Mulla Sadra el gran filósofo de la primacía y la modulación de la existencia

SP - En la historia del pensamiento son pocos los filósofos que ostentan el mérito de haber creado un sistema filosófico de gran profundidad, tanto en lo racional como en lo espiritual. Esta dualidad es de visibilidad escasa en el contexto filosófico desde la modernidad hasta la actualidad en Occidente, donde un grupo se ha atrincherado en las deterioradas comarcas académicas del materialismo (con sus diversos apellidos), la filosofía analítica, el nihilismo y el marxismo cultural, y el otro ha derivado fatalmente en los viciados círculos tradicionalistas y de New Age con sus gurús, derviches y pseudomísticos de turno.

En el Oriente aún se puede encontrar este binomio vital de racionalidad y espiritualidad, y con la figura de Mullâ Ṣadrâ a uno de los mejores representantes de esta corriente, además de a uno mayores genios del pensamiento filosófico universal.

El pensamiento de este gran filósofo persa, contemporáneo con filósofos occidentales como Francisco Suárez, René Descartes, Tomás Campanella y Jacob Böhme, representa un giro copernicano en la historia de la filosofía islámica.  

Ṣadr al-Dīn Muhammad Šīrāzī, también conocido como Ṣadr al-Muta’allihîn (el más importante entre los filósofos divinos) o simplemente como Mullâ Ṣadrâ, nació en Shiraz, Persia (hoy República Islámica de Irán), alrededor de 1571 en el seno de una familia local influyente. 

Siendo un niño especialmente dotado de inteligencia, recibió la mejor educación que el dinero podía comprar, primero en Shiraz, y luego en Isfahán, que en ese momento era la capital y el centro de la ilustración en el imperio persa. Sus dos principales maestros en Isfahán fueron, Bahâ’ al-Dîn Âmelî (falleció en 1621), igualmente conocido como Sheykh-e Bahâ’î, con quien estudió todas las ciencias islámicas tradicionales, y el Seyyed Muhammad Bâqir Astarâbâdhî, mejor conocido como Mîr Dâmâd (fallecido en 1631), con el que estudió las ciencias filosóficas

A través de este último, Shîrâzî llegó a comprender que no puede haber realización espiritual sin un fondo filosófico completo, mientras que una filosofía que no culmina en la realización espiritual también es una tarea vana. Esta actitud no fue ampliamente aceptada entre los eruditos islámicos tradicionales de sus días, razón por la cual se aisló del mundo por un período de tiempo.

Con este propósito, se fue a vivir a la aldea de Kahak, situada a unos treinta kilómetros al sureste de Qom y donde pasó entre siete y quince años en solitaria contemplación espiritual. Es allí donde alcanzó la etapa de iluminación o ishrâq, es decir, la directa contemplación del mundo inteligible. Es allí donde también comenzó la composición de su monumental obra el Kitâb al-hikma al-muta 'âliya fî l-asfâr al-'aqliyya al-arba'a (Los cuatro viajes espirituales), un compendio de filosofía en el que combinó la filosofía aristotélica en la tradición de Ibn Sînâ o Avicena (980-1037), la teosofía oriental de Suhrawardî (c.a. 1155-1191) y el misticismo de Ibn 'Arabî (1165-1240). Esto dio lugar a una nueva y original escuela de filosofía llamada al- Hikmat al-muta‘âliya (filosofía suprema o trascendental), que se distingue de al-Hikma al-mashshâ'iyya (filosofía peripatética), y al-Hikma al-ishrâqiyya (filosofía iluminista o teosofía oriental). Uno de los elementos que se destaca en esta corriente filosófica creada por Mullâ Ṣadrâ es hacer confluir armónicamente al pensamiento filosófico y la experiencia mística con la Revelación y el seguimiento a Ahlul Bayt, pues, a razón del filósofo, la ciencia del intelecto y la ciencia de la intuición no tienen ningún sentido sin la conducción de la Revelación coránica y de la Familia Purificada.    

En la época de la regencia de Allâhwirdî Khân sobre Shiraz (c.a. 1595-1612), éste tenía una gran madrasa (escuela tradicional) construida en esta ciudad, a la cual invitó a Sadr al-Dîn Shîrâzî para que viniera a enseñar. Shîrâzî aceptó la convocatoria, regresó a Shiraz y pasó el resto de su vida allí, dedicando su tiempo a la enseñanza y a la escritura. Murió en Basra en 1635 cuando regresaba de su séptima peregrinación a La Meca.

Entre sus principales obras filosóficas se encuentran al-Hikma al-muta 'âliya fî l-asfâr al-'aqliyya al-arba'a (Los cuatro viajes espirituales), al-Mabda' wa-l-ma'âd (Del comienzo y del fin), al-Shawahîd al-rubûbiyya (Testimonios de la Soberanía divina relativos a la senda de la realización espiritual), Kitâb al-hikma al-arshiyya (Libro de la Teosofía del Trono), Kitâb al-mashâ'ir (El libro de los conocimientos ontológicos), además de su glosa sobre la parte metafísica de la enciclopedia filosófica de Ibn Sînâ, el Kitâb al-shifâ’ (Libro de la Curación) y en el comentario de Qutb al-Dîn Shîrâzî sobre el Hikmat al-ishrâq (La teosofía oriental) de Suhrawardî.

La filosofía de Mullâ Ṣadrâ presenta una profundidad de contenido, a la vez de un sistema abarcador en los campos de la ontología, la epistemología, la filología, la teología, la escatología, la antropología, la cosmología, la ética y el autoconocimiento. Los conceptos filosóficos creados por Ṣadrâ, como âṣalat al-wuǧûd o primacía de la existencia, tashkîk al-wuǧûd o modulación (o gradación) de la existencia, întijâd ‘al- âqil wa-l-ma 'qûl o la unión del intelecto con lo inteligible y harakat ǧuharî o movimiento transustancial, abrieron el marco para teorías originales que armonizaron filosofía, mística y revelación profética.    

Otro elemento fundamental en la obra de Mullâ Ṣadrâ es su interpretación de algunos capítulos del Sagrado Corán. En la última década de su vida, dio inicio a una obra de tafsîr (exégesis), reuniendo todos sus comentarios organizados a partir del comienzo del Libro Sagrado. La obra no pudo ser concluida, contando apenas los siguientes capítulos con comentarios de las suras (en orden cronológico aproximado): al- Hadîd , âyat al-Kursî , as -Sajda , al-Zilzâl, al-Nûr , Yâ Sîn , al-Târiq, al- A‘lâ, al-Waqi‘ah, al- Fâtiha , al-Jumu´a  y al-Baqarah .

Ṣadr al-Dîn Shîrâzî es posiblemente uno de los pensadores más influyentes que Irán haya engendrado. Desde que regresó a Shiraz para enseñar hasta nuestros días, su filosofía ha sido de gran influencia para muchos pensadores persas. Para el período de Safavî se pueden mencionar a Fayyâz Lâhijî (f. 1662), Moshin Fayz Kâshânî (f. 1680) y su sobrino Nûroddîn Muhammad Ibn Shâh Mortazâ Kâshânî; en el período Qajar tenemos a Mullâ Hâdî Sabzawârî (f. 1873) o Mullâ Zonûzî Tabrîzî (f. 1889); en el período moderno encontramos eminentes pensadores como el Seyyed Muhammad Hossein Tabâtabâ'î (f. 1982) Ruhollah Musavi Jomeiní (f. 1989) y Seyyed Jalâloddîn Ashtiyânî (f. 2005), y en la actualidad se pueden nombrar a Ayatollah Hasan Zâdeh Âmulî,  Ayatollah Javâdî Âmulî, Ayatollah Seyyed Yazdânpanâh y Dr. Fayyazî, por tan solo citar.

Dr. Amílcar Aldama Cruz

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