendental. Una mujer, por una sana propensión, le huye a los altercados, las guerras y la violencia. Es por ello que su sola presencia debería, de manera natural, equilibrar los sentimientos violentos y belicosos del hombre tanto en el hogar como fuera del mismo. Además, la mujer puede cambiar el ánimo decaído y desesperanzado en el que los problemas han sumido a su esposo, o al menos, ser el hombro donde éste se apoya ante sus tristezas y padecimientos; así como puede también producir un gran efecto en debilitar aún más el ánimo de su esposo, o al menos irritarlo y denigrarlo, y de esta manera preparar el terreno para el desequilibrio del sistema familiar.

A causa de esta particularidad que tienen, se espera de las mujeres sanas que produzcan un efecto tranquilizante en su entorno familiar y lleven sosiego, equilibrio mental y anímico a los miembros de su familia, y el ámbito de la vida se torne amoroso y apacible; e incluso trasladen toda esta gran carga de amor desde la casa a la calle y la sociedad. La mujer en el Corán ha sido presentada como el sosiego para el hombre:

» وَمِنْ ءَايَاتِهِ أَنْ خَلَقَ لَكُم مِنْ أَنفُسِكُمْ أَزْوَاجاً لِّتَسْكُنُوا إِلَيْهَا وَجَعَلَ بَيْنَكُم مَوَدَّةً وَرَحْمَةً إِنَّ فِي ذَلِكَ لاَيَاتٍ لِقَوْمٍ يَتَفَكَّرُونَ «

«Y entre Sus signos está el haberos creado parejas de vuestra misma especie, para que os sirvan de sosiego, y el haber dispuesto entre vosotros el afecto y el enternecimiento. Ciertamente, que en esto hay signos para gente que reflexiona.»[5]

En esta aleya, suscitar el afecto y el enternecimiento entre el hombre y la mujer se considera uno de los signos y bendiciones de Dios. Por su puesto, esto es recíproco, y el esposo también debe originar un tipo de sosiego en la mujer que conlleve a que la mujer pueda desempeñar plenamente su rol.

4. Crear un ambiente familiar sano: si la mujer tiene éxito en este asunto, puede construir las bases de una sociedad humana sana, poseedora de autoconfianza, esperanzada en el futuro y resoluta. De lo contrario, la sociedad será inestable desde el punto de vista afectivo; tambaleante desde el punto de vista espiritual, y se creará en ella el terreno para difundir la corrupción, la languidez, y la ociosidad, y poco a poco perderá sus características creativas. Una buena madre y esposa es un buen soporte para la vida familiar, y esto, a su vez -de acuerdo a los textos islámicos- garantiza la firmeza y continuidad de una sociedad óptima.

De esta manera, las mujeres como madres y esposas, son el eje de estabilidad de la familia y de sostenimiento de sus ideales. Es por ello que sus roles tuvieron siempre una proyección universal a través del tiempo.

En la tercera parte de este artículo abordaremos el rol de la mujer en el seno de la sociedad.

Por: Sumeia Younes


[1] Sahifei-e Nûr, del Imam Jomeini, t. 7, p. 504.

[2] Ibíd., p. 464.

[3] Ibíd., p. 341.

[4] Ibíd., p. 339.

[5] Sura ar-Rûm; 30:21.

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