publicado el: 19 julio 2020 - 21:22
Acuerdo Nuclear: La Medrosa Europa

Segundopaso - ¿Qué genera el pavor de Francia, Gran Bretaña y Alemania, para cumplir aquello a lo cual se comprometieron, mediante la firma del denominado Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA por sus siglas en inglés)?

A cinco años de la firma del JCPOA, rubricado en Suiza el 14 de julio del año 2015,  este acuerdo, al cual asistieron como firmantes el llamado G5+1,  conformado por los cinco miembros del Consejo de Seguridad permanente de la ONU: Rusia, China, Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña, al que se unió Alemania como el país más poderoso de Europa, teniendo como contraparte a la República Islámica de Irán; ha resultado ser una madeja de presiones y chantajes  que demuestra, con absoluta claridad, el desprecio de Estados Unidos por aquello que firma ante los ojos del mundo, borrando con el codo lo signado con su mano y llegando incluso a presionar con las penas del infierno a sus propios aliados en ámbitos políticos, militares y económicos.

Esa conducta de desprecio de Estados Unidos a las leyes internacionales tuvo una más de sus expresiones prácticas, en mayo del año 2018, al retirarse del acuerdo nuclear, por orden expresa del presidente Donald Trump, echando por la borda lo que su predecesor, el ex presidente Barack Obama, había comprometido. Se reestableció así, unilateralmente, todas las sanciones que el JCPOA eliminaba. Decisión, que a su vez, mostró la incapacidad de Europa de impedir la resolución de Washington, que asestaba un duro golpe a la marcha del acuerdo. Una Europa vacilante, incapaz de mostrarse resuelta a la hora de definir una política exterior soberana, de definir que llevaría contra viento y marea, la disposición de dar pleno cumplimiento a lo pactado.

El trío de países europeos ha sido ejemplo de ineptitud y falta de voluntad política, que se expresa, no sólo por aceptar las amenazas de Washington de imponer sanciones si cumplen las obligaciones asumidas, sino también porque reflejan una autoridad limitada y una conducta medrosa. Incapaces de mostrarse con independencia ante su par estadounidense y plasmar aquello que se prometió honrar. Rusia y China, por su parte se han sumado en forma general en defensa del JCPOA, a la postura de la nación persa y apoyando los puntos de vista, que exigen cumplir lo que costó tantos años de esfuerzos políticos y diplomáticos, para llegar al Plan Integral de Acción Conjunta.

El comportamiento timorato de la Unión Europea, a través de los tres países de ese continente, que forman parte del JCPOA, resulta contradictorio con los mensajes que suelen transmitir. Tal es el caso del Twitter, emitido hace algunos días, por el alto representante de Política Exterior de la Unión Europea (UE), Josep Borrell. Este, en la conmemoración por el quinto aniversario del acuerdo reiteró la necesidad e importancia que se preserve lo firmado el año 2015 y que en su caso particular, seguirá en su labor de coordinador de la comisión conjunta del convenio nuclear. Junto a lo señalado por las redes sociales, Borrell afirmó que “en 15 informes consecutivos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), se afirmó que Irán había cumplido con todos sus compromisos nucleares hasta junio de 2019. Por tanto, no creo que ningún gobierno de Estados Unidos pueda aportar una alternativa pacífica para el pacto nuclear”.

Las palabras de Borrel se dan en momentos de vacilación de Europa y en especial de Gran Bretaña – uno de los aliados incondicionales de Estados Unidos - que reflota la idea expresada hace unos meses, de la posibilidad de llevar adelante “un nuevo acuerdo” bajo los planteamientos de Estados Unidos, que desea incorporar nuevas exigencias a las que contemplaba originalmente el Plan Integral de Acción Conjunta. Una idea que marcó un punto de enorme fricción entre Europa y la nación persa, pues el mismo día que Boris Johnson proponía sustituir el PIAC por el “Acuerdo Trump” los tres países europeos dieron a conocer que activarían el llamado mecanismos de resolución de disputas. Esto, en el marco del Plan integral de Acción Conjunta, que da la posibilidad de volver a colocar en carpeta la política de sanciones contra Irán, impuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU y que mediante el JCPOA se habían levantado.

La sorpresiva y criticable medida europea – en función de la excusa expresada, que Irán al activar lo señalado en los artículos N.º 26 y N.º 36 del pacto incumplía el acuerdo -   se explicitó tras las amenazas de Trump de imponer aranceles a importaciones de productos europeos sobre el 25% – principalmente automóviles – si no impulsaba ese mecanismo de presión contra Irán y no se daba un apoyo concreto a la política de máxima presión que Washington ejecuta contra Irán. Esto fue revelado por medios de prensa norteamericanos, en específico The Washington Post, citando fuentes europeas y que fue refrendado incluso por la Ministra de Defensa de Alemania, Annegret Kramp-Karrenbauer.

Los argumentos europeos respecto a Irán y el por qué activaban el mecanismo de resolución de disputas, es una muestra evidente y a esta altura ya crónica, de su debilidad a la hora de enfrentar a Estados Unidos. Ha sido la nación persa la que ha tenido una paciencia máxima, la que esperó un año desde la retirada de Estados Unidos del pacto, para que Europa cumpliera sus compromisos. Y, recién pasado ese tiempo, ante la evidente falta de fortaleza de las naciones europeas de no contrarrestar las medidas coercitivas de Washington, es que Teherán definió, al amparo de lo que le permite el propio JCPOA, recortar gradualmente sus obligaciones. Resulta de Perogrullo, el que no se puede esperar eternamente que se lleve a cabo el levantamiento de sanciones, sobre todo cuando has dado pruebas claras e incontrarrestables que eres un firmante confiable. La buena fe no puede ser demostrada más por la nación persa, que sean otros los que muestren honestidad y cumplimiento de sus obligaciones internacionales.

En concreto, ese recorte de obligaciones que Irán ha llevado a cabo ha consistido en: Primero, suspender la venta de uranio enriquecido y el excedente de agua pesada. En segundo lugar, paralizar el enriquecimiento de Uranio por encima de los niveles acordados en el acuerdo (sobre el 3,67%). En tercer lugar, se activó una cadena de 20 centrifugadoras IR6. El cuarto paso significó alimentar con gas las centrifugadoras de la planta nuclear de Fordo. La decisión número cinco, ha significado abandonar las limitaciones operacionales en su programa de energía nuclear, entre ellas, la capacidad de enriquecimiento, el porcentaje de enriquecimiento, la cantidad de material enriquecido, y la investigación y el desarrollo nucleares. Sin embargo, a pesar de estas decisiones, Irán ha dado plena seguridad a la AIEA, para que siga su trabajo de inspección y que dará marcha atrás a su recorte de obligaciones, sólo si se cumple lo pactado.

La parálisis europea, el sometimiento a los dictados de Trump y la falta de una política exterior independiente, obligan a Irán a buscar nuevos derroteros y definir, si así lo exige el panorama de un PIAC aplacado, , seguir buscando la manera de sortear la política ilegal de sanciones a la cual está sometido, fortalecer su capacidad defensiva y aunar esfuerzos internacionales, que permitan la formación de un bloque que se oponga a esta forma hegemónica de occidente de enfrentar sus relaciones y obligaciones internacionales. Las contradicciones que emanan de Europa son indudables pues, por una parte se reconoce que Irán cumple lo que el Acuerdo estableció, lo mismo que la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) a pesar de las enormes presiones a que es sometida por el gobierno de Washington. Líderes internacionales como el secretario general de la ONU, Antonio Guterres han afirmado, en múltiples ocasiones, que la República Islámica de Irán cumple lo convenido, lo pactado y tanto los gobiernos de China como Rusia refrendan esas opiniones.

Irán tiene que seguir luchando contra las sanciones estadounidenses y la imposibilidad que Europa cumpla con medidas como hacer más expedito el mecanismo de pagos – el llamado Instex - que permita ejecutar transferencias sin impedimentos, comprar el petróleo iraní, concretar la política de inversiones que se venían trabajando, ampliar el campo de intercambios económicos, no seguir presionando a otros países para conseguir que no comercien con Irán. Un panorama que ha significado, que en el marco de la lucha contra la pandemia del Covid 19 irán haya sido impedido de acceder a fármacos, kits de detección del virus, tecnología vinculada a máquinas de ventilación mecánica e incluso acceso a recursos financieros siendo parte constituyente del Fondo Monetario internacional.

Sanciones que no han cesado, sin atender incluso razones humanitarias a través del llamado Acuerdo Comercial Humanitario Suizo (SHTA, por sus siglas en inglés), un mecanismo que facilita el envío de productos que de humanitario no tiene nada porque Irán lo paga pero en el cual Estados Unidos tampoco cumplió. En este escenario, con una política de máxima presión por parte de Washington contra Irán resulta fundamental que Europa, que aún tiene algo de crédito con Irán lo aproveche, en función de cumplir sus compromisos y dejar de ser ese tigre de papel con que se muestra ante el mundo.

Pablo Jofré Leal

Exclusivo para segundopaso

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