Imam Jomeini y la filosofía islámica

ID - En un sentido general es muy conocida la figura de Imam Jomeini en occidente como líder político, revolucionario y jurisconsulto, pero aún poco conocida su faceta de místico y filósofo.

El gran filósofo islámico al-Fârâbî en su texto fundamental “La ciudad Ideal” (Al-Madinah al-fâdzilah) otorgaba el lugar rector de una sociedad a la figura de un imâm o líder, que tuviese entre las virtudes para su gobierno el ser dador de leyes, filósofo, restaurador y reformador (al-mûslih). Todas estas virtudes para un gobernante, vistas en la concesión farabiana, son atributos conocidos del Imam Jomeini.

Imam Jomeini fue un profundo lector de la obra de al-Fârâbî mencionada, al-Madinah al-fâdzilah, así como también fue un gran lector de “La República” de Platón, y dichas lecturas ayudaron a la formación de su idearum político[1]. Pero fue sobre todo la lectura, el estudio y enseñanza de la filosofía o sabiduría trascendental (al-Hikmat al-muta'âliyah) lo que le dotó de una fina herramienta intelectual y espiritual, que lo auxilió en toda su labor legislativa. En una entrevista al periodista egipcio Hassanein Heikal en 1979, año del triunfo de la Revolución Islámica, Jomeini mencionó que uno de los textos que más influyó en su pensamiento fue “Asfâr” o “Los cuatro viajes espirituales” del filósofo Mullâ Ṣadrâ [2], y en otra ocasión mencionó : “La Revolución Islámica tuvo la influencia de dos libros: el “Asfâr” de Mullâ Ṣadrâ y  “Jawahar al-Kalam fi Sharh Sharia al-Islam” de Mohammad Hassan Najafi”[3].

Aiatul·lah Mehdi Haeri, alumno y amigo del Imam, dijo que Jomeini daba mucho énfasis a las enseñanzas del “Asfâr” y que, aunque conocía bien la obra de los filósofos peripatéticos, no mostraba mucha motivación en el debate filosófico sobre esta corriente. Igualmente prestó mucho interés en la filosofía neoplatónica prevaleciente entre los filósofos musulmanes, realizando en sus clases citas a Plotino y al libro “Kitab Utuluyiya li-Aristu”, adjudicado erróneamente en la antigüedad a Aristóteles (siendo una traducción en árabe de un fragmento de las “Enéadas” de Plotino).

Imam Jomeini comenzó su vínculo con la filosofía de Mullâ Ṣadrâ bajo la guía del maestro Mirza ‘Ali Akbar Iazdî, un discípulo de Husein Sabzavari, quien a su vez había estudiado bajo Mul·lah Hâdî Sabzavarî (fallecido en 1872), el autor de Shar-e Manzûmeh, uno de los textos básicos de la corriente filosófica al-Hikmat al-muta'âliyah, donde se realiza una sistematización de los tópicos sadrianos trabajados en “Asfâr”. Otro guía en sus inicios fue Mirza Agâ Ÿavad Mâliki Tabrîzî (fallecido en 1924), quien había estado enseñando en Qom desde 1911. Tenía dos clases con él, Filosofía y Ética, una pública en la escuela Faizîeh y una privada en su propia casa, a la cual asistía un número de buenos y talentosos estudiantes incluyendo al Imam. Pero el maestro principal del Imam en filosofía y mística fue Aiatul·lah Muhammad ‘Alî Shahâbadî (fallecido en 1950), al quien el Imam se refería en sus propios escritos como “nuestro maestro en teosofía. Con dichos profesores adentraron en el universo de los conceptos filosóficos creados por Ṣadrâ, como âṣalat al-wuǧûd o primacía de la existencia, tashkîk al-wuǧûd o modulación de la existencia, întijâd ‘al- âqil wa-l-ma 'qûl o la unión del intelecto con lo inteligible y harakat ǧuharî o movimiento transustancial, que abrieron un universo en su pensamiento, tanto en filosofía, mística y revelación profética, como en política y legislación.   

El Imam Jomeini, ya como docente de filosofía, comenzó su carrera a los 27 años de edad, dando clases de hikmat en la escuela tradicional de Qom. Los textos que enseñó fueron la sección relativa al alma (nafs) en el “al-Hikma al-muta 'âliya fî l-asfâr al-'aqliyya al-arba'a” (Los cuatro viajes espirituales) de Sadrâ, y el “Sharh Mandzûmah”. Para Imam Jomeini el pensamiento de Mullâ Ṣadrâ poseía aristas que se extendían a todos los campos de la acción humana, pero sobre todo a la espiritualidad y la búsqueda de la divinidad, que sería la que conduciría toda acción social, política, jurídica y ética. Así lo deja ver el investigador Hamid Algar:

“Esta caracterización puede ser justificada con referencia a los primeros tres, de los cuatro viajes que adornan tanto el tema como el título de Al-Asfâr al-Arba’ah de Mullâ Ṣadrâ, una obra con la cual el Imam estaba íntimamente familiarizado. El primero es el viaje desde la creación hacia la realidad divina (min al-jalq ilal-haqq), un movimiento lejos de la inmersión en la multiplicidad de la creación, hacia la conciencia exclusiva de la única realidad que colinda con la Esencia Divina. El segundo viaje se da dentro de la Realidad divina por medio de la Realidad misma (fi al-haqq bi al-haqq); consiste en la percepción de las perfecciones divinas (kamalât) y de una serie de extinciones en los Nombres Divinos seguido por la subsistencia a través de ellos. El tercer viaje es el que lleva de regreso desde la Realidad Divina hacia la creación (min al-haqq ila al- jalq), sin embargo, no lleva al viajero espiritual de regreso a su punto de partida, porque es un viaje que se logra por medio de la Realidad Divina (bi al-haqq) y tiene como resultado la percepción de los misterios de los actos divinos (af’âl) a medida que se desenvuelve en el mundo de los fenómenos.”[4]

A partir de estos presupuestos filosóficos continúa diciendo el investigador:

“Si la impertinencia en especular sobre el progreso espiritual del Imam es perdonada, puede sugerirse que sus primera etapas en el énfasis sobre el ‘Irfan y los temas asociados correspondían a los viajes primero y segundo descritos por Mulla Sadra, y que su implicación en la esfera política y su liderazgo de la Revolución Islámica eran análogos al tercer viaje espiritual. Lo que es cierto es que la perspicacia singular del Imam exhibida en las coyunturas criticas durante la Revolución y sobre todo durante los primeros años de la Revolución Islámica, no pueden explicarse puramente en términos de sagacidad política; había una claridad de visión en acción que lo capacitó para ver más allá de la coyuntura inmediata, y puede ser permisible describir esta capacidad como testimonio del af’âl a medida que se hizo manifiesto en la esfera política. Si esta caracterización es justificable, se hace evidente que el Imam generalmente se abstuvo de la actividad política manifiesta hasta 1962, no solamente porque no estaba dispuesto a disputar la actitud pasiva de los sabios más prominentes de la época, sino también porque estaba en camino un proceso esencial de preparación interior. Fue el mismo progreso del Imam hacia “la Fuente de Magnificencia” que lo capacitó para liderar una revolución que era como un sulûk (peregrinaje espiritual) colectivo del pueblo iraní.”[5]

Un ejemplo de clausura en la labor de Imam Jomeini como filósofo, está en la carta que le envió en 1988 a Mijaíl Gorbachov, el por entonces líder de la Unión Soviética, llevada a Moscú a manos de otro filósofo y epígono del Imam, el Aiatul·lah Javâdî Âmulî. En la misiva, el Imam le propuso a Gorbachov enviar a eruditos soviéticos a Qom y estudiar entre otras cosas las obras de al-Fârâbî, Ibn Sinâ, Sohrawardî, Ibn Arabî y Mullâ Sadrâ, y lo insta a estudiarlos para que haga frente con este conocimiento a las nulas ideas filosóficas del materialismo dialéctico en tópicos filosóficos como los conceptos de materia, causalidad y conocimiento intuitivo:

“Si Su Excelencia manifestara interés por investigar estos temas puede consultar a los estudiosos en la materia y remitirlos a los escritos de al-Fârâbî y Abu Ali ibn Sinâ  (la Paz sea con ellos) concernientes a la filosofía peripatética (mashai) además de los libros de los filósofos occidentales ya que tales estudios probarán que el área cubierta por la ley de causa y efecto sobre la cual está basado todo el conocimiento es racional y no sensorial ni perceptivo y que la comprensión tanto de los términos universales como de las leyes generales sobre las que se basa cualquier argumentación es algo racional no sensorial. En este sentido podrán además consultar los nobles escritos de al- Sohrawardî (la Paz sea con él) sobre la filosofía iluminista (israqi). Este autor dilucida con clarividencia el hecho de que la materia y todo objeto material necesitan una Inspiración verdadera, totalmente libre de los sentidos; y la concepción Intuitiva de su esencia en el hombre está definitivamente lejos del sentido de la percepción. Su Excelencia puede también pedir a los expertos que consulten la celebérrima obra de Mullâ Sadrâ (con quien Dios se complazca y lleve junto a los profetas y los piadosos) sobre filosofía trascendental que le permitirá ver con claridad que la realidad del conocimiento es ciertamente una entidad separada de la materia, así como que cualquier pensamiento está separado de la materia.”[6]

Dr. Abdulwali Aldama


[1] Al-Fârâbî en el capítulo XXIX de “La ciudad ideal” habla de los Estados opuestos a la madînat al-fâdzilah los Estados liderados por tiranos:

•              El Estado ignorante (al-madînat al-yâhilat -  المدينة الجاهلة  )

•              El Estado corrompido (al-madînat al-fâsiqat - المدينة الفاسقة )

•              El Estado versátil o alterado (al-madînat al-mubaddalat -  المدينة المبدلة  )

•              El Estado extraviado (al-madînat al-dzâl-lat -  المدينة الضالة  )

Estas caracterizaciones sobre los estados opuestos a un estado justo fueron estudiadas profundamente por el Imam Jomeini y ayudaron a la fundamentación teórica y práctica de su teoría política.

[2] Emam Khomeini dar goft-u gu ba Hassanei Heikal (Entrevista a Imam Khomeini por Hassanein Heikal), https://www.jamaran.news/

[3] En “Tesoros de educación sobre la influencia de la lectura de Sadra en la  Wilayat”(- https://hawzah.net/fa/Article/View/95793/)

[4] Hamid Algar, La Fusión de lo Gnóstico y lo Político en la Personalidad y Vida del Imam Jomeini, Az-Zaqalain, n 15, Qom.

[5] Idem.

[6] Imam Jomeini, Carta a Mijaíl Gorbachov, Islamic Thought Foundation, Qom.

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